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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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ADEMÁS DE HISTORIA Y CINE.



A toda madre

La celebración de las progenitoras en México debe ser el día más festivo y para muchos, nostálgico del año. No podemos equipararlo con el 14 de febrero porque resulta que no todos buscan o tienen pareja ese día y otros más no creen en el amor. Menos aún el recién celebrado día del niño, porque resulta que los infantes no son del agrado de toda la gente o no todos tienen un niño cerca, pero si tienen o tuvieron madre.  

Tampoco el día del padre es parámetro de comparación. Aunque se ha intentado una igualdad en esto de los reconocimientos, no tiene un arraigo como festejo. Difícil que en honor al papá hagan festivales en que las niñas y niños de preescolar bailen no tan gustosos el ratón vaquero o pajaritos a volar o que los alumnos de 3° B de secundaria canten acompañados de su maestro de música y su guitarra acústica el sinónimo de Señora de Denisse de Kalafe. 

Las cabecitas blancas  y no me refiero a nuestro mandatario y varios miembros de su gabinete, son sinónimo de respeto y grandilocuencia. No es fortuito referirnos a la madre como Jefa para saber quién tiene el mando de muchos hogares. Y siguiendo la línea coloquial, el término madre lo aplicamos acompañada de otras palabras,  para la mayor de las ofensas. También para referirnos a lo mejor que hay, para describir el tope de un lugar o para lo bien que la pasamos: Está con madre, está hasta la madre, me la pasé a toda madre y así  podríamos seguir con esta sublime palabra.

Quizás para quienes ejercen la religión católica, va a la par el festejo del 10 de mayo, fecha que se celebran a las madres en México, con el 12 de diciembre, día que se conmemora a la virgen de Guadalupe y no es mera casualidad: ambas femeninas, protectoras y confidentes de peticiones, penas y logros, al punto de casi sacralizar a quienes nos concibieron.

La celebración tiene orígenes místicos y religiosos y no es reciente reconocer y venerar a las madres. En las civilizaciones griegas y romanas se conmemoraban a las madres de las deidades zeus y júpiter respectivamente, tradición que se transformó en el cristianismo europeo y se comenzó a venerar a María, la madre de Jesús. Caso similar con la mayor parte de las culturas antiguas, incluyendo a la mexica, que tenían a  coatlicue como diosa de la fertilidad y a su vez, madre ni más ni menos que de huitzilopochtli el dios del sol y la guerra, entre más deidades. A nivel global, todos veneramos y admiramos desde los ancestros a la madre tierra o a la madre naturaleza.

También trastocando aspectos fervorosos, la iglesia metodista en los Estados Unidos instauró este festejo en 1905, pero ya no a dioses. Anna Jarvis, miembro de esta congregación, comenzó a hacer campañas para honrar a su madre fallecida y las de toda la población, logrando que en 1914 se convirtiera el día de las madres en fiesta nacional  por decreto del entonces presidente Woodrow Wilson, personaje no muy grato para la historia de México en tiempos revolucionarios.

En nuestro país con la costumbre de emular varios eventos que otras naciones hacen, a partir del 10 de mayo de 1922, época de una reconstrucción nacional que no podía afianzarse, se festejó por primera vez a las madres, auspiciado el festejo por el director del periódico Excélsior, además del entonces Secretario de Educación José Vasconcelos y por la iglesia católica, a pesar de las fricciones que había entre esta y el presidente Álvaro Obregón.

Mucho ayudó para arraigar este festejo las cintas de la llamada época de oro del cine mexicano. Películas donde la figura materna sobresalía como soporte de los hijos ante un padre alcohólico, desobligado, mujeriego  y con una gran dosis de machismo tan aceptable en su momento. La madre de todas las madres en el cine mexicano es Sara García, quien también se convirtió en la abuelita del género, por lo que para lograr su primer papel como anciana, se mandó quitar 14 dientes a sus 39 años de edad, rol con el que siempre la hemos de identificar.

Tenemos varios ejemplos de actrices como abnegadas mamás, desde la sufrible Libertad Lamarque, acompañada de su  inconfundible acento sudamericano a Marga López en La amargura de ser madre, Evita Muñoz Chachita en La pequeña madrecita, Carmen del Valle en Mamá solita y muchas más que salían adelante pese las adversidades, lo que provocaba que el respetable público aplaudiera o llorara sus hazañas en las salas cinematográficas de aquel tiempo.

Este apego en México es por demás fuerte y respetuoso. Es casi imposible hacer  crítica o comentarios a madres que se vuelven manipuladoras, controladoras y sobreprotectoras. Complicado será ver de un realizador nacional una película como Psicosis de Alfred Hitchcock, en la que el protagonista Norman Bates denota que sufrió abusos físicos y psicológicos en su infancia por parte de su madre y en su etapa de adulto no logra desvincularse de ello. O que se hagan canciones como Mother del extinto grupo inglés The police, cuya letra traducida dice “El teléfono suena otra vez, es mi madre ¿Por qué no me deja en paz?, no necesito a mi madre como amigo… con cada chica que salgo se vuelve mi madre”.

Tema por demás amplio y con diversas vertientes, en lo inmediato enfatizamos nuestro reconocimiento y aprecio a las mamás. Sí, a toda madre por su responsabilidad y trabajo diario, además de recordar con afecto a las que terrenalmente han partido y el deseo que exista una igualdad en la educación y oportunidades a todas las mujeres que desempeñan tan loable tarea.

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidas. 


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12/05/2020

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