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COLUMNISTAS

Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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TRINCHERA CIUDADANA.


DOS VIDAS


JAVIER GUERRERO RICO Y DADA MARTÍNEZ INDA EN LA HISTORIA DE CELAYA


Hace 8 años, cuando el H. Ayuntamiento de Celaya 2006-2009 y el Consejo Consultivo Editorial del Bajío (COCOEBA) me distinguieron publicando el libro “Los Gómez de la Cortina”, me propuse pasados unos meses, escribir un libro biográfico sobre mi abuelo, el Licenciado y Notario Público número 3 de esta ciudad, Javier Guerrero Rico.

Animado por el inicio de un nuevo proyecto, comencé a principios del 2010 a recabar información que pudiera darle contexto a la investigación. Mi madre me facilitó los datos de varias personas que habían sido amigos, alumnos, compañeros y colegas de mi abuelo Javier. Varios de ellos habían muerto ya pero existían aún personas a las que podría entrevistar y así conocer con mayor precisión detalles de la vida familiar, profesional y política de él.

Me reuní con muchos, contando por supuesto a los familiares y cada uno de ellos aportó datos de mucha valía.

Sin embargo y a pesar del ahínco con que inicié, poco a poco me fui frustrando. Es una realidad como lo dije con anterioridad, que recibí datos muy importantes de la gente con la que conversé, pero también es cierto que en algunos casos la expectativa era enorme y el resultado fue francamente decepcionante.

“Ve con fulano de tal, conoce vida y milagros de mi papá” solía decir mi madre. Acudía con el individuo en cuestión y resulta que o no se acordaba de nada o lo poco que podía aportar era información conocida. “Tu abuelo fue director de la prepa”; “Tu abuelo fue alcalde”; “Tu abuelo quiso ser gobernador”, etcétera. No quiero decir con lo anterior que había un ánimo de sabotaje para la obra, algunas veces pude notar que mi dialogador en verdad ya no recordaba nada por su avanzada edad o por algún padecimiento. Tampoco ayudó que mi abuelo no hubiera escrito sus “Memorias” que hubieran servido como fuente primaria para enriquecer el texto. No ayudó tampoco que mi abuelo fuera el menor de los más de 10 hermanos que tuvo y que su madre muriera siendo él apenas un niño, situación que derivó en una ruptura del núcleo familiar, tomando sus hermanos mayores, rumbos distintos. Otra situación particular fue el haber sido al momento de su fallecimiento, el último de sus nietos de tan sólo 4 años de edad. Por obvias razones, no podría haberlo consultado de las muchas cosas que hoy me habría encantado enterarme de su propia boca, conocer su versión de los acontecimientos y su sentir.

Así pues, de a poco me fui desanimando, pero guardé celosamente las entrevistas, de las cuales tomé nota para una mejor oportunidad.

A mediados del año pasado, comencé a recopilar información sobre mi abuelita “Dada”. Consideraba que su figura, no sólo para la familia, sino también en el ámbito social para Celaya, bien merecería un libro. Contaba con la enorme ventaja de tenerla con nosotros, alegre, compartida, extraordinaria conversadora y sobre todo, muy lucida a pesar de sus 94 años. Se me ocurrió entonces grabar conversaciones con ella a través de notas de voz en el teléfono celular. Dada contestaba diligentemente a mis cuestionamientos y aportaba otros tantos datos que resultaban invaluables. Entrevisté a sus hijas y a sus nietos. Tomé en cuenta la basta información que yo poseía y que acumulé a lo largo de 30 años de vida de tenerla conmigo.

En ese contexto, busqué la manera de agregar a una persona que fue para los Guerrero Martínez y sus descendientes, como una segunda madre, como una segunda abuela, estoy hablando de nuestra nana Otilia Hernández Flores, “Oti” para quienes la conocimos.

Cómo no contemplar a Oti si desde sus 20 años en el lejano 1937 hasta sus 96 en el 2013 fue parte fundamental de nuestra familia. Primero de los Martínez Inda y luego de los Guerrero Martínez. Oti fue un personaje entrañable, pintoresco, chusco, amoroso, decididamente irreverente y sincero hasta la incomodidad. Con Oti se vivieron muchas anécdotas inolvidables, por su carácter, por sus dichos, por su amor a la familia, por su amor a los animales, por su intolerancia con la gente que no le simpatizaba, por su afición al tequila.

Fue entonces que se me ocurrió que el libro debía llamarse “Ellas”, porque hablaría de Dada y de Oti. Me concentraría primero en un apartado de anécdotas e iría de a poco transcribiendo la información. Pero surgió un problema. Escaseaban documentos sobre Oti que pudieran ampliar la investigación y dicho inconveniente ponía en tela de juicio el titulo mismo de la obra, ¿qué hacer?

Decidí que lo mejor era aprovechar los testimonios que sobre mi abuelo tenía guardados en una libreta y entrevistar a las personas que me habían faltado y que sin duda enriquecerían el texto. La vida de Dada se encontraría en un punto con la de Javier y así podría mejorar la indagatoria, tratando por supuesto de que su resultado final se viera reflejado no solo el ámbito familiar, sino también el político y el social, fundamentales para que la obra fuera de interés general. Tomando como base las entrevistas y recibiendo el invaluable respaldo del Licenciado José Antonio Martínez Álvarez, quien a través de sus libros de investigación y de las obras que tuvo la gentileza de prestarme, fui construyendo el contexto de los biografiados, sin olvidar por supuesto a nuestra querida Oti. Y abusando de su generosidad, le tomé la palabra para que el título fuera: “Dos vidas: Javier Guerrero Rico y Dada Martínez Inda en la historia de Celaya”.

Agradezco profundamente a todas las personas que colaboraron para la realización de este libro, familiares, amigos, todos los entrevistados y muy especialmente a las diputadas federales Adriana Elizarrarás Sandoval y Emma Margarita Alemán Olvera, así como al Consejo Editorial de la Cámara baja por su compromiso, gentileza y celeridad para la publicación del texto.

hgomezdelacortina@hotmail.com //


Twitter: @gomez_cortina

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