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Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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SALVO SU MEJOR OPINIÓN


GUERRERO; RETAZOS DEL PASADO

En 1995 la matanza de Aguas Blancas le costó el puesto al entonces gobernador de Guerrero Rubén Figueroa Alcocer, quien tuvo que renunciar al cargo, pero dejó en su lugar al más avanzado de sus alumnos, Ángel Heladio Aguirre Rivero; 19 años después, los sucesos ocurridos en Iguala la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre del presente año, le costaron el puesto a Ángel Aguirre Rivero, quien no pudo soportar la presión tanto del gobierno federal como del partido que lo llevó al poder por segunda ocasión, el PRD, quienes en un principio habían cerrado filas para respaldarlo y luego comprendieron que el costo político era demasiado alto como para seguir solapándolo.

Ángel Aguirre es parte de una de las escuelas políticas más mafiosas, caciquiles y corruptas del país, el estado de Guerrero ha sido siempre un lugar conflictivo, peligroso y cuna de grandes sátrapas que se creen los dueños del lugar y hacen y deshacen a su antojo con total impunidad; cuando Rubén Figueroa tuvo que irse, Aguirre asumió el cargo como gobernador interino, era entonces un furibundo priista que fue denunciado en innumerables ocasiones por represión contra integrantes de la izquierda en Guerrero, por eso resultó inconcebible que en el 2011 cuando Aguirre quiso volver a ser candidato del PRI y luego de que aparentemente se había comprometido con el entonces secretario general tricolor Jesús Murillo Karam a respaldar a su primo Manuel Añorve Baños como candidato a gobernador de esa entidad, el PRD lo haya cobijado, convirtiéndolo en su abanderado y colocándolo en el gobierno por segunda vez; todavía recuerdo aquella ridícula escena en la que Marcelo Ebrard, aún jefe de gobierno de la ciudad de México abrazaba feliz a Aguirre, mientras este último recargaba su rostro en el hombro de Ebrard; todavía recuerdo que el PAN hizo declinar a su candidato Marcos Parra en favor de Aguirre y cuando el líder de los blanquiazules César Nava llegó a las oficinas de campaña del PRD fue ovacionado por los presentes; hoy, tras los trágicos sucesos de Iguala, ni Ebrard ni Nava parecen recordar aquello.

Luego de que ha brotado tanta porquería, hoy sabemos que el diputado local Oscar Díaz Bello le hizo saber a AMLO en el 2011 de los supuestos nexos de Abarca con el crimen y el tabasqueño se hizo el desentendido, hoy niega siquiera haberlo conocido, pero no menciona ni en una sola línea a Lázaro Mazón, padrino político de José Luis Abarca y a quien días atrás había ungido como el candidato de MORENA al gobierno guerrerense en el 2015; hoy sabemos que René Bejarano hizo del conocimiento del procurador Murillo Karam y luego del Secretario de Gobernación Osorio Chong la clase de persona que era Abarca y estos últimos no hicieron nada, se estaba negociando el Pacto por México y no querían dañar el asunto, políticamente se comprende, pero eso no los exime de responsabilidad.

El presidente Peña Nieto se encuentra sin lugar a dudas ante el mayor escándalo de seguridad de su sexenio, lo que a mediados de septiembre se había convertido en una exitosa visita a Nueva York en donde fue elogiado por lograr tan ambiciosas reformas estructurales, luego de lo ocurrido en Iguala, nuestro país ha sido destrozado por influyentes diarios como The Economist o The New York Times, los halagos se han convertido en ácidas críticas al gobierno de Peña, que hoy parece pasmado ante la situación y que a pesar de que se ve que están trabajando para esclarecer el asunto, como dice el dicho “ahogado el niño, a tapar el pozo”.

La reacción del presidente coincide con sus críticos de campaña, aquellos que decían que era un político de escenarios previamente construidos, que no se sale del guion por nada del mundo y al que le cuesta improvisar, así es retratado en el libro “Los suspirantes 2012” que coordinó Jorge Zepeda Patterson; la violencia no era parte del guion y ahora no sabe cómo responder, aunque saber gobernar también implica dar malas noticias.

Quizá nos encontremos ante la punta del iceberg de complicidades y omisiones de mucho tiempo atrás, Aguirre ya se fue pero la descomposición social se queda y se requerirá que la federación y el nuevo gobierno guerrerense se apliquen en serio para revertir tan penosa situación que hoy tienen a Guerrero al borde del naufragio, ¿se necesita un comisionado para ese lugar? Yo creo que sí, pero la proximidad de las elecciones no hacen políticamente viable esa figura.

Por cierto, el lunes, el periodista Ricardo Alemán publicó en su columna de El Universal que en 2009 ese diario había dado a conocer una historia en la que el nuevo gobernador Rogelio Ortega Martínez era un enlace de las FARC en México, ¿será?
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