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COLUMNISTAS

Alejandro Valdés García

DE MÚSICA LIGERA (y no tan ligera)

@alvagar1968
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Playlist corto de una vida (hasta ahora)

 

La música es un recordatorio de algo que hemos hecho, algo que hemos vivido, algo que hemos sido. Cada persona tiene la canción ideal (o escogida) para nuestro primer amor, nuestra primera borrachera, nuestra primera vez.


¿Te crees capaz  de hacer una “Playlist” de los 10 momentos musicales más importantes de tu vida? O para ponerlo en otras palabras… las 10 canciones que te han marcado y te han hecho el hombre o la mujer que eres.


Pues bien, en mi primer artículo puse una de ellas… aunque fue un álbum completo Pink Floyd The Wall. La otra en el segundo, Moon over Bourbon Street de Sting. Y aquí ya se torció la burra, porque puede ser para muchos que mi playlist no es tan homogéneo como debería de ser.


Claro que tengo rock. Recuerdo que cuando con una mujer hermosa que tuve la relación más larga, me llevó a soñar que bailábamos una canción maravillosa en el día de nuestra boda: Walking after you de Foo Fighters. A lo mejor a ella ni le pasa por la mente, pero cada vez que escucho esa canción siento ganas de bailar mi vals.


Otra de rock es Pure Morning de Placebo. Mi viaje a Europa con mi mejor amigo y que viví la experiencia de mi vida. Por cierto, regresé de ese viaje a mi país porque me iba a casar e iba a bailar Walking after you… cosa que no sucedió y que podría culpar por no quedarme en el viejo continente… podría.


La cuarta es en realidad más vieja, pero usada en una película que me marcó las ganas de vivir el cine hasta ahora y debo suponer que también es la favorita de muchos Imagine de John Lennon. Es el tema final de una película llamada los gritos del silencio (The killing fields) de 1984. Durante año y medio estudié arquitectura en Querétaro. Fue también una etapa genial en mi vida (muchas han sido geniales. La verdad, no me puedo quejar). Recuerdo que la vi en una plaza con mis amigos con los que vivía en el departamento. En 1984 ibas al cine con la esperanza de ver una buena película sin que tuvieras tanta información. El chiste era ir al cine. Recuerdo la escena final. Recuerdo que los créditos comenzaron con las primeras notas de Imagine. El silencio en la sala era total. Y recuerdo que ninguno de los 5 que íbamos lloramos, pero no porque no quisimos; no podíamos porque éramos jóvenes y… bueno, ustedes entienden.


Las siguientes de mi lista vienen de la trova: una de la mexicana y otra de la cubana y no es Ojalá de Silvio Rodríguez. La mexicana no es muy conocida y es de Fernando Delgadillo: La boda de Guillermo. Recuerdo que cuando Fernando fue al café Calle 20 y que nos quedamos ahí hasta las 6 de la mañana con amigos y él “troveando” le pedí que la cantara, que era la que más me gustaba de él. Simplemente me dijo que esa no porque le dolía mucho. Obvio no pregunté porqué, aunque yo la seguí cantando y disfrutando al máximo. La cubana es Pablo Milanés y se llama para vivir. Esa marcó dos etapas de mi vida. La de mi grupo de rock y la del café. La primera cantando en la “vinata” del diablo (una de las etapas más increíbles de mi vida) y la segunda cantando yo en el café sin que me pagaran (terrible costumbre trabajar sin que te paguen).


La octava es de mi etapa de prepa y de ayuda a los demás. Estuve en un grupo de acción social que en realidad ayudábamos como podíamos y con todo el corazón. En fin, las canciones religiosas a algunos les causan urticaria, pero esa canción en específico marcó mi vida. La cantábamos en muchos eventos importantes y era genial pelearnos en la misa con el padre para ver quién era primero, si el rezando o nosotros orando con una canción. Si no han escuchado el PADRE NUESTRO CANTADO se los recomiendo. Lo más importante es la marca, no la canción. (para su información si está en las apps de música).


La número 9 de la lista tiene que ser de una caricatura. Podría ser el tema de Mazinger Z, el tema de Remi o incluso el tema de animaniacs. Pero no. Uno de mis gustos culposos es esta canción y la serie. Aunque suene medio raro e inclusive un poco homosexual el tema final de Candy me marcó (respeto a los homosexuales, pero no comparto sus preferencias; sigo pensando que un hombre y una mujer son la mejor opción, para mí). Cada vez que pienso en mi niñez, estando con mi hermana jugando (porque mis dos hermanos eran más grandes) o con mi papá jugando squash o Raquet Ball, o con mi madre comprando en alguna tienda de autoservicio. Al final todo recae en mi ese momento cuando veía algún capítulo de Candy sin saber si se quedaba con Terry o con Anthony. Obvio que veía la serie porque “mi hermana la veía”.


Y si tengo que limitarme a 10 canciones, la última y no menos importante es “Simón el enterrador”. Esa que cantaba mi abuelo con su guitarra y que en “nuestro club de gorilas” era un himno. Se que mis hermanos grandes van a decir que mi hermana y yo éramos muy chicos para recordarlo, pero en realidad recuerdo como con “papá goris” disfrutábamos momentos increíbles. Tomando películas súper ocho para acabar con los monstruos temibles (Salamandras de mi abuelo y mi tío) y con nuestros rifles de municiones y sombreros que alguna vez lo llevaron a África (nunca fue), Nos presumía una cornada de rinoceronte en su pierna. Después nos enteramos que era de un accidente en el que casi pierde la vida, pero para nosotros era una cornada de rinoceronte. Y podría contar un mil historias de mi niñez. Con mis padres, mis abuelos y mis hermanos, mi tío (viendo el americano) y todas esas historias siempre llegan cuando escucho o recuerdo la canción “Simón el enterrador”.


Perdón si me alargué un poco, pero es muy difícil cerrar tu vida en 10 canciones… en 10 momentos. Les reto a que hagan su “Playlist”. Por lo menos revivirán ciertos recuerdos que están ahí, pero que a veces no los tocamos por la vorágine de vida que llevamos. Muchas gracias por leerme.

 

Bonus track: levantarse a las 8 de la mañana del domingo con la 5.ª sinfonía de Bethoven a todo volumen. Mi papá la ponía para que nos levantáramos, desayáramos y nos arregláramos para salir a una aventura increíble en familia, no tenía precio.

 

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