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COLUMNISTAS

Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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TRINCHERA CIUDADANA


THE LAST DANCE

Apenas el pasado lunes terminé de ver el documental “The last dance” (El último baile) disponible en la plataforma Netflix, que retrata al histórico equipo de baloncesto Los Toros de Chicago y a su súper estrella Michael Jordan.

Desde que se anunció su estreno, con dos capítulos cada semana hasta acumular diez, estaba convencido que se trataría de un rotundo éxito. La historia gira en torno a la llegada de Jordan como juvenil e intercala los títulos obtenidos con las vicisitudes que giraban en torno a la organización, y no solo deportivas, sino también administrativas.

El arribo de Jordan en 1984 va a significar de a poco la construcción de una dinastía y del que muchos opinan, se trata del mejor equipo de la NBA de todos los tiempos. Pero antes de la gloria y el reconocimiento, los Bulls eran un equipo malo, mediocre. Si bien les iba alcanzaban la postemporada, pero no trascendían. Estaban muy lejos de las franquicias triunfadoras de los Lakers de Los Ángeles de “Magic” Johnson o de los Celtics de Boston de Larry Bird. Pero Chicago fue armando un equipo poderoso que comenzó a mejorar temporada tras temporada. Hombres importantes como Scottie Pippen, B.J. Armstrong, Bill Cartwrigth (el del estilo feo), Horace Grant y John Paxson, dirigidos por Phil Jackson.

En 1991 por fin alcanzan una final y se enfrentan a los multicampeones Lakers de Los Ángeles y a partir de ese momento todo será triunfo para los Toros. Ganan la serie 4 juegos a 1, el año próximo derrotarán a los Blazers de Portland y en 1993 a los Suns de Phoenix.

Los Toros han conseguido ya tres títulos consecutivos, algo nunca antes visto en la NBA.

Michael Jordan no solo es el gran líder, cuenta también con compañeros extraordinarios y es un hombre determinante, tiene un manejo excepcional de la presión y es quien suele definir los partidos, pero está cansado por el acoso de los periodistas y el homicidio de su padre lo golpea brutalmente. Decide retirarse.

Los Toros inician 1994 sin su máxima figura, pero son un equipo competitivo que mantiene la base y califican a la postemporada, pero no ganan el título. Jordan se refugia en las ligas menores de béisbol, pero un año después decide regresar. El equipo se queda en la final de conferencia, derrotados por Orlando, donde ahora juega Horace Grant.

Jordan debe volver a entrenar duro para acondicionar su cuerpo al basquetbol y en 1996 el equipo demuestra que no ha perdido el toque. Derrotan a los Supersónicos de Seattle y en los años siguientes al equipo de Utah. Es decir, vuelven a conseguir un tricampeonato y se consagran como un equipo dominante. Para esta segunda etapa ya se incorporan hombres como Ron Harper, Steve Kerr, Dennis Rodman, Toni Kukoc y Luck Longley.

Yo era pequeño cuando Jordan triunfaba, pero recuerdo bien sus últimas tres finales. Fue la época en la que me interesé en el basquetbol por ver las genialidades de Jordan, a quien ya apodaban “Su Majestad”.

Así que sinceramente volví a emocionarme, pero también a interesarme en todo lo que había detrás. Por ejemplo, los problemas que tuvieron jugadores y entrenador con Jerry Krause, el gerente general del equipo y a quien los aficionados responsabilizan de la desintegración de la dinastía en 1998; la tremenda rivalidad con los Pistones de Detroit, quienes por cierto los eliminan en dos ocasiones consecutivas previo a la final y donde jugaban Dennis Rodman e Isiah Thomas, a quien aparentemente Magic Johnson, Larry Bird y Michael Jordan habrían vetado del “Dream Team” de los Juegos Olímpicos de 1992.

En fin, si disfrutaron a Los Toros de Chicago, si gozaron con Jordan y el equipo, no dejen de ver el documental. No se trata de un culto a la personalidad, es un programa bien construido, bien argumentado y que creo yo, cubre los aspectos más importantes al permitir que cada uno de los protagonistas, cuente su versión.

22/05/2020

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