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Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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TRINCHERA CIUDADANA



 

LA BATALLA DE PUEBLA


El pasado 5 de mayo, se conmemoró un aniversario más de la batalla que en 1862 sostuvieron los ejércitos mexicano y francés en las inmediaciones de la ciudad de Puebla. El gobierno mexicano, encabezado entonces por don Benito Juárez García, había dejado de pagar la deuda que nuestro país tenía con España, Inglaterra y Francia. México venía saliendo de la Guerra de Reforma que había dejado vacías las arcas nacionales. En buen castellano, nuestro país decía “Debo, no niego, pago, no tengo”. Inglaterra y España llegaron a un acuerdo con México que firmaron en el tratado de La Soledad, en Veracruz, pero Francia se negó a seguir aceptando la moratoria en el pago y sus tropas avanzarían hasta Puebla, con la ya clara intención de establecer una monarquía.

Al mando de las tropas invasoras se encontraba Charles Latrille conde de Lorencez, quien en un telegrama dirigido al ministro de Guerra de Francia, le dijo que:

Tenemos sobre los mexicanos tal superioridad de raza, organización, disciplina, moralidad y elevación de sentimientos, que os ruego digáis al emperador que a partir de este momento y a la cabeza de seis mil soldados, yo soy el amo de México.

Las palabras de Lorencez revelan el exceso de confianza y la soberbia de quien dirigía al considerado en ese momento, el ejército más poderoso del mundo. Con esa altivez llegaron a Puebla a enfrentar un ejército mal comido y mal pagado, pero bien dirigido por el general Ignacio Zaragoza y respaldado en el campo de batalla por bravíos guerreros como Porfirio y Félix Díaz, Felipe Berriozábal y Miguel Negrete.  

El triunfo mexicano, inverosímil e impensable, estuvo acompañado de un aguacero que le dio un toque dramático, casi poético a la épica lograda por el ejército nacional. Incluso sirvió para limar algunas asperezas y generar un sentimiento de unidad nacional. Poco antes de la batalla, el general Miguel Negrete escribió lo siguiente:

Yo no soy de esos hombres que se venden a todos los partidos, sino de los que se sacrifican a su patria.

Negrete había peleado pocos años antes, en el bando de los conservadores. Aquel día empeñó un compromiso para con su país y tuvo una destacada participación a cargo de la defensa de los fuertes de Loreto y Guadalupe.

La ciudad de Puebla, proclive a la invasión, quedó muda y vacía. Ignacio Zaragoza telegrafió a Juárez:

En cuanto al dinero nada se puede hacer aquí porque esta gente es mala en lo general y sobre todo muy indolente y egoísta. ¡Qué bueno sería quemar Puebla!. Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo. Pero es una realidad lamentable.

Los franceses regresarían un año después y tras un sitio de 62 días, tomarían Puebla y abrirían las puertas para la llegada del emperador Maximiliano de Habsburgo.

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