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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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Además de Historia y Cine.



Las caricaturas me hacen llorar

Puedo asegurar que en algún momento ya sea como infantes o adultos, hemos disfrutado  lo que conocemos como caricaturas. Palabra de origen italiano y cuyo significado es caricare, para nuestro español sería cargar, exagerar. La caricatura es un retrato  parecido y en muchas ocasiones exagerado de algún personaje, no necesariamente humorístico, ya que hay deidades que son representadas de esta manera.

También decimos de algunas personas que “son una caricatura de sí mismo” debido a la auto parodia o repetir el mismo chiste, canción o frase todo el tiempo ¿Podrán ser Alex Lora, Hugo Sánchez o Eugenio Derbez ejemplos de ello? Solo es pregunta.

Usualmente decimos caricaturas a las historietas y a las series o películas animadas, lo que mejor dicho, estas se encuentran llenas de caricaturas. Si recurrimos a ver una película o programa de estas características decimos que “vamos a ver caricaturas” o “al cine a ver una película de caricaturas”, porque tendemos a abreviar palabras para efectos prácticos, así como omitimos en la actualidad decir cinema, que sería lo correcto al referirnos al recinto o lugar de proyección, ya que cine se refiere a la cinta, al trabajo artístico.

Polémica o discusión aparte de los términos, las caricaturas datan de la Italia del siglo XVI, ideadas para los adultos con la finalidad de satirizar políticos, personajes de la iglesia y al pueblo mismo. Debido a su éxito, fue propagada a otros países de Europa y posteriormente a los demás continentes. Los códigos prehispánicos, las pinturas africanas y las litografías asiáticas, no se consideran en este grupo, ya que su finalidad no era lo que pretendían los europeos.

Con mayor difusión a finales del siglo XIX y principios del XX, cada país llegó a tener  caricaturistas que ofrecían sus trabajos  en gacetas y periódicos. En México tuvimos en esta época un excelente ejemplo con José Guadalupe Posada, crítico de la vida cotidiana del país y que de varias formas podemos distinguir el trabajo del nacido en Aguascalientes, como La calavera garbancera, la cual retomó después Diego Rivera como La catrina y por demás difundida.

A partir de 1905, europeos y estadounidenses, perfeccionaron sus caricaturas y lograron hacer los primeros cortos animados para los proyectores cinematográficos. Casi contemporáneo, comenzó la vanguardia japonesa con el ahora conocido anime, una abreviatura de animeseshon y que tuvo diversos nombres anteriores a este.

Los dibujantes japoneses supieron darle identidad a sus animes, hasta lograr con el tiempo clasificar sus trabajos para todas las edades, ya sea en revistas o mangas, en series y películas animadas y después ser productos de exportación en animaciones como Astroboy en los años sesenta y a partir de ahí su masificación en occidente, México incluido. Eso sí, no sabemos si algunas eran ideadas para  niños o adultos, pero vaya que son auténticos dramas que quedaron en el recuerdo no grato de muchos infantes.

Para muestra tenemos a Candy Candy, con su romance y tragedia incluida con Anthony y demás galanes. Remi fue otra de estas sufridas historias, la cual se basada en la novela francesa Sin familia, de Héctor Malot. A este Remi si que le iba de mal en peor, hasta que finalmente el destino dijo que lo suyo, era una familia acaudalada y con eso se acabaron sus pesares. A saber.

Los doblajes eran editados en Argentina y Venezuela principalmente y los títulos adaptados de las caricaturas en Latinoamérica, digamos que variaban de los originales. La abeja Hutch se convirtió en José miel y era un Remi en versión insecto, solo que a este José por ser delgadito, le cargaban problemas y no pocos golpes. Y ¿Qué tal el Capitán Tsubasa conocido en nuestros rumbos como Los súper campeones? Estos ases del futbol jugaban en lo que parecían canchas kilométricas, ya que podían pensar y conversar jugando sin cansarse sus futboleros personajes. Ha circulado que toda la caricatura fue un sueño del protagonista Oliver, a quien le amputaron las piernas.

Si los japoneses nos querían mostrar fatalidades caricaturescas, la casa Disney hizo lo mismo con varios de sus trabajos. El señor Walt y sus sucesores se empeñaron en que sus películas dejaran huella, que mejor sería decir trauma en sus infantes consumidores. La mejor muestra fue Bambi (1942), una animación que copiaron los nipones, solo hay que ver las proporciones de los ojos y que en el transcurso de la película matan a la mamá del ciervo protagonista.

Y así nos podemos seguir como la humillación al elefante Dumbo (1941), al abandono de animales en El zorro y el sabueso (1981), proyección  que en estos tiempos sería denunciada por alguna asociación protectora de animales y más reciente el Rey león (1994), del que por cierto es una cinta que raya en el plagio de la japonesa Kimba el león blanco (1960), películas que  lograron el cometido de hacer lagrimear al respetable.

Son muchos los ejemplos que podemos seguir citando y seguramente usted, amable lector recuerde muchos más dramas animados, los cuales abundan y han logrado que saquemos una lagrimita Remi, con el ojo dilatado y tembloroso. No abordamos las caricaturas que su finalidad eran solo el gusto de hacer reír, tema que abordaremos en otra ocasión.

Por cierto, el título de esta columna, “Las caricaturas me hacen llorar”, es una canción dentro del catalogo de Los años dorados del rock en México, de Queta Garay la misma que interpretó originalmente en los sesenta “La chica ye ye”. En su letra palabras más, palabras menos, menciona que por entrar al cine vio a su novio, su gran amor, con su mejor amiga, quienes se sentaron frente a ella y comenzaron a besarse, provocando que la sufrida Queta llorara al ver al Pato Donald en pantalla. Lo más seguro es que la canción logró y aún logra sensibilizar y hacer llorar a muchos escuchas, por su contenido y por la pena ajena de su letra.

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidas.


31/01/2020 

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