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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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Además de Historia y Cine.



Cantinflas y el Jurado Popular

Los días decembrinos traen consigo las reuniones con seres queridos, se aprovechan los tiempos para degustar con la familia, amigos y personas cercanas a cada uno. También son días que la oferta televisiva recae en maratones de películas que por su repetición, se convierten en clásicas, logrando que el televidente memorice escenas y diálogos.

Son muchos los ejemplos, de la saga Mi pobre angelito a las cinco horas de Titanic, lo cual el espectador aprovecha para recuperar el sueño, durmiéndose en intervalos de la proyección por  las desveladas prolongadas. En cuanto a películas mexicanas se refiere, no falta Ahí está el detalle, película estelarizada por Mario Moreno Cantinflas, la cual contiene bastantes elementos para disfrutar y analizar.

Con un guion impecable de Juan Bustillo Oro, el cual hace lucir las actuaciones de Joaquín Pardavé, Sara García que aún no se convertía en la abuelita del cine mexicano, de Sofía Álvarez, a Dolores Camarillo como Paz la novia del vivaz Cantinflas, quien sin duda logró ejemplificar en este trabajo lo que representaba su personaje: el vago de barrio, de Tepito como él mismo lo menciona, altanero, pícaro, sin trabajo y por consiguiente recursos, pero sin preocuparle adquirirlos, por lo que recurre a su ágil palabra y acción para poder subsistir.

La dirección también de Bustillo Oro es por demás atinada y se nota también en el manejo de los actores secundarios, como los hijos postizos de Clotilde y Cantinflas, las autoridades que se desenvuelven en varios momentos de la película y los que acuden como espectadores en la penúltima escena de la cinta, que es el juicio a Cantinflas, acusado de matar al personaje Bobby y con el mismo alias, un perro al cual si logró dar muerte el protagonista principal, derivando con ello la confusión en la trama. Cabe decir que por este trabajo, Mario Moreno cobró $15,000.00, un sueldo por demás elevado debido al prestigio que ya tenía el actor.

Para el espectador y/o mejor dicho, para la historia del derecho en nuestro país, la escena del juicio contra de Cantinflas es por demás de alto valor histórico, debido a que pocas veces se mostró en alguna película un jurado popular, que si bien nunca se menciona, desglosando su funcionamiento se traduce como tal.

Este jurado fue una institución que tuvo vigencia en nuestro país de 1821 con diversas adaptaciones y delitos varios por sentenciar, hasta 1929 por lo que apenas tenía once años de abrogado el jurado como método para definir sentencias en relación al estreno de la película, ocurrida en 1940. Su origen era inglés y se pretendía entre varios aspectos que no fuera corrompida la justicia y por lo mismo se mantuviera al margen del poder judicial: el pueblo juzgando al pueblo. Era integrado por un juez de derecho, el cual debía ser abogado de profesión con cinco años de experiencia y que se encargaba de las averiguaciones y presidía el juicio.

El jurado lo conformaban once ciudadanos, quienes tenían registro en el Ayuntamiento, para nuestros tiempos algo parecido al registro en el INE y entre los requisitos eran que supieran leer y escribir, no haber sido enjuiciado, ni ser “tahúr ni ebrio consuetudinario”. Días antes se designaba el jurado por sorteo, haciendo llegar a los domicilios de los elegidos la función que debían desempeñar, siendo  sustituidos trimestralmente. El jurado escuchaba la lectura de las averiguaciones, además de los alegatos de las partes y por consiguiente definían la absolución o la condena de los acusados.

En la película en mención, tienen cabida los elementos de un juicio de estas características: el acusador en la figura del Ministerio Público, el defensor, el juez, el jurado popular, el acusado y sobresalen la prensa y el público que asistía, la mayoría por entretenimiento. Estos juicios eran ideales para las notas de los periódicos, lo cual se ejemplifica cuando los reporteros que están cubriendo el proceso contra Cantinflas comentan entre sí: “es un cínico”, “se nota la sangre fría del asesino”.

Al ser abiertos estos procesos, el público abarrotaba las salas de juicio, llegándose a repartir tarjetas para que el número de asistentes fuera limitado. Los casos que más llamaban la atención eran los homicidios, que al igual que otros procesos, tardaban días en la deliberación debido a la exposición de motivos del ministerio público y las declaraciones de la defensa y acusados, cuyos discursos podían tardar hasta cinco horas sin interrupción para buscar convencer al jurado. Los abogados se convirtieron más en oradores y poetas que en juristas.

Quizás el juicio más sobresaliente y paradójicamente el último de esta índole, fue el de la miss México María Teresa Landa Ríos, quien en 1928 asesinó al “amor de su vida”, el militar Moisés Vidal Corro, hombre con el que llegó a matrimoniarse y quien la celaba y prohibía a María Teresa leer periódicos, medio por el que se enteró que Vidal estaba casado y con dos hijos, motivo por el que descargó la pistola del militar para asesinarlo.

Fue tal la cantidad de gente que siguió este proceso, que se instalaron bocinas afuera del juzgado donde se verificaba el caso para evitar aglomeraciones debido al sobrecupo del recinto. Mujer de gran belleza, Landa Ríos argumentó al jurado entre varios argumentos que “sabrá comprender cómo los imperativos de mi destino me llevaron al arrebato de locura en que destruí, con el hombre a quien amaba con delirio, mi felicidad”. El público la vitoreó y el jurado fue convencido para absolverla.

En 1929 se reformó el código penal federal y se abrogó el jurado popular, entre varias razones porque se convirtió en una “máquina absolutoria”. Por consiguiente, los juicios se convirtieron en materia exclusiva de los juristas y no para ciudadanos que se dejaran llevar por la emoción y presión del momento.

Así que amable lector, si no ha visto Ahí está el detalle o ya la vio infinidad de ocasiones en esas tardes navideñas o de relajación, podrá ver de una manera por demás divertida una simulación del jurado popular, suceso que al igual que muchos actos en la historia, fueron dejados involuntariamente para regocijo de quienes disfrutamos de ella.

 

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidas.

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