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Raúl Mendoza Mandujano

Saber Pensar

@Todocorre
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SABER PENSAR. 



¿Qué es la literatura?

 

La historia humana comenzó por hipóstasis, que no es más que la palabra-artificio. Palabra es representación, encasillamiento de lo mutable. Sus primeros vestigios fueron ipseidad,  signo escrito, estructuras psíquicas formando un código mental,  lenguas, braza de lo primigenio que alimentaba al  fuego recién descubierto, memorias  apagándose en vacío para volverse idea. Así cuando el hombre moría o la civilización agonizaba, su pensamiento no se evaporó en grandes estepas, montes escarpados o en el estómago de algún carroñero, sino en la interpretación de sus predecesores.

Nacería en arcilla, retratando lo inconmensurable. Jardines colgantes de Babilonia y deidades que los hebreos llamarían demonios, como Baal y Azmodeo fueron convertidos en signos. Todo el poder de la naturaleza, su semblante, reposaba en  cúmulo de formas arbitrarias, cuyo sentido era  lógica que al burilarse, permanecería.  Escribir permitió tomar a fuerzas  indeterminadas que acechaban al hombre,  como la muerte y neutralizarlas en relatos que bordearon el fracaso de Gilgamesh al  buscar la inmortalidad.

La escritura arcaica, signos cuneiformes o jeroglíficos conformarían al signo lingüístico,  símbolo de totalidad, que, al mezclar una experiencia (imagen) con la forma de algún ser vivo, demarcaron al concepto explicitado por fonemas, acústica, que representaría la presencia del mundo a través de una psique reconociéndose.   El tiempo, la finitud, el  amor o el dolor fueron concebibles por la literatura que recogería un signo (imagen acústica y conceptual), para, a través de su ficción (tiempo y espacio resignificados), generar lo poético, absorción de lo imposible, de eso que rebasa al sujeto.

De la poesía, elemento que desdibujaba morfología y sintaxis, para asir lo indeterminado, esgrimiendo en palabras descompuestas cómo sonaría el desaliento o la enfermedad, surgió la filosofía, discurso logocéntrico que privilegiaría al logos como verdad: sólo lo escrito permanece. Así la escritura, llevada hasta su máxima expresión, comprendió al mundo, al universo, por una totalidad-palabra, báculo del gran órgano especulativo y pragmático, el espacio mismo de lo filosófico. De la filosofía nació la ciencia, un lente pulido, durante casi quinientos años, que focalizaría lo mundano para descubrir sus leyes, su ambigüedad y juzgarla hasta la mecánica cuántica.

La historia del hombre es su literatura, tronco primigenio en donde ramificaciones produjeron un efluvio de ficción,  universos que están más allá, que danzan en teatros y sus dobles, que se escuchan en cafés o volcándose en imagen-tiempo-movimiento, pantallas  de música recién escrita,  lo poético.  En el principio era la palabra.



13/05/2019 08:49:39 

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