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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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¡Pásele al baile pariente!

Sin duda  la música del género norteño en nuestro país, esa que viene de agrupaciones o solistas de Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Sonora y Sinaloa, con todas sus vertientes y diversos estilos, invita a mover los pies por su ritmo y en el mejor de los casos cantarla o bailarla.

No me diga, amable lector, que a pesar de nuestros varios gustos musicales, en algún momento hemos tarareado un estribillo y porque no, taconeado con las canciones de Eulalio López “Piporro”, Carlos y José, Los Tigres del Norte, Intocable o Pesado.  Mención aparte a quienes gusta; seremos muy de música clásica, electrónica, jazzera, blusera, roquera, popera y demás, pero sabemos identificar, aún sin saber sus intérpretes, los tamborazos de la Banda El Recodo, La Banda Machos y de la MS, agrupaciones que tienen en la actualidad una gran aceptación.

Norteña y de Banda, son estilos muy sonados en el sur de los Estados Unidos, algunos países latinoamericanos y en buena parte de México, sobre todo en el Norte  y deben su origen a la música de las zonas balcánicas o del Este de Europa, que incluye a países como Bulgaria, Albania, Rumania, las antiguas Yugoslavia y Checoslovaquia, parte de Grecia e Italia, Polonia y más al Oeste Alemania y Francia.

México a lo largo de su historia, ha recibido migrantes de diferentes nacionalidades, las cuales han aportado sus legados y se han fusionado con lo local, lo cual resulta que la nuestra sea una población multicultural. Para el caso que nos atiende, los primeros migrantes polacos, alemanes y checos en la entonces Nueva España datan del siglo XVI, con varios misioneros católicos asentados en Chihuahua y otras entidades norteñas, por lo que comenzaron a propagar sus conocimientos y adentrar instrumentos musicales de su región, como el violín, clarinete y el tambor o caja.

La entrada de mayor población de europeos del Este a México, se dio a partir del siglo XIX después de la guerra de independencia. En los conflictos entre Liberales y Conservadores, ambos bandos contrataban soldados venidos de los países balcánicos, fenómeno que se propagó más en el breve imperio de Maximiliano de Habsburgo, entre 1864 y 1867, por lo que comenzaron a establecerse en el norte del país, al ser tierras poco habitadas y darles el gobierno facilidades para su desarrollo económico y por consiguiente traer sus costumbres y cultura.

Esta migración de europeos continuó en el Porfiriato, en la revolución de 1910 y aún con varias familias establecidas en Estados Unidos, como ocurrió en 1928, cuando el presidente de México, Plutarco Elías Calles, permitió que familias checas y polacas que vivían en Texas y Arkansas, se establecieran en Nuevo León, Tamaulipas y Chihuahua.

Cabe decir que durante la Segunda guerra Mundial, llegaron a México cientos de refugiados de las naciones mencionadas, principalmente niños y mujeres y en un caso de nuestra entidad, la Ex Hacienda de Santa Rosa, en la ciudad de León Guanajuato, les dio asilo a 1450 polacos. Al lugar se le llamó “La pequeña Polonia”, espacio que aún existe y conocido actualmente como Ciudad del Niño Don Bosco, también con fines altruistas.

Así, desde finales del siglo XIX los nuevos pobladores en los estados norteños traían consigo sus géneros musicales de sus tierras, como la redova y principalmente la polca, interpretadas con tuba, contrabajo, clarinete, violín, guitarra, batería y su principal instrumento el acordeón, además de difundir su baile, el cual se adaptó a la perfección con sus variantes entre los pobladores norteños.

Si ya estaba la música, solo faltaba darle voz y esto ocurrió en el periodo de la  revolución mexicana. Los corridos, ese estilo musical rústico de algún modo que se utilizó para conocer noticias, fueron arropados por los músicos del norte que ejecutaban un nuevo género y que supieron darle otra identidad, pero respetando su origen en contar a través de sus canciones hazañas y personajes notables. Como tal, la música norteña comenzó a comercializarse a partir del los años cincuenta del siglo anterior, con solistas, duetos y posteriormente agrupaciones.

Para el caso de la música de banda o tambora sinaloense ocurrió algo similar, ya que la migración de alemanes, franceses, checos, polacos entre otros a finales del siglo XIX en Sinaloa, principalmente en Mazatlán, propició que trajeran sus pobladores los valses y polcas que se supieron bien integrar a la música que ya se tocaba en las fiestas religiosas de la región, pero con la introducción de instrumentos de viento, como el saxofón, trompeta y tuba, los cuales eran utilizados por las bandas de guerra de aquellas naciones. El mejor ejemplo de este hibrido musical, es la Banda El Recodo, la cual existe desde 1938 y que en sus primeras canciones se escuchan ritmos que parecieran de alguna agrupación alemana o polaca.

Le recomiendo escuche -o si ya lo hizo, espero le haya gustado-, el grupo de Goran Bregovic, quizás el mejor exponente de música de los balcanes. O mejor aún, escuche y vea la excelente película  Underground: había una vez un país (1995) de Emir Kusturica, director quien por cierto también es excelente difusor de la música balcánica y ponga atención a  los ritmos que mucho le aportan a nuestra música norteña.

Amable lector, si le gustan estos géneros continúelos disfrutando  y si no es así, no sienta pena en escuchar las diversas canciones norteñas cuando esté en casa, vaya en el transporte público, en la calle o en la siguiente boda, graduación, XV años o fiesta que lo inviten u organice y mejor, como decía el gran “Piporro”: ¡Pásele al baile pariente y suénele con fe al bailazo!

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