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Daniel Hernández Hernández

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¡Viva Villa! Guanajuato y el legado del Centauro del norte (II).


En 1917 casi sofocados los movimientos convencionalistas de Zapata y Villa, que si no eran los únicos, sí los más importantes, se suscitaron enfrentamientos armados  contra el gobierno. Escudados como revolucionarios; unos ricos para la defensa de sus bienes y otros pobres para aprovecharse de la situación y subsistir delinquiendo, surgieron varios caudillos locales. Aquí algunos de ellos.

Rafael Núñez.-  Hacendado que se levantó en armas en Yuriria en 1917, movimiento al que se le unió gente de comunidades cercanas, con “bandera villista para la causa”. Las fuerzas oficiales lograron derrotar a la “chusma”, como eran denominados. Los vencedores no llegaron precisamente a poner el orden en la ciudad, ya que sin quien les hiciera frente, se dedicaron a saquear los bienes de la población. El término Carrancear, con poco o nulo uso en la actualidad, se refería al ejército de Carranza, quienes llegaban a cometer hurtos a donde eran requeridos. Núñez dejó las armas en 1919.

            Macario Silva.- También hacendado, atacó la ciudad  de Valle de Santiago y con sus tropas, tuvo un “combate terrible que dejó treinta y tantos muertos de los villistas”, por lo que se retiró del lugar. El Presidente Municipal  y el Jefe de Fuerzas Rurales, acordaron se aprehendiera a cuanto sospechoso se viera en la población.

            El movimiento armado de Silva culminó en 1918 y no aniquilado su líder por las tropas del gobierno, sino víctima de la influenza española que azotó a la población de Guanajuato, una “gripa más efectiva que los enemigos carrancistas”.

Matilde Alfaro.- Nacido en la ranchería El Xoconoxtle en el municipio de Salamanca, se enlistó como villista en 1915, participando en los combates de Celaya del mismo año. Luchó también a lado de Felipe Ángeles en Matamoros. Después de las derrotas en las batallas del Bajío, se unió al rebelde Inés Chávez García, con la idea de seguir combatiendo a Carranza. De 1915 a 1918 se enfrentó al gobierno con su grupo armado en las zonas de Salamanca, e Irapuato. Su cuartel se ubicaba en el cerro de Mendoza, ubicado entre estos dos municipios. Su tropa se componía de “cincuenta personas de a caballo y 10 personas a pie, todos armados y mal municionados.”

Alfaro tuvo el indulto en 1920 del presidente Adolfo de la Huerta y después fue asesinado en 1923 por órdenes del Coronel Rodolfo L. Gallegos, sonorense que se encontraba acuartelado en Celaya.

Francisco Paloalto.- Autoproclamado Coronel y villista como estandarte, se le recordaba entre los campesinos por acciones a su favor. En la hacienda de San Nicolás Esquirros, cerca de San Juan de la Vega, los capataces españoles golpeaban con garrotes a la servidumbre. Paloalto avisado, fue a la hacienda, “torturó y despellejó de los pies a algunos de ellos, para luego fusilarlos”.

            Celaya, Cortazar, Comonfort y sus alrededores fueron el campo de acción de Paloalto. Se sabe de sus ataques  a las haciendas que pertenecían a la ciudad de Celaya: Santa Rita, Méndez, Roque, San Juanico, entre otras.

            Una prueba de ello es la carta que le encontraron en sus pertenencias a M. Merced Meza, mujer comerciante y enjuiciada por el documento dirigido a Paloalto y de la que se lee textualmente: “ora es tiempo de darles en la madre a estos cabrones, aquí están en san guanico. Me tiene un cabron mula aquí ay  te mando esas 2 carrilleras y aca te tengo otro poco de parque también te digo que la acienda  de roque esta sola para que los chingues.”

            Ramón Ortiz.- De oficio jornalero, se volvió partidario de Villa, después de que un coronel carrancista, lo apresó, “acusándolo de juntar rifles y caballos para apoyar el villismo”. Luego de que lo dejaran libre no sin antes ser golpeado, organizó una partida pequeña a fin de luchar contra carrancistas y obregonistas, esto en el bajío. Murió en marzo de 1918,  en un enfrentamiento con las tropas del gobierno en el Estado de Jalisco.

            Otro líder y de quien más sea escrito, fue Inés Chávez García, personaje que perteneció al ejército de Villa y que se asentó en Michoacán, incursionando en municipios del sur de Guanajuato para tomar bienes de las oficinas gubernamentales.

            Los enfrentamientos entre rebeldes y gobierno comenzaron a disminuir en 1919 y   no porque las fuerzas oficiales fueran eficaces. La rendición de algunos líderes, la amnistía que ofreció el gobierno a varios de ellos en un afán de pacificar el país y ello aunado a  la epidemia de influenza que afectó a la población en general y a la cual se sumaron Chávez García y varios rebeldes.

             Sin embargo el país estaba fracturado; de 1914 a 1919 habían muerto aproximadamente un millón de mexicanos, una cuarta parte en batalla y el resto por el hambre, tifo e influenza española.

             Legado benéfico o en perjuicio, Francisco Villa indudablemente forma parte de la historia de la región. Para culminar, solo dos preguntas del otro lado de la moneda ¿Qué hubiera sucedido si Villa derrota a Obregón? ¿Estaría escribiendo y usted leyendo El legado de Obregón en Guanajuato?

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidos.

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08/05/2019 19:21:05

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