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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de Sastre


Yo adiestro, tu adiestras… todos 
adiestramos.

Apreciable lector, que pensaría usted si de pronto le digo que por el simple hecho de tener un perro seguramente es usted un adiestrador. Probablemente piense, en primer lugar, que estoy loco o en el mejor de los casos, que estoy equivocado. Permítame explicarle mi punto de vista.
A menudo se piensa que el adiestramiento canino es, como dicen los norteamericanos “rocket science”, que solo es para los elegidos y los entendidos. 
Efectivamente, el adiestramiento canino es una ciencia y un arte que, debería estar reservada solo para unos cuantos, para esos seres que tienen el Don.
En el adiestramiento canino no hay genios; corrijo en el adiestramiento canino si hay genios, pero nadie nace genio, es mi modesta opinión y la explico. 
Hace años uno de mis más queridos y entrañables maestros Don Julio Hernández Pliego, que Dios lo tenga en su santa gloria, me enseño que hay actividades humanas en las que uno no puede nacer genio. Hay músicos, deportistas y hasta científicos que nacen genios, nacen con el Don, nacieron para eso; pero hay otras disciplinas en las que esto es imposible.
En el adiestramiento canino, los grandes, los genios del adiestramiento canino, no nacieron, se hicieron a través del estudio, la investigación, la experimentación, pero sobre todo por la experiencia. 
Quizá a eso se deba que no haya niños genios adiestradores, podría ser que nacieran con el Don, pero no tendrían la experiencia, ingrediente indispensable en la ecuación.No obstante lo anterior debo afirmar que tengo la convicción de que toda persona que convive e interactúa con un perro lo adiestra, aún sin saberlo. Afirmo que todos somos adiestradores y lo que es más: todos somos excelentes adiestradores.Me explico. 
Sostengo que todo aquel que interactúa con un perro lo adiestra; la mejor evidencia es que todos hemos enseñado a nuestros perros a hacer cosas que no nos gustan, como: brincar sobre nosotros, ladrar incesantemente, salir como locos en cuanto les ponemos la correa y abrimos la puerta, etc. 
Todo ese catálogo de comportamientos se los hemos enseñado nosotros ¿cómo? mediante el reforzamiento. 
Como aquel que escribía prosa sin saberlo, hemos adiestrado todo el tiempo a nuestros perros, hemos reforzado comportamientos que no nos gustan. 
Hemos permitido que el perro establezca una asociación entre el estímulo y la conducta.A menudo recompensamos, sin darnos cuenta, aquello que no queremos, las conductas no deseadas y no nos hemos percatado de una cosa muy importante: cuesta, exactamente, el mismo trabajo enseñar a un perro lo que no queremos que haga, que aquello que si queremos que haga. 
Debemos estimular y reforzar aquellas conductas que deseamos e ignorar y no reforzar aquellas que no queremos o que no son deseables. El adiestramiento canino es muy sencillo, pero no es fácil. Si se recompensa el comportamiento no deseado, se está reforzando una conducta inadecuada o no deseada. 
La próxima vez que el Bobby ladre como loco para que usted le haga caso y usted salga a callarlo o cuando la Britney se le pare de manos y la empuje y usted la toque para tranquilizarla o la próxima vez que el Nerón se le escape y usted lo correteé y su perrito huya en lugar de venir hacia usted, le ruego que piense en mis locuras y que considere que muy probablemente usted sea el artífice de aquellas conductas que tanto aborrece de su perro.Amable lector, ya lo sabe, hoy y siempre agradezco su tiempo y el favor de su lectura. Gracias, cuídese y quédese en casa.

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