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Sin ganador; ataques, risas y vergüenzas en Debate

Reportero: Ágora Redacción - 920 Visitas
Sin un vencedor nítido ni novedades en estilos ni discursos, el debate presidencial no pareció dejar una huella decisiva…

La función giró en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, cuyo nombre fue pronunciado 61 veces durante las intervenciones de sus rivales, y quien provocó en las calles sombrerazos y notas discordantes, más allá de la medianoche.

Él, siempre esquivo y contrario a lo dispuesto por el INE, fue el último en llegar al Palacio de Minería, y el primero en dejar el podio oficial. Al salir, le preguntaron:

—¿Y quién ganó?

—Ya saben quien, pobremente —susurró, y se abrió paso por entre la muchedumbre dividida.

En realidad, los cinco aspirantes salieron con el puño en alto, con las sonrisillas postizas de siempre y palabras optimistas. Todos de la mano de sus parejas, a excepción de Margarita Zavala, quien evitó contacto con el expresidente Felipe Calderón, no sólo en las pasarelas de llegada y salida, sino durante la escena de 120 minutos montada por el INE.

LIBRETOS. Nada nuevo, nada distinto. Ni siquiera en las emociones… Los candidatos reciclaron sus sermones de campaña, sus frases históricas y sus spots mediáticos. Quizá el priista resultó más acartonado, más aferrado a su imagen propagandística: incluso, inició dos de sus participaciones con una referencia a su filiación, tal vez en un intento desesperado por ganar publicidad: “Soy José Antonio Meade”, decía.

Concentrados en el puntero estadístico, en especial con el tema de la amnistía a criminales, Meade y el panista Ricardo Anaya protagonizaron choques fugaces… Cuando el momento parecía propicio para la colisión, los salvaba el reloj.

Así ocurrió cuando Meade comparó a Anaya con el ex gobernador encarcelado de Quintana Roo: Roberto Borge, y cuando Ricardo, en respuesta, mostró una fotografía de Meade en plena partida de pastel con el ex mandatario chihuahuense César Duarte, involucrado en acusaciones de corrupción y peculado. “Aquí está con su amigo”, le dijo…

Fue el único momento en el cual Meade olvidó el libreto y, con el semblante, quiso negar aquel cumpleaños: bajó la mirada y se entregó con desenfreno a los tragos de agua.

Margarita comenzó titubeante, sin coordinación de ideas, aunque siempre cuidadosa de eludir el nombre de su esposo. “Se ha puesto a defender a su marido, ya déjalo”, le pidió Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”… Ella resistió cuanto pudo, pero fue inevitable al ser cuestionada sobre la posibilidad de una reelección calderonista: “Tengo mi propia identidad, por supuesto que no habrá reelección…, aunque mucho he aprendido al lado de Felipe”.

Si para alguien sirvió el encuentro fue para el Bronco, más espontáneo, con preguntas directas al resto de los abanderados y alusiones a experiencias personales y familiares, al menos más cercanas al pueblo: contó sobre los avatares de sus hijos en temas de secuestro y violencia y, de su madre, comentó: “Mi mamá no sabe leer ni escribir, pero tiene un hijo gobernador”.

Pero jamás se sacudió la sombra de la trampa y la marrullería, tras su candidatura sostenida sobre firmas falsas y fantasmales…

—¿Ha mentido? —le preguntó una de las moderadoras.

—A veces…

—¿Cuándo? —se le insistió.

—Como cuando una vez le dije a mi mujer que la iba a llevar al cine y no la llevÉ.

—¿Les mintió a los neoloneses cuando les dijo que se iba a quedar seis años y no lo hizo?

—Sí, y estoy pagando las consecuencias.

Así, con su etiqueta permanente de falsedad, propuso “mocharle la mano a todo aquel que robe en el servicio público… Literal”. Hubo quien, entre el público circundante, reprochó sus ocurrencias y preguntó entre gritos: “¿Y qué le harás a los violadores?”.

“Me están echando montón”, se quejaba López entre los alegatos. Y la historia continúo rutinaria...

CHUBASCOS. Desde el atardecer, se habían dirigido, orquestado las fobias: pancartas agitándose por los principales caminos hacia el Palacio, en el especial contra López Obrador: “La ciudad ya decidió, te vas a la chingada”, se vociferaba al unísono... Tatiana Clouthier, su jefa de campaña, soportó en silencio la embestida. “Están en su derecho”, diría a su llegada al recinto... 

Aquellas rechiflas encontraron replica en otro grupo numeroso a favor del tabasqueño, y el Eje Central se volvió escenario de escupitajos, trompones y una pugna callejera apenas contenida por los elementos de seguridad.

El INE transformó la Plaza Manuel Tolsá en carpa circense: encorraló ahí a los periodistas engatusándolos con un festín de harinas y golosinas, mientras consejeros y ex consejeros del Instituto, moderadores, politiquillos y otros invitados se regodeaban por la calle de Tacuba como estrellas inalcanzables de rock…

Diego Fernández de Cevallos asumió el papel de lambiscón nocturno y recorrió el pasillo rumbo a la puerta principal repartiendo apapachos a invitados y otros colados. Él mismo lo reconocería: “Estoy muy saludador porque los votos son votos”.

El presidente priista Enrique Ochoa y el líder ancestral Emilio Gamboa se saludaron con un efímero apretujón. El segundo procuró dejarlo atrás, porque Ochoa se empecinó en los micrófonos, con frases triunfalistas, desvanecidas hacia el final.

Todos se olvidaron del desfile suntuoso cuando sorprendió el chubasco; entre relámpagos y ventarrones, el INE terminó por perder el control del evento: se extravió su señal interna de televisión, sus carteles publicitarios se derrumbaron y miles de charcos emergieron bajo su sala de medios. El presidente Lorenzo Córdova se negó a ventilar por ahora el costo del debate, y un par de horas antes del arranque se limitó a decir: “Espero una discusión pacífica, esto no es pensado para los candidatos sino para los ciudadanos. Hago un llamado a los contendientes, lo digo como ciudadano, a expresar sus ideas, diagnósticos y propuestas sobre el país”.

Pero no hubo ideas ni radiografías confiables. Nada diferente: los mismos gestos simulados, las mismas acusaciones…Y la ciudad contigua siguió con sus mariachis nocturnos y sus palacios anquilosados, tras este primer debate confuso, borroso, todavía a media luz…

información: CRONICA.COM

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