“Los ecos siempre traen problemas”

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El fin de semana vi El reino del planeta de los simios (Ball, 2024) décima cinta de la extensa saga de ciencia ficción. A mi parecer y sin espoliar, es un buen trabajo en efectos especiales, con una trama que borda las apropiaciones territoriales a cargo de grupos dominantes, y como en todas, el conflicto de simios contra los humanos; además de abordar de manera inteligente rasgos religiosos, con los mensajes que llegan a alterar los profetas. Para beneplácito, habrá mínimo dos secuelas.

Confieso esta serie cinematográfica es de mis favoritas, quizá por la relación desde mi infancia, cuando nos regalaron a mi hermano y a su servidor las figuras de acción importadas -hago el énfasis “importadas” porque después la empresa mexicana Lili Ledy sacó la versión local, sin la misma calidad-. Era la segunda mitad de los años setenta y los primates estaban de moda, derivado de la exitosa El planeta de los simios (Shaffner, 1968), incluido su grandioso final.

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En el intento de replicar el logro taquillero, 20 Century Fox produjo Regreso al planeta de los simios (Post, 1970), Escape del planeta de los simios (Taylor, 1971), Conquista del planeta de los simios (Thompson, 1972) y La batalla por el planeta de los simios (Thompson, 1973), películas con altibajos, pero cumplidoras para entretener a espectadores sin empacho, debido al estreno en 1974 de una serie televisiva y un año después, la caricatura, con una trama más cercana a la novela.

En 1963 se publicó La planète des singes, del francés Pierre Beulle, narración situada en el año 2500, donde se describen viajes interplanetarios; uno de ellos al planeta Soror, habitado por simios que gozan las modernidades de su entorno, con el pilón de tener bajo su yugo a los humanos. La novela obedece a la época de la imaginería espacial, plasmada también en 2001 Odisea del espacio (Kubrick, 1968), donde vemos la secuencia de primates echando flojera y después reaccionar ante la aparición de un monolito. Acto seguido, recrean la evolución a través del descubrimiento de herramientas para cazar.

Es probable por la cercanía genética, la curiosidad o la semejanza, los changos son los animales a los que más recurre el cine, casi a la par con las historias relacionadas con perros. La fascinación comenzó en 1933 con King Kong (Cooper), el gorila gigante que vive a todo dar en una isla perdida. Por la avidez humana, es llevado como atracción a Nueva York, con el consabido desenlace de su muerte. De aquí surgieron las incontables cintas donde se enfrentó a cualquier de criaturas de talla similar y solo le faltó un tiro contra Quetzalcóatl. Aunado a la tendencia setentera, en 1976 se estrenó otra versión (Guillermin); casi 30 años después hizo lo mismo el director Peter Jackson y retomado el buen Kong a partir de 2018.

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Con rasgos parecidos, es Mighty Joe Young (Shoedsack,1949), conocida por nuestros lares como Poderoso Joe o Mi gran amigo Joe: el gorila sustraído de África y llevado a Estados Unidos para el disfrute de la gente por observar al primate. En 1998 la casa Disney hizo el remake, con una entonces joven Charlize Theron y algunas modificaciones con respecto a la original.

La ficción se trasladó a la realidad con varios documentales, entre los que destaca Primate (Wiseman, 1974), donde se relatan las labores de laboratorio con chimpancés con el fin de conocer sus habilidades, además de las reacciones ante estupefacientes y alcohol. Igual de interesante es Gorilas en la niebla (Apted, 1988), enternecedor y a la vez crudo trabajo que narra las investigaciones de Dian Fossey en las montañas de Ruanda.

La saga de El planeta de los simios fue retomada en el año 2001, con la versión polémica de Tim Burton, incluido un Abraham Lincon en sus escenas finales. Diez años después, inició una nueva trilogía: (R)evolución, Confrontación (2014) y Guerra (2017), con efectos ya no desde el maquillaje, sino con tecnología digital. En las tres hay rasgos emparentados con las primeras versiones, incluido César, el líder que no era arisco, pero lo hicieron.

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Sin duda, la saga ha marcado a generaciones y es parte de la cultura popular desde hace más de 50 años, según consta el éxito en taquilla, los productos alusivos -videojuegos, calcomanías, figuras de acción, dulces-, además de las referencias y parodias. https://www.youtube.com/watch?v=DQSo2OH84ys . Cabe el comentario del maquillaje en sus primeras películas, que no ganaron los Oscar respectivos al no existir la categoría, sin embargo, años después recibieron uno honorífico.

Hasta aquí, todo muy monito. Como cité en líneas anteriores, los animales predominantes en las historias cinematográficas son los perros y los changos. Con la diferencia que, salvo los cánidos de Cujo, Los dóberman y La profecía, en los dogos se reflejan las relaciones afectivas y de apego con los humanos, ya no digamos en Siempre a tu lado, Isla de perros y tantas para llegar a la lagrimita ¿y qué hay de los primates?

Las cintas aquí descritas, quizá las más representativas, tratan sobre la invasión con el consiguiente exterminio, tráfico y el uso de sus cuerpos. Desconozco si voluntariamente o no, guionistas y directores enfatizan en esos temas y de algún modo nos muestran lo bastante que nos falta para el respeto y ética a los animales, en específico a nuestros primos cercanos.

No me asumo como ambientalista; mis acciones solo llegan a no usar mi auto algunos días a la semana y alimentar a pájaros, cacomixtles y tlacuaches que se acercan a mi casa, porque de algún modo invadí sus territorios. Tampoco niego mi gusto por la saga del Planeta de los simios, al menos a través de la ficción, los changos cobran venganza y nos ponen una buena friega. En El nuevo reino, hay un dialogo entre simios que ejemplifica lo expuesto: “Los ecos -humanos- siempre traen problemas”.

Epílogo: Cuando termino esta columna, salió la noticia de los monos aulladores muertos por las altas temperaturas en Tabasco.

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