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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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De cuando los consumidores de marihuana se convirtieron en delincuentes (II)

En la entrega anterior, comentaba que los gobiernos en México después de culminada la revolución buscaron estar a la par de las naciones de mayor progreso. Parte de ello fue el sustituir legislaciones que se habían sido emitidas en el siglo diecinueve.

            Para entonces, las drogas se habían convertido en tema de discusión, análisis y prohibición en países europeos y con mayor énfasis en los Estados Unidos, debido al incremento en sus consumidores. Sin que fuera un problema en el país, el gobierno de México comenzó no a regular  las drogas, sino buscar erradicarlas a través de sanciones administrativas y penales.

            Las drogas se convirtieron en objeto de persecución por parte del Estado, una a través de la salud pública con el Código sanitario de 1926  y en lo judicial con el Código Penal Federal de 1931. En ambas legislaciones se contemplaba castigos a quien comercie, cultive importe, exporte, elabore, posea, use, consuma y en general todo acto de adquisición, suministro o tráfico de cualquiera clase que se haga con drogas enervantes en la República,

La marihuana estaba dentro de estas “drogas enervantes”, las cuales justificaban los códigos que “tienen propiedades análogas y que usándose viciosamente, envenenan al individuo o degeneran la raza”. Lo cual lleva a pensar que a las autoridades les preocupaba que de ser orgullosamente la “raza de bronce”, nos convertiríamos en la raza de latón o algún metal de menor valor.

De pronto esta persecución se convirtió en problema tanto para las autoridades como para los consumidores, quienes en la mayoría de los casos desconocían que la sustancia que plantaban en casa o compraban a bajo costo para usarla relajada o medicinalmente, los transformaba en delincuentes.

Imagine el lector, que en los años treinta cerca del noventa por ciento de la población en México era analfabeta y los medios de comunicación se concretaban en periódicos, carteles en lugares públicos o distribuidos de mano en mano y difícilmente se enterarían de disposiciones gubernamentales. Como si usted actualmente o su servidor, nos tomáramos la bebida alcohólica de nuestra preferencia o fumando el cigarro de  elección y nos convierte en transgresores de la ley por alguna disposición oficial de la cual poco o nada  fuimos notificados.

El Juzgado de Distrito, con sede en el ahora museo de la alhóndiga de granaditas y que también era cárcel en la ciudad de Guanajuato, se llenó de acusados por esta falta. Citaremos algunos procesos judiciales, los cuales son parte de una investigación de quien esto escribe, para ejemplificar los primeros juicios sobre el entonces nuevo delito.

Como hemos mencionado, la marihuana estuvo (o está) asociada a las clases bajas o marginales, aun cuando es consumida por gente de todos los estratos sociales. En 1932 en la ciudad de León, Guanajuato, José Mendoza quien portaba un cigarro de la mencionada hierba, fue acusado de “escándalo en la vía pública, ratero conocido y fumar marihuana.”

En la misma ciudad, en 1931 Guillermo Hernández, de oficio peletero, fue acusado de “vicioso de la marihuana” y sentenciado a 10 meses de prisión, o bien una fianza de $600.00, a lo que argumentó al juzgador: “Esa cantidad no me es posible conseguir de ninguna forma, dadas las condiciones de pobreza paupérrima que me encuentro”.

                  Ante la carga de trabajo, el ser canalizados de todo el estado de Guanajuato a un solo juzgado y por consiguiente el trabajo de un solo juzgador, los procesos demoraban demasiado. Prueba de ello con Enrique Govea, detenido y encarcelado  porque le encontraron “una colilla de cigarro con marihuana.” Su reclamo fue “Ya voy para 6 meses en la cárcel y por mas audiencias que le mando al Juez, no he podido saber de mi causa”. Fue sentenciado a 9 meses de prisión.

Muchas mujeres fueron procesadas, ya sea por vendedoras, traficantes sobre todo en las prisiones o por consumidoras. María Rodríguez, señalada como vendedora de marihuana, pidió al Juez “en virtud del embarazo que sufro y como podría peligrar mi vida en el momento del alumbramiento que está próximo, además las condiciones de  la cárcel de esta ciudad son bien penosas, vengo a implorar su reconocida humanidad para que me conceda la libertad caucional”. Esa libertad no le fue concedida.

            Los criterios no estaban definidos y eran dispares las sentencias. J. Santos Martínez, fue remitido por “robar un gabán, un vestido de señora y amagar a sus víctimas con un cuchillo, además que le encontraron entre su ropa un paquetito con marihuana”. Por pésima conducta en la cárcel y por los antecedentes, lo sentenciaron a dos años de prisión, misma pena que a Tranqulino Salazar, a quien le incautaron “87 kilos de marihuana en rama y de la deshojada en un cesto y un envoltorio de papel, son  2 kilos, 380 gramos”.

            Para Tranquilino se determinaron los dos años de sentencia “tomando en cuenta la naturaleza del delito cometido, las circunstancias personales de este, su educación, estado físico y la buena conducta pasiva acreditada”. Posteriormente quedó  “en absoluta libertad”. Observamos entonces, que no se castigaba por la cantidad incautada, sino por el comportamiento de los inculpados.

            José Domingo Schievevnini, quien ha realizado trabajos sobre esta planta,  menciona “era fumada con fines recreativos, sin embargo estos usos eran marginales y no eran peligro para la salud y la higiene pública de la sociedad mexicana. La razón con que las autoridades sanitarias decidieron prohibir el cultivo y comercio de la marihuana  sigue siendo una interrogante histórica”.

            La cannabis indica como causa de delito, cumple noventa años en México y no se ve fecha cercana para que sea consumida con plena libertad. Tema por demás polémico y estigmatizado, con trasfondos económicos, sociales, políticos y que lleva a las preguntas ¿Legalizarla o no legalizarla? ¿Consumirla o no consumirla? He ahí los dilemas.

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidos.

 

           

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