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Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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TRINCHERA CIUDADANA



DE LOS INFORMES

Durante muchos años y con mayor trascendencia en la época del partido único, el informe presidencial se convirtió en un acto de adulación al presidente de la república. Cada primero de septiembre era considerado un día de fiesta nacional. El primer mandatario salía del Palacio Nacional en un vehículo descapotable y a su paso, miles de personas le arrojaban confeti, le aplaudían, le echaban porras. El presidente, emocionado, agradecía las “sinceras” muestras de cariño de los compatriotas que aprovechaban ese día inhábil para mostrarle sus respetos al amo de la nación.

El presidente bajaba del vehículo a la entrada de la Cámara de Diputados. Una comitiva de legisladores ya lo esperaba y lo acompañaban hasta la máxima tribuna. Una vez que el mandatario hacía uso del micrófono, se encargaba de narrar las hazañas conseguidas por su gobierno. El país marchaba en perfectas condiciones. Los aplausos de pie no se hacían esperar. El presidente era interrumpido sólo para ser ovacionado.

Los tiempos comenzaron a cambiar y a partir de la fracturada elección del candidato presidencial del PRI en 1988, Carlos Salinas de Gortari, la llamada corriente democrática comandada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, se fueron del partido oficial. El segundo se encargó de increpar al presidente Miguel de la Madrid en el último informe de gobierno al espetarle “miente señor presidente”.

Los partidos de oposición comenzaron a tener mayor presencia en el legislativo contradecían al presidente. Poco a poco la ceremonia fue bajando su perfil. Desapareció el auto descapotable para ser sustituido por un vehículo cerrado en el que discretamente el primer mandatario realizaba el recorrido hasta la Cámara de Diputados. La gente ya no se agolpaba en las calles para aludir al gran hombre.

Desafortunadamente se pasó de un extremo a otro. De la adulación se cayó en la ridiculez y en la falta de respeto. Recibir al presidente se convirtió en un auténtico circo y tuvo su culmen cuando un grupo de diputados le negaron el acceso a Vicente Fox en el último informe, luego de la polémica jornada electoral de julio del 2006. A partir de aquel momento, el presidente en turno no ha regresado a San Lázaro. Normalmente envía el informe por escrito a través del secretario de Gobernación.

Calderón tuvo una gran idea. Pasó el informe del primero al dos de septiembre y convirtió el patio de la fuente de Pegaso en Palacio Nacional, como la sede. Invitó sólo a sus amigos y fue aplaudido a rabiar una y otra vez. Peña Nieto repitió la dosis y entre compadres y cómplices, salía saludando a los invitados en medio de una lluvia de aplausos.

López Obrador decidió dar un informe el pasado día primero en conmemoración del triunfo electoral. Para el presidente, el país va de maravilla. Es el auténtico disneylandia que dibujaba Echeverría y López Portillo. Sin autocrítica alguna salvo escasas menciones a la violencia desbordante y al bajo crecimiento económico.

El presidente continúa en campaña permanente y vendiendo un país que solo existe en su imaginación.

Twitter: @gomez_cortina

hgomezdelacortina@hotmail.com

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