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Retumba el Zócalo; multitud abraza a su Presidente

Reportero: Ágora Redacción - 405 Visitas

AMLO salió del Palacio Legislativo con la banda presidencial puesta para volver al Zócalo a someterse a una purificación indígena a base de incienso y copal, y hablarle a su gente.

Sus palabras como Presidente de cara al pueblo vuelven a ser las mismas que más veces ha pronunciado desde el 92, cuando por primera vez pisó la Plaza de la Constitución como líder político de Macuspana.

“Reafirmo mi compromiso: no mentir, no robar, no traicionar al pueblo”, dice con ese tono tabasqueño que le hace arrastrar las eses al final.

Antonia Martínez es una mujer de la tercera edad postrada en una silla de ruedas, a quien su condición no le impidió llegar al Zócalo: la trajo su hija Andrea, quien vino desde California para vivir juntas este momento de la historia, tras tres décadas de exilio y de cinco Presidencias que implementaron un modelo económico neoliberal, cuestionado por no cumplir el propósito de acabar con la desigualdad. “¡Ahora que lo dejen gobernar!”, dice doña Antonia, y como puede levanta el brazo y el puño lo aprieta en el aire. Se le hace un nudo en la garganta como a decenas de personas que abarrotaron la plaza.

Es el sentimiento de la mayoría de quienes volvieron este 1 de diciembre ahora en señal de triunfo y luego de marchas de apoyo en los último años: el desafuero, lo mítines rumbo a la Presidencia en 2006, la denuncia del fraude, la Presidencia legítima, los nuevos mítines de 2012 y muchas movilizaciones más. “¡No estás solo! ¡Sí se pudo!”, le gritan mientras Andrés Manuel recibe el bastón de mando.

Entre AMLO y el Zócalo hay una simbiosis, ese término empleado por los biólogos para explicar el vínculo existente entre las especies (sin –conjuntamente–, bios –vida–, osis –impulso–, según los griegos). En los últimos años, ya sea por la mañana, tarde o noche, con lluvia, sol o frío, López Obrador arrastró multitudes en su empeño por alcanzar el poder presidencial, hasta lograrlo.

Víctor, un seguidor del “Peje”, como él lo llama con afecto, carga un muñeco de cartón como vivo retrato del hombre al que admira, el cual es la atracción en el mítin y motivo de fotos por la pose victoriosa de la figura. “Le pusimos justiciero, pero todos le dicen Súper-AMLO”, dice Lucero, esposa de Víctor, que le dedicó 15 días a su obra.

Este sábado en el Zócalo, la gente lo ve como el salvador que viene a rescatarlos de políticos mentirosos y corruptos, y están seguros que también va a resolver la pobreza y las injusticias.

“Por casualidad o designio, López Obrador emplea estrategias sorprendentemente similares a las que utilizó Jesús de Nazaret hace 2000 años”, escribió George W. Grayson, un académico estadounidense que lo siguió meses para escribir una biografía crítica del líder.

“¡Míralo, míralo mamá!”, dice la universitaria Karla Carmona, de primer semestre de la UNAM. Llora desconsolada de la emoción cuando una mujer indígena le pasa el copal al Presidente antes de recibir el bastón de mando de las comunidades rurales.

“Es para purificar al licenciado y liberarlo de todas las malas energías y se guíe para gobernar”.

La estudiante tenía cinco años cuando sus padres venían desde Tláhuac a manifestarse contra Fox por el desafuero. Se le rompe el corazón de atestiguar la sencillez, dice, con que se acerca a la gente. Las redes sociales siguen enloquecidas con la asunción. “Pueden criticar todo lo que quieran a AMLO, pero ningún otro Presidente había reconocido a los pueblos indígenas en su inicio de gobierno”, redactó conmovido, el escritor poblano Oscar Alarcón.

Entre la muchedumbre otro intelectual se pierde el discurso de Andrés Manuel, quien a esa hora corrige.

“Vamos a acabar con la corrupción. Esos caminos que hacen… ¡bueno que hacían! se deslavan con unas cuantas lluvias. Pero se acabó”. El investigador Lorenzo Meyer da vueltas asediado por los simpatizantes de AMLO. “¡Doctor, una foto!”.

Raro en los intelectuales que los vean como rockstar, pero con Andrés Manuel hasta ellos alcanzaron popularidad. Lleva más de un cuarto de hora de elogios hasta que un joven de lentes redondos se le acerca y con respeto le reclama: ¡Doctor, cómo nos faltan sus textos críticos. Nos los debe, esos que arrojaban luz en la era del PRI y el presidencialismo que concentraba todo el poder en un solo hombre. ¡Escriba, por favor!”. Meyer contesta: “De acuerdo, de acuerdo”.

El desorden mundial de la economía, la crisis de inseguridad nacional y la deuda pública no pintan un escenario tan fácil.

Las expectativas las levantó él mismo en campaña y en el ataque contundente a sus adversario políticos al prometer un país mejor. Se acabó la hora de la fascinación de las movilizaciones a favor. Habrá que ver cómo responde ahora a las primeras movilizaciones del Zócalo en su contra.

INFORMACIÓN:  EL HERALDO DE MÉXICO

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