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COLUMNISTAS

Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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TRINCHERA CIUDADANA



EL AMIGO MAURO

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La madrugada del lunes 30 de septiembre falleció Mauro Salvador Villagómez Santana. A él lo conocí hace siete años cuando amigos en común nos presentaron y nuestra convivencia se extendió durante mucho tiempo todos los jueves, cuando nos reuníamos a comentar de actualidad, de filosofía, de política. Su cultura general era vastísima. Disfrutaba los viajes y los comentaba con una aguda precisión. Siempre me impresionó su privilegiada memoria, su enorme recepción, su profesionalismo, su puntualidad y la manera tan amena como abordaba temas tan complejos como lo son la pedagogía.

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Tuvo la confianza de platicarme su experiencia como candidato a la presidencia municipal de Celaya en el 2006 bajo las siglas del Partido Verde Ecologista. Me honró con una invitación a la Asociación de Ciudadanos por un México Digno, de la cual era miembro distinguido y me honró con palabras sinceras, esas que vienen del corazón, una vez que finalicé con mi exposición. Aún conservo un texto que me obsequió, “El libro salvaje” de Juan Villoro. Mauro era un amigo de a de veras.

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En una ocasión, lo invité a participar a una mesa de debate sobre los derechos de los niños y al finalizar, su esposa se acercó a mí para decirme que ella conocía a mi mamá. El recuerdo fue muy grato, pues mi mamá le compró durante años, playeras de manga larga de excelente calidad y de todos colores, mismas que yo utilicé mucho tiempo durante mi infancia.

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Sabía desde hacía tiempo que Mauro padecía del corazón y que con frecuencia recibía tratamiento. Recientemente me avisaron que estaba internado en una clínica en Celaya, pero su salud se vio tan mermada que fue preciso trasladarlo a León. Su esposa, la señora Dora Luz, me mantuvo amablemente al tanto de la situación. La última vez que lo vi fue en la exposición de pintura del profesor Sergio Ortiz Pastén en Galerías Celaya. Llegué tarde por circunstancias laborales y de inmediato saludé a Mauro y a su esposa, quienes estaban a punto de retirarse de un café. Al verme, me invitó a sentarme y me pidió una bebida. Tan generoso como siempre, me dio consejo y consuelo. Quizá por pensar que Mauro saldría avante como tantas otras ocasiones o quizá porque como suele sucederme, mi mente se bloquea ante la inminencia de una tragedia, nunca creí que jamás nos volveríamos a encontrar.

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Mantuvimos contacto vía telefónica, pero su condición le impidió volver a hablar conmigo. Su partida me dejó aturdido e insomne. Mauro fue un amigo, un compañero, un consejero, un tipo solidario y fraterno, un buen hombre.

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Que descanse en paz.

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hgomezdelacortina@hotmail.com

Twitter: @gomez_cortina

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