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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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ADEMÁS DE HISTORIA Y CINE... 




De cuando los consumidores de marihuana se convirtieron en delincuentes (I).


Hace unos días, leyendo una nota periodística sobre  el actor Gael García y su amparo judicial para cosechar cannabis indica y por consiguiente hacer uso propio de esta hierba, es decir fumarla, el fallo fue favorable a su persona. Estas resoluciones por parte del máximo tribunal de nuestro país, se  han convertido en algo recurrente, ya sea para el uso medicinal o recreativo de la marihuana.

            Varias son las historias en México de personajes de la farándula relacionados con esta planta. Ahí está el caso del  músico Agustín Lara como consumidor y no precisamente para aliviar sus dolores musculares o reumáticos después de que tocara el piano. En una ocasión, un periodista le preguntó si fumaba esta sustancia para componer sus canciones, a lo que el flaco de oro con toda calma abrió un cajón de su escritorio, hábilmente elaboró un cigarro y le dijo a su entrevistador “Aquí tiene un cigarro de marihuana, fúmelo y componga una canción”. Silencio, no más preguntas.

            También están los mitos de Germán Valdez Tin tán, quien se decía fumaba entre bambalinas o cuando descansaba en su yate y literalmente viajaba más relajado. A saber si por eso gesticulaba demasiado en sus películas. Su hermano Ramón vencido por  cáncer pulmonar, fue delatado póstumamente por su compañera de profesión, Florinda Meza, quien comentó de los problemas que tuvo Don Ramón con las drogas. Solo son anécdotas, no pretendo estigmatizar a sus consumidores.

            Esta planta que recibe un sinfín de motes, para efectos de esta columna la referiremos como marihuana, por ser el  nombre que le dieron las autoridades al momento de su prohibición, en el código penal de 1929 y posteriormente reformado en 1931. La denominación, al parecer proviene de las curanderas que ocupaban esta planta en la medicina herbolaria. A ellas les llamaban Marías o Juanas, de ahí la mezcla lingüística.

            La herbácea de la que se cree era consumida en las culturas prehispánicas, lo cual es erróneo, tiene  su origen en Asia, llevada después por territorios de la actual Rusia para expandirse en Europa y traída por los españoles durante y  después de la conquista. Al ser de fácil cultivo y con climas propicios en tierras americanas, se propagó su uso el cual fue frecuente desde el periodo virreinal, ya sea terapéuticamente, auxiliar en la medicina, por su fibra textil o usada en festividades religiosas y recreativas.

            La libertad de consumo ocurrió hasta finales del siglo XIX y principios del XX, tiempo que se convierte esta y otras ahora llamadas drogas ilegales como la morfina, heroína, entre otras, en objeto de estudio por parte de algunos galenos, quienes consideraban que la marihuana tenía “propiedades embrutecedoras”. Sectores de la prensa coincidían en ello, además de la clase alta mexicana, quienes veían a sus consumidores, junto con los alcohólicos, como un “problema social”.

            Aparte de ser objeto de estudio, comenzó a ser objeto de impedimento, derivado de políticas internacionales, principalmente de Estados Unidos, quienes sufrían los estragos del aumento y descontrol de narcóticos en su territorio, por lo que comenzaron a prohibir su consumo, lo que  trajo consigo presionar al gobierno de México para legislar en ello y evitar la exportación de estas drogas. No es algo nuevo esto de las presiones venidas de nuestros vecinos norteños. 

El momento de prohibición, coincide con el  México que fue escenario de varios cambios, sobre todo los políticos, sociales, económicos y culturales derivados del movimiento armado de 1910, intentando el gobierno una verdadera revolución y adecuarse a los tiempos modernos, de los cuales se había atrasado.

Y ya que mencionamos la revolución, una de las canciones más populares de este periodo de lucha armada fue el corrido La cucaracha. Al parecer dedicada al entonces presidente Victoriano Huerta, que era alcohólico y consumidor de la planta en mención. Posteriormente se modificó la letra de la canción de un “marihuana que fumar” a  “una pata para andar”. También decir que  en las tropas oficiales y las rebeldes era fumada por unos y otros para aliviar la tensión, mitigar el hambre o en sus pocos momentos de relajación y entretenimiento.

Parte de los cambios que buscaban los gobiernos post revolucionarios estaba enfocado en nuevas leyes y códigos para  suplir a las que se encontraban vigentes desde el siglo anterior. Prueba de ello es la Constitución de 1917 y en nuestro caso, el Código Penal de 1929, que fue sustituido dos años después y que en sus artículos buscaron castigar a los consumidores y poseedores de la marihuana, tema del que continuaremos en nuestra siguiente columna.

 

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidos.

           

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