Logo Ágora

COLUMNISTAS

Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
Visitas: 6405

TRINCHERA CIUDADANA


TODO EL PODER


Andrés Manuel López Obrador es esencialmente un viejo priista autoritario al que le incomodan todos y cada uno de los contrapesos que tiene toda democracia. Llámese sociedad civil, de la cual ha dicho abiertamente que desconfía; llámese organismos autónomos, o los propios poderes judicial y legislativo. Su arrollador triunfo del pasado julio ha sido ya interpretado centenares de ocasiones. AMLO supo ser el catalizador de una ciudadanía enojada y decepcionada por gobiernos tanto ineficaces como corruptos del PAN y del PRI. Obrador fue en ese sentido, la válvula de escape de una olla exprés a punto de estallar. Hoy la gente se muestra optimista a pesar de las enormes expectativas. El país en ese sentido, está en calma.

El presidente electo tiene la mayoría en la Cámara de diputados y en la de senadores. El legislativo será un brazo más del ejecutivo y le cumplirá sin chistar cualquiera de sus ocurrencias. El Poder Judicial de la Federación es el último reducto a la tentación autoritaria que corroe al primer mandatario y es por ello que está buscando vía diversos ataques a través del Legislativo y de declaraciones propias, disminuirlo, someterlo.

Porque López Obrador no debate con argumentos. López Obrador descalifica con sus prejuicios y a veces con mentiras. López Obrador se contradice incluso en lo más esencial y sus ganas de polarización se mantienen intactas. Se molestó porque la Suprema Corte decidió congelar la Ley de Remuneraciones. “La decisión es deshonesta. Deberían quitar el cuadro de Juárez”, arremetió duramente contra el Máximo Tribunal. Pero si a esas vamos, Obrador debería de quitar a la caterva de impresentables que pueblan su movimiento (Félix Salgado Macedonio, Nestora Salgado, Manuel Bartlett, Gerardo Fernández Noroña, René Bejarano. Solo por mencionar algunos). Obrador no quiere comprender que en toda democracia deben de funcionar los contrapesos que evitan caer en una tiranía.

Confieso que me gusta la idea del gobierno austero. Pero un gobierno austero no implica esencialmente un gobierno irresponsable y populista. Es verdad que la administración pública federal creó una casta dorada de funcionarios públicos acostumbrados a las frivolidades. Son precisamente esas frivolidades las que hay que limitar o incluso suprimir, pero de ahí a castigar a profesionistas altamente calificados, sólo le hará un daño enorme a la calidad de la burocracia en México.

Pero a Obrador no le importa. Él sabe que su discurso polariza. Que divide a los mexicanos entre buenos y malos. Que los malos son aquellos funcionarios que se resisten a la austeridad y que los buenos son él y su movimiento, que están siempre al servicio del pueblo. “El pueblo es mi amo” ha dicho el tabasqueño y bajo esa lógica, AMLO hará lo que el pueblo bueno y sabio le indique.

No se trata pues de una mera cuestión de salarios. Obrador pretende revivir la centralización del poder. La misma centralización disfrazada de federalismo que nuestro país vivió durante el régimen del partido único. Así, igualito.

.

hgomezdelacortina@hotmail.com // 

Twitter: @gomez_cortina 

.

21/12/2018 08:39:55

Compartir

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

14

15

16

Siguiente

Columnista del día

Daniel Hernández Hernández

Películas con madre

Más artículos de Héctor Gómez de la Cortina

NOTICIAS RECIENTES