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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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Además de Historia y Cine...



Cine Permanencia Voluntaria en Celaya (I)


Debo decir que  esta columna tiene  un nombre  pretencioso al querer abarcar temas cinematográficos, históricos y derivados; amplios por su diversidad y discutibles por los puntos de vista de quien lo lee e interpreta, lo cual da para columnas y trabajos individuales.  Temas por demás de interés de quien esto rubrica  (la música es otro gusto culposo y nos estaremos  involucrando en ello de vez en vez) y por lo cual me pareció propicio ligarlas como primera participación en esta editorial, haciendo una breve analogía de las salas cinematográficas de Celaya, de las que fueron, las que son y de las que  queda nada de ellas. La permanencia voluntaria e involuntaria.

Es conveniente decir que los primeros cines en Celaya se encontraban en lo que ahora se conoce como centro histórico, término que data de apenas medio siglo con el fin de rescatar áreas que fueron los orígenes económicos, políticos y sociales de las urbes. Celaya es un claro ejemplo del modelo novohispano de ciudad, en el que a partir  de la construcción de edificios gubernamentales, iglesias, mercado, comercios  y jardín o plaza de esparcimiento, se trazaba el entorno de la localidad. La plaza principal, pública o de armas, la cual su nombre se debe a que se usaba para las prácticas militares, se convirtieron en lugares de sociabilización. Esto dio pauta para que surgieran espacios de recreación, y esparcimiento.  

Primero las carpas ambulantes, después el teatro y posteriormente el cine, fueron lugares en el que confluían gente de toda clase social, para después separarse de acuerdo a su  por estrato. No era lo mismo una carpa en las periferias de la ciudad, que un  teatro de revista y variedades en el centro de la ciudad. Lo mismo pasó con los cines, algunos cómodos y lujosos, que contrastaban con los llamados “piojito”, el lector joven se dará una idea del porqué de este término. Es decir, había entretenimiento para todo público, lo que variaba era la calidad dependiendo de los recursos económicos.

  Dicho lo anterior, es pertinente mencionar que no hay un catálogo o trabajo que especifique de las primeras proyecciones cinematográficas en Celaya, así que nos enfocaremos a casos documentados, vestigios  o  por experiencias personales.

 Sin duda  el más emblemático de la ciudad es el Cine Colonial, debido a su ubicación a un costado del edificio que alberga la presidencia municipal y hoy convertido en la tienda departamental Del Sol, suerte que corrieron varios de sus símiles en todo el país. Este edificio conserva su fachada íntegra. En el andador del portal Independencia, donde está ubicado, se observan  los espacios que se usaron para publicitar mediantes carteles las películas en proyección o por estrenarse. Permanece lo que fungió como taquilla y la decoración de azulejos en algunas paredes. Esta sala se caracterizaba por ser de las más elegantes de la ciudad, aunado a los avances tecnológicos de la época y estrenos de películas comerciales venidas de Hollywood, por lo que era común ver en su pantalla a Robert de Niro, Al Pacino entre otros. De su decadencia, lo abordaremos en otro espacio.

                  Si continuamos recorriendo  la tienda departamental, su salida o el otro acceso nos conecta con la calle Independencia,  espacio que ocupaba el Cine Encanto, o encanto de cine, como era nombrado despectivamente. En el lugar que ocupó anteriormente el teatro Cortázar, se exhibían películas de bajo presupuesto, un cine económico y que en sus últimos días proyectaba cine “para adultos”. Mismo destino corrió el  Cine Celaya, en la calle Madero y cerca de los cines mencionados.

                  Ahora estacionamiento, podemos observar varios elementos que nos remontan a lo que fue esta sala. Primero la fachada, deteriorada y acompañada de un letrero colgante donde se lee Cine Celaya y una marquesina, ambos alguna vez luminosos. En el pasillo para ingresar, observamos todavía azulejos y columnas con la decoración original. Demolido en su totalidad por dentro y solo como vestigio las paredes, podemos ver que en la parte posterior de una de ellas, los huecos que una vez fueron salidas del proyector de exhibición de películas de la italiana Cicciolina o de las innumerables Emanuelles.

                  Con datos encontrados, nos damos cuenta sin ser testigo, que existió un cine Olimpia, en el  lugar que ahora ocupa la tienda Woolworth. Varios de estos nombres eran retomados de algunos que había en otras entidades o en la ahora llamada Ciudad de México, algunos por ser de los mismos dueños o socios. Así, tenía Celaya su Colonial, Encanto (en la capital del país existía uno con este nombre y tuvo que ser demolido por el deterioro que sufrió en el temblor de 1957), Olimpia y el Dorado 70.

                  Este último, ubicado la calle de Manuel Doblado, espacio actual en desuso, contaba con estacionamiento a un costado, espacio que carecían otros cines  de la zona  y que fue entre otras situaciones, detonante para que los cines de la zona centro dejaran de tener afluencia. El 70 se refería, como en  muchos casos a lo largo del país, al año de la inauguración de la sala y  al formato con que se proyectaba, de 70 mm, lo que permitía una mejor resolución para ver los golpes de Rocky y escuchar nítidamente las balas de Rambo.

                  Todavía considerada parte de la zona centro, estaba el Cine las Américas, en la calle de Allende. Con un costo bajo, este recinto ofertaba películas de reestreno, lugar favorito para la proyección del llamado cine de ficheras o de acción mexicanas, con los hermanos Almada emulando a Charles Bronson o con un Valentín Trujillo impartiendo justicia a base de golpes.

                  El crecimiento económico y por consiguiente demográfico de Celaya a partir de los años ochenta, transformó el consumo y entretenimiento de la población. La construcción de los primeros centros comerciales con el formato de tienda ancla, locales de alimentos y  cines principalmente, todo en un solo lugar, como rezaban algunos slogans publicitarios, buscaban atraer al consumidor con el convencimiento de  la comodidad, facilidad de accesos, lo novedoso y moderno. Esto trajo consigo la apertura de nuevos formatos para disfrutar películas, de lo cual trataremos en la siguiente columna.

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidos.

 

21/03/2019 7:10:45

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