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COLUMNISTAS

Carlos Gregorio Díaz

TECNOLOGíA

@dosgallos
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En tiempos de Uber prefiero a mi taxista

Es innegable el avance comercial de la aplicación de Uber, en poco años ha logrado mover y trastocar intereses económicos en gran parte del mundo, sin poseer ni un solo vehículo, tanto Uber como Airbnb son grandes ejemplos de la economía naranja.

De los átomos a los bits es la nueva tendencia silenciosa aunque potente de los nuevos modelos de negocio que encuentran en el poder del algoritmo, una forma de satisfacer necesidades posmodernas.

La asimilación del uso de Uber en México es interesante, nuestro país es un gran mercado para este intermediario de servicio de transporte particular, a pesar y gracias al control sobre el transporte privado que tiene el estado sobre “las placas” es que Uber ha adquirido más notoriedad y aceptación entre los consumidores del servicio.

En México los grupos de poder que controlan quien puede explotar económicamente las licencias, concesiones y permisos han sufrido un revés gracias a la economía colaborativa, la aplicación permitió democratizar un servicio siempre controlado por el estado.
¿Es el conductor de Uber mejor que un taxista?

No, mi experiencia me dice que no, siempre será mejor el taxista; hace años por la naturaleza de mi primer trabajo comencé a utilizar diariamente el servicio de taxi por las noches, y aprendí mucho sobre el servicio, las condiciones laborales y personales a las que se enfrenta un taxista todos los días.

Esos viajes nocturnos me permitieron saber dónde cena y desayuna el taxista, dónde es más barato lavar el auto antes de entregarlo al compañero del siguiente turno, en qué lugar puede estacionarse uno y descansar un rato, las farmacias que están abiertas hasta tarde y que taquerías cierran entrada la madrugada.

Los turnos son infernales, la espalda les duele, la renta que reportan es excesiva, la competencia desleal está presente, su dinámica familiar se torna difícil por sus horarios, la seguridad física no está garantizada y la gasolina sigue subiendo.

El taxista es el pueblo, es nuestro hermano que sufre las injusticias laborales del sistema, explotado hasta el cansancio, hasta que la vista se vuelve borrosa y los brazos se vuelven pesados.

Los buenos compañeros del volante entienden que Uber no es el enemigo, es el patrón el que debe ser cuestionado, las malas prácticas para con los taxistas deben terminar, para eso está el gremio, para defender al compañero, no para simular a favor de patrón. “Las placas” tenían una función social, alimentar y proveer lo necesario para una familia, eso nunca será posible mientras algunas personas posean más allá de un juego de placas. El Estado no ha vigilado el interés público, solamente protegen el de unos cuantos.

Mi taxista siempre será mejor que un conductor de Uber, soy privilegiado por contar con su amistad y buena estima. ¿Por qué afirmo preferir sus servicios? Sencillo, el conoce su oficio. El taxista, el verdadero, conoce el pulso y las venas de la ciudad, ubica sus calles y avenidas, identifica posibles embotellamientos, se sabe las fiestas de los barrios y en unos segundos cambia la dirección de la ruta, eso no te lo da un GPS por mucha inteligencia colectiva que alimente a su sistema, vive la ciudad y la entiende como un organismo vivo.

Hace unos días tomé un Uber, claro, también lo tomo cuando por horario de mi taxista él no se encuentra trabajando. Hace meses que quería escribir esta colaboración pero no podía hacerlo hasta entender la dinámica natural de este disruptivo modelo de negocio. Sucede que al subirme al Uber indiqué a qué sitio me dirigía, un punto de la ciudad bastante fácil de identificar y ubicar. Mi conductor de ese momento me dijo, “No ubico, ¿me podrías decir por dónde? parce, no soy de aquí”. Mi conductor era colombiano y llevaba tres meses viviendo en la ciudad, aún no conocía del todo las calles a pesar de ser esta su actividad para ganarse la vida. Me alegró conocerlo ya que me platicó de la realidad de su país y dejó muy en claro que a pesar de todo, México es un paraíso comparado con su patria. Su esfuerzo es muy loable, pero me permitió entender que Uber no pide mucho sobre el conocimiento de una ciudad, ni experiencia en el volante.

¿Por qué Uber es mejor que las empresas de taxis?

La respuesta es también sencilla, no hay burocracia, trámites engorrosos, ni el sindicalismo dudoso. Cuando me subo a un Uber me subo a un vehículo con mejores condiciones de seguridad, con un conductor que normalmente se encuentra descansado, una vez en un taxi temí en dos ocasiones por mi vida en el mismo viaje, un taxista drogado que apenas frenaba, a eso los han orillado las empresas de taxis. Al subirte a un Uber tengo un localizador que permite decirle a los míos en dónde voy, hay garantías que las empresas de taxis no han comprendido del todo.

Hay empresas que han entendido la nueva dinámica a la que se están enfrentando y comienzan a ofrecer su servicio por medio de aplicaciones móviles y han abierto un nuevo servicio de taxis tipo ejecutivo, sin embargo no tienen la misma demanda de usuarios que Uber.

La existencia de Uber es necesaria para equilibrar el negocio, para que las placas dejen de ser un premio, y un activo político, para que las empresas de taxis mejoren y cambien sus vehículos. Lo más importante es que estas entiendan que su principal recurso no son los autos, son sus taxistas.

Un abrazo a todos aquellos que están detrás de un volante buscando un mejor futuro para ellos y su familia.


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