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MUSICA Y CULTURA

OCTAVIO OCAMPO, EL ARTISTA CELAYENSE

Octavio Ocampo nació en Celaya, Guanajuato, México el 28 de febrero de 1943. Creció en una familia de diseñadores y desde niño estuvo en contacto con el arte.

El Profesor Salvador Zúñiga dirigía la escuela de arte en su ciudad natal. En la escuela de arte, Ocampo construyó figuras de “papel maché” para carros alegóricos, altares y ornamentos, que se utilizaban durante los desfiles de carnaval y otras festividades. 

Haciendo esto, aprendió sobre la composición , materiales y técnicas. En la escuela secundaria, Ocampo pintó murales para la Escuela Preparatoria y el Ayuntamiento de Celaya. Ruth Riviera, hija del artista y muralista Diego Rivera, y María Luisa “La China” Mendoza, vio su trabajo y lo alentó a asistir a la Escuela de Pintura y Escultura del Instituto Nacional de Bellas Artes. 

El talento de Octavio Ocampo no se limitó solamente a la pintura y la escultura, sino también se extendieron a la actuación y el baile. Ingresó en el Art Institute de San Francisco, donde estudió todas estas disciplinas con el objeto de hacer carrera en el cine y el teatro.

En 1976, comenzó a dedicarse exclusivamente a la pintura y la escultura. En la actualidad trabaja principalmente en el estilo metamórfico – usando una técnica de superposición y yuxtaposición de detalles realistas y figurativos de las imágenes que él crea.

Uno tiene que mirar por largo tiempo las pinturas de Octavio. Cuanto más se mira en su trabajo, más detalles se descubren. Rostros que distinguimos a cierta distancia y luego se van transformando en algo totalmente distinto a lo que veíamos en primer plano. Las flores se vuelven caras, las montañas hablan entre sí, y los dolientes en un ataúd ,se convierten en el rostro de Cristo. Sus obras están llenas de simbolismo, infinitamente fascinante, cada uno mostrando una faceta, diferente a cada espectador.

El cuadro llamado Visiones del Quijote, demuestra la poderosa habilidad de Octavio Ocampo para contar una historia , usando una sola imagen.

De lejos, el espectador ve a un anciano con una expresión lejana y de ensueño en su rostro.

El cabello de un amarillo brillante y la extraña barba, completa el extraño rostro de este hombre.

Si nos acercamos más, el espectador es transportado a los campos españoles, donde se advierte que los molinos de viento en el centro del cuadro, parecen como si estuvieran a punto de tomar vida.

Dos héroes orgullosos en el centro del cuadro tienen de fondo a los molinos de viento. Don Quijote en su fiel caballo Rocinante y Sancho Panza en Dappie, están rodeados por el mundo que solo vive en la mente de Don Quijote.

En el centro de la imagen, don Quijote es inmortalizado protestando de que un hombre ya fallecido sigue viviendo y se prepara para apropiarse de su cuerpo para salvarlo de un entierro prematuro. Si nos concentramos en el área alrededor de la escena, podrás ver el rostro de un perro, símbolo de la locura del Quijote.

La mitad izquierda de la cuadro, muestra a Xarifa trabajando en los campos.

Una vez más, esta escena, que parece ser el rostro de un perro, parece mostrar su locura de imaginar a su Dulcinea (en la foto en la esquina superior izquierda). Por encima de Xarifa en los campos, el pueblo de La Mancha es mostrado rodeado de míticos dragones y monstruos marinos.

Por encima de la aldea, se encuentra el castillo del duque (superior izquierda) con la cara del duque se ilustra en la pared del castillo. Una observación cuidadosa revelará el esbozo de un craneo al lado izquierdo del castillo, un indicio de siniestros planes del duque de nuestros héroes.

La parte superior derecha de la pintura muestra el rostro fantasmal de Miguel de Cervantes mirando su trabajo. Mientras que los cerros, rocas y valles, se alteran con el poder de la locura del hombre de La Mancha.

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