Es probable que al momento que lean estas líneas se haya realizado el concierto de la Rosalía en la Ciudad de México, acontecimiento contemplado para cientos de miles de seguidores que bailaron, cantaron e intentaron romper el récord de asistentes que ostenta el Grupo Firme en eventos musicales en el Zócalo.
La presentación no estuvo exenta de polémica por aquello de que sirvió para publicitar candidatos y gobierno en turno y decir que fue gratis genera sonrisas forzadas, pero así se las gastan las autoridades de cualquier partido político. Tampoco es para desgarrarse las vestiduras, porque de gorra hay festivales en toda la república mexicana y la opinión sería diferente si otros gallos –ingleses- cantaran, como ocurrió en su momento con Paul McCartney y Rogers Waters, que también se presentaron en la plaza capitalina.
Afortunadamente tenemos conciertos para todos los gustos, algunos disfrazados de gratuitos y otros con un costo, pero en ambos casos con cargo irremediable a los bolsillos de los contribuyentes. Acudir a eventos masivos de música popular son inolvidables por las experiencias individuales, sin embargo, hay algunos que quedan en la memoria colectiva de nuestro país por los antecedentes, desarrollo y secuelas.
Gracias a las estaciones de radio la música se masificó, con la consiguiente difusión en estos foros. La XEW, inaugurada en 1930 y al igual que sus sucesoras, fueron semilleros para las presentaciones en directo de solistas y agrupaciones, derivando que por su éxito se organizaran caravanas donde el público disfrutaba por un boleto en teatros y cines a Pedro Infante, Los Panchos y la Orquesta de Pérez Prado, por mencionar algunos artistas.
En los años cincuenta, el rock and roll que después se convirtió en rock, vino a romper los esquemas que ustedes gusten numerar dentro de la cultura popular en casi todo el orbe y México no estuvo exento de este fenómeno. Los espectáculos cambiaron y no fue lo mismo escuchar sentadito Gema de los Dandys que contonearse sabroso con Vuelve primavera de los Blue Caps.
Las lucrativas tardeadas musicales provocaron el traslado de pequeños foros a estadios que carecían de la logística adecuada. En 1969 en un primer intento por la internacionalización en este tipo de eventos, Los Hermanos Castro -incluido Benito, el patiño de Paco Stanley- grupo vocal y empresarial, tuvo el tino de traer al Estadio de la Ciudad de los Deportes a The Byrds, The Union Gap y los connacionales Tijuana Five. Hasta ahí, todo bien.
Los problemas ocurrieron por las bocinas para fiesta que fueron insuficientes ante el inmenso recinto. The Byrds traían su Tamborine Man, el Turn, Turn, Turn y otros éxitos que tocaron ante la chamaquiza molesta por la mala acústica, generando el voladero de sillas, pasto de cancha y la cancelación de los Union Gap que optaron por salvar su pellejo. El no tan respetable esperó escuchar Young Girl y se las cambiaron por Yo sin ti, debido a que Los Castro decidieron salir a escena y se podrán imaginar la consabida reprobación.
En el mismo año, otro empresario se animó a traer a The Doors. El acuerdo era que se presentaran en la Plaza de Toros México, pero por el temor del gobierno a las concentraciones masivas juveniles, tuvieron que tocar en el Forum, un centro nocturno ya desaparecido por los rumbos de la avenida Insurgentes y el enojo de Morrison y compañía al saber que rockearían por cuatro noches ante la selecta crema y nata capitalina.
El suceso musical más mitificado y analizado debe ser el Festival de Avándaro, en 1971 (anexo el link de mi contribución al tema https://agoragto.com/columna/ademas-de-historia-y-cine/avandaro-fue-el-culpable/) y solo mencionar que sus consecuencias recrudecieron la cancelación de las pocas audiciones masivas que se intentaban organizar; estigma que se rompió una década después con un grupo que se encontraba en su pináculo creativo.
Dentro de la gira promocional del disco The Game, Queen vino a México en 1981 para presentarse el 9 de octubre, en Monterrey y el 17 y 18 de mismo mes en la ciudad de Puebla. El concierto regiomontano transcurrió sin mayores incidentes, pero el primero en la Angelópolis fue caótico: mala organización, puertas que abrieron tarde, espacio insuficiente – el mini Estadio Olímpico Ignacio Zaragoza– y parte del público inexperto a este tipo de presentaciones, fueron pólvora que detonó con la lluvia de monedas, calcetines con tierra convertidos en proyectiles y zapatos hacía el escenario, por lo que al finalizar el recital, Fredy Mercury dijo sarcásticamente: México, thank you for the shoes, adiós amigos, mother fuckers!
Pero no solo de rock viven los mexicanos. Rigo Tovar, algo así como el padre fundacional de la música grupera, llenaba el recinto que se le presentara y si era gratis, mejor. En el igual 1981, El Sirenito cantó en Santa Catarina, Nuevo León, ante aproximadamente doscientas mil personas, aunque hay medios que afirman que fue el doble de seguidores.
Otra agrupación que se recetó varios masivos en los años ochenta fue Menudo. Es indudable que los puertorriqueños dejaron varios legados, entre ellos las coreografías que replican las tías en bodas y XV años. Los muchachones de vocalizaciones castrati se presentaron en diversas ocasiones en el estadio Azteca que entonces podía albergar 110,000 asistentes, los cuales sin problema llenaron para ver al grupo en descarado playback, con rudimentaria iluminación y sonido, pero sin importarle a las fans que se desmayaban por insolación y tristeza ante la partida de su integrante René.
Sin pero que valiera, el rock seguía vetado en el entonces Distrito Federal y se buscaban sedes cercanas para conciertos. La ciudad de Querétaro recibió a Rod Stewart el 9 y 10 de abril de 1989, además de Monterrey y Guadalajara dentro de la gira Out of Order. De las cuatro presentaciones, la del día 9 fue la más recordada por los enfrentamientos entre policía y fanáticos; por el sobrecupo en el estadio Corregidora y porque fue un parteaguas para los recitales que disfrutamos en la actualidad.
Reconocido por unos y odiado por sus contrincantes políticos, Carlos Salinas de Gortari en su sexenio dio una apertura comercial en la que se incluyeron los eventos internacionales organizados desde 1991 por la compañía OCESA. El público mexicano, limitado a escuchar a Amparo Ochoa en el Teatro de la Ciudad o a Emmanuel en El Patio, logró disfrutar a Madonna en el Palacio de los Deportes y a Michael Jackson en el Azteca. Es paradójico: las presentaciones masivas, incluidas las del Zócalo, mucho le deben al llamado innombrable.
Las consecuencias, las sanas consecuencias, son que podemos disfrutar desde hace unos treinta años de conciertos con artistas nacionales e internacionales; recitales memorables, dependiendo la experiencia de cada uno y es difícil creer que México tuvo un periodo de oscurantismo en cuanto a espectáculos.
Ya para enviar la presente columna, leí que la Bichota no rompió el récord que ostenta el Grupo Firme, quienes se presentaron ante 280,000 personas. Si el tiempo –electoral- lo permite, quizá Luismi, que amenazó con regresar a los escenarios, sea el valiente que imponga nueva marca.
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