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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre.



¿Y la Cheyenne apá…?


 

Estimado lector ¿recuerda usted la icónica frase del comercial lanzado por una compañía automotriz a finales de la primera década del año 2000; dicho comercial es, sin lugar a dudas, uno de los más recordados y exitosos. Llegó incluso a ganar algunos premios, tuvo impacto en las ventas y en la consagración de la marca, aunque tal vez su principal logro es que se convirtió en parte de nuestra cotidianidad.

Más allá de hablar simplemente de las capacidades del vehículo, hizo referencia a los valores, “ hay cosas que no se heredan, se ganan “. Chistes, parodias, videos y muchos, pero muchos memes fueron la saga del comercial.

La famosa frase "Y la Cheyenne apá" también se comenzó a utilizar en otros contextos, ya que daba para mucho. Puede hacer alusión al doble discurso o a la letra chiquita que se suele manifestar en ciertas circunstancias. Efectivamente, en ciertos contextos a veces se nos señalan y magnifican ciertas cosas, pero se minimizan o se dejan fuera otras igualmente importantes; es a este aspecto al que quiero referirme, a propósito del tema de la “adopción” de mascotas.

“Adoptar” mascotas está de moda desde hace varios años. En el inconsciente colectivo es más políticamente correcto “adoptar” que comprar. Entrecomillo el término adopción porque soy de esos puristas que considera que la adopción solo existe entre personas y no entre personas y animales o mejor aún, entre personas y bienes muebles que es la conceptualización jurídica de los animales en nuestro derecho.

Ya lo he dicho antes: la adopción es una noble y altruista institución que se creo por y para los humanos. Como consecuencia de la antropomorfización se ha hecho un abuso extensivo del concepto y se ha llevado, por extrapolación, al terreno de la donación de animales, principalmente de mascotas.

Por esta ocasión no nos perderemos en las caudalosas aguas de la pureza terminológica o conceptual y daremos por buena la noción de “adopción” de mascotas, por la sencilla razón de que adquirir por compraventa, por donación o por “adopción” es válido y lícito; en cualquier caso, implica una enorme responsabilidad hacerse cargo de las necesidades y el futuro de un ser vivo.

Desde este momento quiero dejar constancia y hacer un reconocimiento a esas personas físicas o morales que voluntariamente se echan a cuestas la titánica tarea de rescatar animales. No exagero si afirmo que, si Hércules viviera, tal vez su décimo tercer trabajo pudiera ser rescatar animales en situación de abandono o de maltrato.

Se merecen todo nuestro reconocimiento esas maravillosas y excepcionales personas que, de manera desinteresada, sin mezquindad, sin la búsqueda de reflectores y de intereses turbios, dedican su tiempo y su vida al bienestar animal; dedican su tiempo a buscar nuevos hogares a esos animales que han sido abandonados o que han sido maltratados. Mis respetos para esas personas que comprometen sus vidas y hasta su patrimonio para tan noble tarea.

Justo es decir que son los menos; la inmensa mayoría son unos vivales, oportunistas, arribistas que han encontrado en el tan traído y llevado bienestar y rescate animal, un modus vivendi. De esos hay hartos.

Ya sea por donación o por “adopción” lo cierto es que las partes involucradas llevan a cabo un acto jurídico. En efecto, es usual que quienes dan en donación o “adopción” un animal exijan la formalización de un acto jurídico en el que se establecen, derechos y obligaciones de las partes. En la práctica, la balanza se carga más para el lado de quien “adopta” o recibe en donación; la costumbre es solo imponerles obligaciones y pocos o, ya de plano, ningún derecho a su favor.

Debemos reconocer, en honor a la verdad, que la inmensa mayoría de los animalitos que son dados en adopción son costales de problemas en cuatro patas: enfermedades crónicas, degenerativas, problemas de conducta, fobias, reactividad, agresión, etc.; asimismo debemos aceptar que muy probablemente en esos “detallitos” radique la explicación del por qué fueron abandonados, echados a la calle o dejados a su suerte por amos irresponsables que no supieron, no pudieron o no quisieron educar y atender las problemáticas que presentaban. En muchos de los casos son animalitos del señor que van pasando, de mano en mano, agudizando sus problemáticas.

En nuestro país, son contados los casos en los que los rescatistas cuentan con protocolos para identificar que animales son susceptibles de ser rescatados y que animales son susceptibles de ser entregados a nuevos dueños. En México, la inmensa mayoría de los improvisados rescatistas, carecen de la capacidad y los recursos para llevar a cabo tan importante tarea. No todos los perros son susceptibles de ser rescatados, ni todos son susceptibles de ser entregados a nuevos hogares; este es un asunto serio del que poco o nada se habla.

Rescatar a perros y gatos es una enorme responsabilidad, pero más aún el hacerlo, válgaseme el pleonasmo, de manera responsable. Rescatar implica: liberar, recobrar, redimir, salvar, recuperar, rehabilitar… la mayoría de los pseudo rescatistas lo único que saben es endosar… van por la vida endosando perros y gatos a cuanta persona se encuentran en su camino.

Rescatar animales es una inagotable tarea que implica: vocación de servicio, recursos inagotables, muchísimo tiempo y muchas cosas más; pero también exige conocimiento. No basta, no alcanza con el amor a los peluditos y buena voluntad; quedan a deber si no tienen la capacidad para rescatar, con todo lo que implica, evaluar, rehabilitar, ser responsables.

Está muy bien que establezcan y le impongan obligaciones a quien decide hacerse cargo de una mascota, pero antes ustedes autoimpónganse obligaciones y el deber de informarse, prepararse, capacitarse para emprender la tarea que ustedes solitos han elegido, nadie los obligó.

No endosen sus culpas y sus errores a personas bienintencionadas que se acercan a ustedes con la noble intención de “adoptar” un animalito. Háblenles con la verdad, díganles las cualidades, pero también los defectos y los problemas que tiene el animal en cuestión.

Está bien que les hablen de los verdes valles y las montañas pero… ¿ y la Cheyenne apá? asuman su responsabilidad y hablen de los defectos y problemas del animal que pretenden colocar, dejen que sea el “adoptante” quien decida si compra el boleto o no. No oculten información importante, no engañen, no lucren; sobre su conciencia pesan muchos animales sacrificados, personas y animales mordidos, por no haber dicho la verdad.

Así como en el anuncio de la troca se sentenciaba “Hay cosas que no se heredan, se ganan”. El título de rescatista no se hereda, se gana; gánense ese honorable título actuando de manera ética, honesta y responsable.

Amable lector, si usted está pensando en “adoptar” una mascota, sepa que usted también tiene derechos; no pregunte por la Cheyenne, pero antes de “adoptar” pregunte ¿ y los protocolos apá? cerciórese que el animal que le pretenden endosar es apto para que usted lo lleve a casa y no exponga a su familia.

Hoy igual que siempre, agradecido con la vida, con el Gran Arquitecto del Universo y con usted estimado lector que nos regala su tiempo y el favor de su lectura. Gracias a la vida, que me ha dado tanto…

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