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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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ADEMÁS DE HISTORIA Y CINE.



De los héroes y sus frases célebres


En México de hace una década aproximadamente a la fecha se enfatiza, sobre todo en las instancias gubernamentales, que cada año se conmemore a algún personaje  trascendente en la historia del país. Esto va acompañado con un enfoque nacionalista-ceremonioso que pretende sea del orgullo de los connacionales, efemérides que la mayoría de las veces pasan desapercibidas.

            Esta situación no es exclusiva de nuestra nación. Alrededor del mundo, algunos más, algunos menos, los gobiernos buscan símbolos, actos o héroes que los y nos identifiquen. Así, hemos tenido el año de Octavio Paz, el de José María Morelos, por citar algunos. El actual 2019 corresponde a Emiliano Zapata, para recordar su muerte ocurrida un 10 de abril y los homenajes que lleva consigo por el centenario luctuoso.

            Lo inmediato que nos remonta al leer o escuchar de Zapata, son los vínculos con asociaciones campesinas, su imagen y nombre en las protestas y luchas infundadas o no contra el Estado y sus gobernantes, además de apropiarse estos últimos para que aparezca la figura zapatista en billetes y su nombre en escuelas y colonias, sobre todo las de bajos recursos, difícil que podamos ver alguna con nombre Residencial Plan de Iguala o Villas Tierra y Libertad.

            Precisamente, Tierra y Libertad es una frase que se le adjudica la autoría al nacido en San Miguel Anenecuilco, Morelos, y de la cual varios estudiosos mencionan que el lema no es propio de Zapata. Al parecer el origen viene de la Rusia zarista de finales del siglo XIX, donde se verificaron varias revueltas campesinas en la que se exigía eso: la devolución de propiedades y libertad para trabajarlas.

            En España también existía una revista anarquista titulada de la misma manera y en la misma época, por lo que al parecer Tierra y Libertad  fueron acuñadas en México por el escritor y político Ricardo Flores Magón y después difundidas por el Ejército Libertador del Sur, comandadas por Emiliano Zapata, a quien le apropian más frases, como “Mejor morir de pie, que vivir toda una vida arrodillado” o “Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres”, entre varias más.

Una persona muy entrañable para su servidor, me comentó que algo similar ocurre también con el pensador francés Francoise Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire, a quien se le atribuyen las palabras “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. La autoría de esta universal locución, es de la escritora inglesa Evelyn Beatrice Hall, biógrafa que la utilizaba para sintetizar varios de los pensamientos del filósofo galo.

¿Qué ocurría antes o quienes se encargaban de compilar las frases que se consideran celebres? Quizás los personajes que nos dejaron esas ilustres letras, eran acompañados  por alguien que se encargaba de escribir cada pensamiento que pronunciaba su líder, usualmente en el campo de batalla o bien, este escribano particular anotaba lo que  creía conveniente y así dejar a la posteridad el legado. A saber.

            No ponemos en duda que el Caudillo del Sur  y Voltaire hayan expresado esas y otras oraciones. Muchos personajes ilustres dejaron sus testimonios en diversos escritos, pero otros no. En estos tiempos de los medios electrónicos, es sencillo que las figuras públicas o del orden que a usted le plazca, dejen legados de lo que pronuncian y así podamos admirar o denostar al emisor. 

Esas oraciones inmortales son frecuentes en las películas llamadas épicas: grandes producciones basadas en una novela o hechos bélicos. Las muestras son bastantes y solo por citar, tenemos la cinta Braveheart (Mel Gibson, 1995) en la que el precisamente valiente William Wallace, héroe independentista de Escocia, le gritaba a sus multitudinarias tropas que combatirían al ejército inglés: “¡Puede que nos quiten la vida, pero nunca nuestra libertad”! o la que le dice a los adversarios derrotados “¡Vuelvan a Inglaterra y díganles a todos que los hijos y las hijas de Escocia ya no son suyos. Díganles que Escocia es libre!” Lo que nos lleva a pensar que en las tropas inglesas había alguien de excelente memoria para decir estas palabras en cuanto llegara a sus tierras, aun con el cansancio a cuestas.

En las producciones locales también tenemos situaciones parecidas, como la que ocurre en la película Cinco de mayo: La batalla (Rafael Lara, 2013), en la que se escenifica al General Ignacio Zaragoza a caballo arengando a sus tropas para combatir al ejército francés: “¡Nuestros enemigos son los mejores soldados del mundo, pero nosotros somos los mejores hijos de México”! Una vez que los vencen, el grito es victorioso: “¡Las armas nacionales se han cubierto de gloria. Las tropas francesas se portaron con valor en el combate y su jefe con torpeza”! Entendiendo el espectador que aparte de las cualidades bélicas de Zaragoza, también contaba con un grito prodigioso para que todo su numeroso ejército lo escuchara y vitoreara, como ocurre en todas las películas de estas características.

Muchas oraciones de los héroes propios y ajenos parecieran escritas por ilustres letrados, pero por ello no pretendo denostar ni quitar méritos a quienes pertenecen a un selecto grupo en el cual no todos tenemos acceso. Ocurre lo contrario, la admiración hacía ellos nos lleva a recordar personajes y hechos que traspasan líneas temporales, aunque la mayoría de las veces, las conmemoraciones pasan desapercibidas.  

 


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