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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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Promesas y mentiras


Las promesas son palabras ofrecidas para buscar a futuro un beneficio a otros o el común, según sea el caso. Se dice que el prometer no empobrece y por esa razón se otorgan a amigos, familiares y parejas. Relacionados, están los acuerdos laborales para mejorar posiciones y sueldos. También hay los que hacemos a niños y adolescentes en el afán de que vayan derechitos y obedientes. Ya no digamos en las campañas electorales cuando los candidatos nos ofrecen cielo, mar y tierra. Pero lo triste es cuando estas promesas se convierten en mentiras, que provocan con justificación, el enojo y frustración de quienes las recibieron.

Esperemos que eso no les suceda a quienes disfrutan la metralla auditiva mascando fierro y puedan irse preparando para un viaje de ochocientos kilómetros -al menos para los que viven en el centro del país- y disfrutar sin costo un concierto de Metallica en Reynosa, Tamaulipas, promesa de evento que hizo el candidato del PVEM Carlos González, justificando que “la lana es de nosotros y hay que invertirla” o lo que eso signifique y desear que González gane y cumpla su palabra, de lo contrario  decepcionará a los entusiastas hijos del metal.

Los tiempos electorales traen consigo variedad de discursos de los candidatos, algunos sensatos y otros más, que si no resultan triunfadores, deberían premiarlos por las ocurrencias propias y de sus equipos de campaña, porque al enterarse la ciudadanía de sus promesas, nos dan la pauta para conversaciones cafeteras en las que nos llevamos la mano de golpe a la frente, movemos la cabeza negativamente con una sonrisa resignada y da tema para escribir lo que ustedes amablemente leen. Pero esto de las promesas y propuestas de candidatos existen desde que hay elecciones, nada reciente. (A manera de complemento, les comparto sobre las campañas electorales https://www.agoragto.com/columnistas/daniel-hernandez-hernandez/campana-sobre-campana/ )

Desde el siglo diecinueve que se llevan a cabo elecciones en nuestro país, los candidatos presentan iniciativas buscando convencer que habrá mejoras con respecto a sus antecesores. El asunto es que si algún candidato no gana, hará el pataleo y berrinche de su vida al rebelarse contra el triunfador, acción tampoco novedosa. En las votaciones que se verificaron en 1871 ganadas por Benito Juárez, provocó que el candidato Porfirio Díaz promulgara y se rebelara contra el gobierno mediante el Plan de la Noria, documento que entre varios puntos se pronunciaba contra la reelección de Juárez, aunque después Porfirio  Díaz Mori se contradijera y superara por mucho eso de calentar la silla presidencial.

También por promesas sin cumplir, se suscitó la pugna entre zapatistas y maderistas en 1911. Francisco I. Madero había acordado un año antes con Emiliano Zapata que si llegaba a la presidencia, devolvería las tierras hacendarias a los campesinos morelenses, acción que no concretó y de pilón para evitar problemas mayores, el Ejército Federal quiso acabar con la vida de Zapata, quien por medio del Plan de Ayala, se levantó en armas contra el gobierno.

El asunto del reparto de tierras, fue una constante sin solución durante los gobiernos postrevolucionarios y los candidatos promovían en sus actos de campaña soluciones que no fueron del todo satisfactorias cuando ejercieron el poder y quedaron solo en promesas medianamente resueltas. Posteriormente en los años cincuenta, en un México que buscaba la modernidad a la par otras  naciones, con un progresivo Distrito Federal de estandarte y una provincia donde prevalecía el cacicazgo disfrazado, los candidatos agregaron a la cuestión agraria la erradicación de la pobreza, palabra sólida, sin caducidad en las campañas electoreras.

A partir de los años setenta, los aspirantes comenzaron a prometer no solo finiquitar la pobreza, sino también la corrupción, la que define el politólogo Stephen Morris como “el uso ilegítimo del poder público, para el beneficio privado”. Rasgos de corrupción venían acompañadas con frases como la de Álvaro Obregón, cuando mencionó “nadie aguanta un cañonazo de cincuenta mil pesos”, pero se acrecentó o mejor dicho, se convirtió en objeto de análisis para su erradicación a partir de la campaña de José López Portillo, que de su solgan “La solución somos todos”, se convirtió al final de su mandato en “La corrupción somos todos”, una promesa electoral aún vigente.

La llamada alternancia en el poder, trajo consigo ilusiones para los votantes. Después de los mandatos del entonces partido oficial, el PAN representaba aire fresco, pero nos enfrentamos a promesas de sus candidatos presidenciales un tanto estrambóticas, como la de Vicente Fox, quien decía podía culminar el conflicto del EZLN en quince minutos, pero nunca nos dijo que tomaría en cuenta los horarios del planeta venus, cuyo día tiene una duración de 5832 horas.

De los últimos presidentes, Felipe Calderón prometió en campaña un país con acuerdos migratorios con Estados Unidos, además enfatizó lograr un México tranquilo y en paz, discurso que no supimos a quién iba dirigido. Culminados los mandatos panistas y con mayor o igual creatividad, Enrique Peña Nieto se obligó ante notario público cumplir 266 compromisos, entre los que destacaban la eliminación de cien puestos para diputados federales y la creación del Sistema Nacional Anticorrupción, con los resultados tan conocidos.

La pasada campaña electoral, estuvo la propuesta del candidato independiente Jaime Rodríguez El bronco, que decía iba a “mochar las manos a los corruptos”, además de que si ganaba, regalaría tacos a todos los mexicanos. Y ¿qué hay de las que propuso Andrés Manuel López Obrador en caso de llegar a la presidencia? Únicamente citar su promesa de culminar la guerra contra el narcotráfico en tres años, además de reducir los índices de delincuencia. Veremos que sucede mientras las hojas del calendario siguen cayendo.

Sí, las palabras convencen, pero es mejor cuando los hechos son amores y no buenas razones. Nadie está exento de las promesas en este largo y sinuoso camino de la vida, pero debemos ser cautos de quienes las emiten, dependiendo la confiablidad y ética de las personas y así evitar que las promesas se conviertan en chistes involuntarios y en el peor de los casos, en grandes mentiras.

 

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidas al correo

ademasdehistoriaycine@gmail.com


//Fecha de publicación: 26/04/2021

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