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COLUMNISTAS

Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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Goofy se llamaba Tribilín


Entre el universo de notas en internet, leía de un tipo que utiliza la imagen de un  Goofy humano y macabro, que en redes sociales insta a los menores a lesionarse, motivo por el que un niño se suicidó en la ciudad de Nápoles, Italia. Derivado de ello, me surgieron dos cuestiones. Primero, que aunque hagan berrinche, nunca está de más revisar lo que los menores bajo nuestra responsabilidad ven en la red y segundo, recordé que el entrañable Goofy, el larguirucho personaje de peculiar grito de Disney se llamaba Tribilín,  aunque los nacidos a finales del siglo veinte y principios del actual, lo conocieron con su nombre original.

La nombrada generación Z y la posterior, conocen de personajes de caricatura con sus denominaciones con los que fueron creados y poco o nada, saben cómo los bautizaron en nuestro país o región geográfica donde se proyectaban y si conocen de ello, quizás sea por las películas y series guardadas en casa o las que les muestran en YouTube u otros portales la tía, tío o los familiares que vieron siendo niños y se obstinen hasta el cansancio en mostrárselos a los críos.

Cambiar los títulos y nombres originales de los protagonistas, era un trabajo frecuente en la edición de las cintas de Warner Bross, 21st Century Fox, Universal, Metro Goldwyn Meyer y sobre todo Disney, con la finalidad que el espectador pudiera familiarizarlos y adoptarlos. Así, tuvimos por ejemplo a Mickey Mouse, que en Latinoamérica era Ratón Miguelito, para los italianos, elegantemente tenía nombre de modista, Michele Topolino y en la elegancia de Francia se conocía como Michel Souris, además de sus varias adaptaciones asiáticas, como Miki Kuchi en Japón.

Para el caso de México y Latinoamérica, desde las primeras películas animadas se optó por modificar los motes, como quedó constatado en la primera cinta de Disney, Blancanieves y los siete enanos (1937), en la que no conocimos a Sleepy y Grumpy, pero sí a Dormilón y Gruñón, por citar a dos de los protagonistas. Un problema al que se enfrentaron las compañías, fue el doblaje por la falta de empresas dedicadas a esta labor. El que se realizó de esta cinta, fue en los Estados Unidos con personal mexicano y cubano y que dio por resultado diversos acentos de los personajes, situación que se resolvió años después con nuevos doblajes.

Posteriormente, se otorgó la encomienda a una empresa Argentina, pero fue muy marcado su acento, como lo podemos constatar  en las películas Pinocho (1940), Dumbo (1941) y Bambi (1942), en las que escuchamos la pronunciación sudamericaaaana de los personajes. Esta situación cambió en 1943, cuando quedaron convencidos los ejecutivos de la marca del castillo de otorgar el doblaje de sus trabajos al equipo liderado por el mexicano Edmundo Santos, quienes pudieron lograr una pronunciación del español homogéneo, neutro.

Al optar por el doblaje mexicano, no solo de Disney, sino de la mayoría de las empresas cinematográficas, se transformaron los nombres, se incorporaron regionalismos y el humor connacional, el cual fue exportado a otras naciones hispanoparlantes. Si hubo una época de oro del doblaje en México, debió ser de los años cincuenta a los ochenta, periodo que involucró a notables actrices y actores, quienes también contribuyeron con ideas para los títulos y personajes.

Un actor que destacó, fue el extinto actor celayense Jorge Arvizu El Tata, quien realizó doblaje y colaboró en infinidad de personajes de series, películas y sobretodo en caricaturas. Entre las aportaciones del Tata, tenemos a Pedro Picapiedra, del cual no concebimos su nombre original: Fred Flintstone y menos si en la traducción Fred se traduce como Fede, hipocorístico de Federico. O familiarizamos más a Pablo Mármol que a Barney Rubble.

La productora Hanna – Barbera nos recetó muchas series animadas, como Top Cat, historia que transcurre en los barrios neoyorquinos y que consta de solo treinta capítulos, la cual se transmitió originalmente con poco éxito en los Estados Unidos en los años sesenta, pero en México tuvo una aceptación inusitada y mucho se debió a su  doblaje. Si Usted conoce a los personajes, sabrá de Demóstenes, Panza o Cucho, pero no de The Brain, Fancy Fancy o Cho Cho. Prueba de lo mencionado, es el enlace que le anexo, con un divertido dialogo que nada debe tener del guion original.  https://www.youtube.com/watch?v=fVut-x7QpGs.

En México, al igual que otros países, las caricaturas y series en los años ochenta comenzaron a mostrar a los personajes con sus nombres originales, lo cual se debió a la comercialización de sus productos y a que las películas y series animadas comenzaban a ser dobladas por empresas dedicadas a ello, como Character Voices, que tenía sede en varios países, desplazando poco a poco la creatividad de cambiar nombres y diálogos.

Los tiempos de globalización, en los que todos vemos lo mismo, detonó que las grandes corporaciones trasnacionales unificaran nombres y desplazaran los que conocimos antaño, como nos lo hizo saber la antes Rana René de los Muppets, quien en un video de Disney en el año 2011 dirigido para Latinoamérica y que parece más regaño que aclaración, nos dice que en México recibió ese nombre, pero el correcto es Kermit y quiere que se le nombre como tal.

Con los usos de la tecnología y por consiguiente el bombardeo de palabras en otros idiomas, además de su enseñanza en diversas instituciones, las generaciones actuales no saben de una película de título Rapsodia Bohemia, pero sí de Bohemian Rhapsody. Salvo pocas excepciones como Bob Esponja, caemos en la cuenta que en la actualidad no se modifican los nombres, incluso Peppa Pig quiso ser Peppa Cerdita, pero fue breve su momento para ese título en español y menos lo será para Phineas y Ferb, Steve Universe, Gumball o los títulos de las series Stranger Things, Walking Dead o Game of Thrones.

Solo son tiempos diferentes, de transición, ya será criterio de los generacionales X e Y   decidir si se refieren a Pink Panther o La Pantera Rosa, Fester Addams o Tío Lucas y recordar que Goofy se llamaba Tribilín, aunque ello implique para muchos, romper tradiciones venidas de la infancia.

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidas al correo

daniel71hernandez@hotmail.com




Fecha de publicación: 14/10/2020
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