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Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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SALVO SU MEJOR OPINIÓN


EL ARRAIGO A NUESTRA TIERRA

Siempre me he sentido orgulloso de ser celayense, no sé si porque de manera indirecta me lo inculcaron mis padres con sus pláticas sobre el pasado de la ciudad, quizá las amenas charlas que sostuve con mi nana sobre los tiempos de la revolución alentaron ese sentido de pertenencia al terruño, probablemente las historias que mi abuelita Dada aún me cuenta hayan influido, puede ser que mi pasión por la historia y la política haya sido el detonante de ese amor, de ese respeto y de esa veneración que siento por Celaya; también estoy cierto que el ser nieto de dos ex presidentes municipales pudo influir en mi forma de ver a esta ciudad, que familiares tan cercanos hayan tenido ese gran honor es algo que por lo menos desde mi punto de vista, te da otra perspectiva sobre ti mismo y sobre el propio municipio.

Recuerdo perfectamente que en mis tiempos preparatorianos, en las charlas de sobre mesa con varios amigos, algunos más cercanos que otros, era recurrente el cuestionamiento sobre en qué ciudad te gustaría vivir, Querétaro era la favorita tratándose del territorio nacional, cuando se remontaban al extranjero mencionaban algunas ciudades de los Estados Unidos o Canadá, ninguna del continente europeo porque les parecía muy lejano; posterior a eso se preguntaba ahora que dónde te gustaría conseguir trabajo, de nueva cuenta Querétaro se imponía, pero algunos contestaban que de ser preciso se irían al último lugar del mundo sin chistar, sin dudarlo, como si no dejaran nada tras de sí.

Cuando llegaba mi turno, invariablemente respondía que aquí en Celaya me sentía muy a gusto, que no me iría de mi ciudad a menos que las circunstancias así lo ameritaran, tal vez soy un tanto cuanto nostálgico en ese sentido, pero para mí esta ciudad representa todo lo más importante que ha acontecido en mi vida, aquí crecí, aquí viven mis familiares más cercanos, aquí construí relaciones de amistad que perduran hasta la fecha, aquí he sido feliz, ¿por qué irse? No critico a los que lo hayan hecho, pero siento que mis respuestas algunas veces eran comentadas, como dirían los romanos sotto voce como un síntoma de un arraigado provincianismo, de falta de ambición o de no querer poner en riesgo el llamado estado de confort del que tanto hablan los psicólogos; aunque tampoco puedo negar que haya cierta verdad en esos comentarios, personalmente no lo veo así, recuerdo que cuando los dardos apuntaban al blanco, o sea yo, las preguntas se dejaban caer como en cascada, ¿Por qué te quedas en esta ciudad? ¿Qué te ofrece? ¿Qué pretendes? Y un largo etcétera, yo contestaba que si en mi tierra encontraba el modo y la forma de desarrollarme en las actividades que amaba, no le veía sentido a una partida, ni prematura ni tardía de esta ciudad, alegaba que si desde alguna de mis trincheras, colaboraba aunque fuera en forma mínima en beneficio de la ciudad que me dio todo, así lo haría y aunque tampoco considero que gracias a mí muchas cosas hayan cambiado, sí suelo participar en las convocatorias que las autoridades culturales promueven, sea un ensayo, sea el préstamo de objetos, sea una conferencia o desde esta colaboración que ya tiene poco mas de 8 años de publicarse.

En septiembre del 2010 cuando una prima lejana de Guatemala visitó Celaya, yo hice las veces de improvisado guía turístico y he de reconocer que me sorprendí favorablemente porque se me fue todo un día recorriendo los magníficos templos, los murales de don Octavio Ocampo en el Palacio Municipal, el Museo, La Tradicional de Salgado y un largo etcétera, mi familiar dijo sentirse totalmente satisfecha, le gustó la ciudad y yo sigo pensando que podría ser mucho más explotada, no solo en el turismo de negocios, también en el cultural.

Ahora que Celaya conmemora los 100 años de los combates que definieron el rumbo del país, es preciso participar, enterarnos, leer, investigar, ahora que los valores cívicos se encuentran por los suelos, bien les vendría a las nuevas generaciones enterarse de los sucesos aquí acontecidos, que sin temor a equivocarme, revistieron de suma importancia para la historia nacional; me dio muchísimo gusto que existieran tantos y tantos eventos que recordaran las batalles de abril de 1915, desde exposiciones fotográficas hasta recreaciones, desde la develación de un bello mural en la presidencia municipal, hasta magnas conferencias, desde una cápsula del tiempo hasta la expedición de un billete de lotería.

Felicidades a Celaya, felicidades a todos los que lo hicieron posible, sintámonos orgullosos de esta ciudad, para que con ese mismo ánimo, participemos activamente y construyamos juntos la ciudad que queremos.



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