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Enrique R. Soriano Valencia

CHISPITAS DE LENGUAJE

@ChispitasDeLeng
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Chispitas de lenguaje. 



Anglicismos en los medios

Los medios están invadidos de palabras procedentes del inglés. Los periodistas (definidos así por aparecer con regularidad en un medio de difusión, independientemente de su profesión y tema) deben ser muy cuidadosos y enunciar en español… por la sencilla razón de que ese es nuestro idioma. En la medida en que dejemos que nuestra forma de hablar sea invadida por extranjerismos innecesarios (más adelante señalaré cuáles sí deben admitirse), en esa proporción dejamos nuestra identidad, reducimos nuestra cultura y trastocamos nuestra visión del entorno. El idioma construye nuestra identidad porque induce nuestra forma de visualizar el mundo. Evitar los extranjerismos refuerza la identidad nacional, tan necesaria en estos días.

Estamos en plena guerra sucia. Esta, evidentemente, se acentúa porque nos hallamos en los últimos días de la contienda política. A pesar de la prohibición por la ley en la materia, es común que los estrategas inunden el espacio comunicacional (en particular ahora las redes sociales) de noticias falsas. Así de sencillo debían ser llamadas noticias falsas y no fake news, como muchos comunicadores lo hacen, incluso periodistas.

Los profesionales de los medios deberíamos dar ejemplo para no recurrir a esas voces extranjeras. El español siempre tiene una palabra, vocablo o término preciso para referirse a cualquier hecho o proceso comunicacional. Sin embargo, muchos, por moda, prestigio o pereza mental –la razón que fuere– echan mano de vocablos no admitidos en nuestro idioma. Debemos estar conscientes que nuestras palabras (y estilo) influirá en quienes nos leen o siguen (eso define y populariza a un comunicador). Por ello –y otras razones que ya he abordado en distintas colaboraciones–, debíamos evitar a toda costa los anglicismos y solo recurrir a los necesarios.

Quizá así, si los periodistas (independiente de su medio: impreso, auditivo o electrónico) se tornan más cuidadosos, los comunicadores (profesionistas o no; de redes o de medios) se esfuercen en también cuidar su lenguaje. Con uno que se vea influido, el esfuerzo valió la pena.

Un vocablo extranjero estará bien usado si nuestro idioma carece del término específico. Eso sucede, incluso, en otras lenguas y la nuestra no es la excepción. Así fue como se generalizó la palabra ‘chocolate’, procedente del náhuatl; o huracán, que es voz caribeña (en discusión aún si del taíno o del maya). De esta forma, se ha incorporado ‘tsunami’ porque en español no existía un vocablo que definiera ese fenómeno natural. Sin embargo, ‘noticia falsa’ es tan simple que es un absurdo llamarle fake news.

A los verdaderos profesionales de la comunicación no les faltan palabras; los improvisados o mal formados, es natural que no hayan estudiado de forma adecuada el idioma y se vean tentados por extranjerismos por desconocer las alternativas de nuestro idioma.

Por supuesto, las cuatro líneas cruzadas no recibe el nombre de hashtag. Esa es una etiqueta. Además, lo peor es que ni siquiera se usa adecuadamente y confunden a la audiencia.  Es decir que le hacen suponer que el signo de número se llama hashtag en inglés, cuando en realidad la etiqueta comprende el signo de número y las letras que le acompañan. El famoso hashtag es todo el enunciado y no solo el signo de número. Nada perderían si enuncian «signo de número y la palabra…». En este sentido, el reclamo no solo es dejar el anglicismo, sino que si a él recurren que cuando menos lo hagan correctamente.

El colonialismo implica abandonar la lucha por la libertad para permitir el dominio del extranjero. Buena parte de los comunicadores están cediendo su libre pensamiento al colonialismo. El uso de extranjerismos ello implica: perder la propia personalidad para asumir la del dominio. Cuando Francia controló Europa e intervino en asuntos americanos, los galicismos crecieron en todas las lenguas (ahí están los bulevares); hoy es el inglés.

No solo es una lástima, también es una vergüenza no fortalecer la personalidad propia. Hoy, en México, poseemos una enorme riqueza lingüística, hablamos español con cientos de vocablos de lenguas nativas. Nuestro idioma es como nosotros, mestizo. Reconocernos en nuestro idioma y fortalecernos incide en la solidificación de nosotros mismos como pueblo singular.

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