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COLUMNISTAS

Rayo Esmeralda Patiño

Celaya Internacional

@RayoEsmeralda
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Celaya Internacional



OTRO 25N


 

“Esforzarse por erradicar la violencia contra la mujer no es solo una buena idea, se convierte también en la obligación de un Gobierno” 

Charlotte Bunch, escritora y activista feminista estadounidense

                                                                 

A Maricela Escobedo la asesinaron por exigir justicia para su hija asesinada, a Fabiola Osorio (activista en pro del medio ambiente) la asesinaron en Guerrero, es imposible nombrar a todas y cada una de las mujeres que han sido violentadas en México, en donde cada día en promedio desaparecen o son asesinadas 10 mujeres, si a esto le sumamos las enorme lista de otros países, definitivamente no acabaríamos, desde el establecimiento del CEDAW (Convención sobre todas las Formas de Discriminación contra la Mujer), de la promulgación de la Convención de Belém do Pará  (Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y  Erradicar Todo Tipo de Violencia Contra la Mujer) y otros importantes instrumentos internacionales, regionales y nacionales las cosas no han cambiado tanto, la violencia a la mujer en todos sus tipos, en todos sus aspectos, sigue siendo la gran deuda mundial.

 

Como cada año desde 1981 que se declaro el 25 de Noviembre como Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, se llevan a cabo ceremonias con palabras llenas de intención pero que en la realidad carecen de acción, unos pocos de los miles de casos de feminicidios se toman en cuenta para poner nombre al reclamo, para poner el toque sentimental pero, fuera de ahí, la mayor parte del tiempo la búsqueda de una hija, una madre, una mujer desparecida solo se da a través de sus familiares y amigos más cercanos, los expedientes se acumulan, y así seguimos sin una entre nosotras, pero esos son los casos más visibles por lo terrible y lamentable del delito, existen otros que poco o nada se toman realmente en cuenta, la llamada violencia doméstica tiene varias víctimas que no son en su mayoría tomadas en cuenta, las que son acosadas, insultadas o despedidas de sus fuentes de empleo sin justificación alguna también sufren violencia.

 

Cuando hablamos de la lucha contra la violencia hacia la mujer hablamos de toda ella, de los insultos, la discriminación, la educativa, la social y siempre nos enfocamos en aquellas que se encuentran en una situación más vulnerable, ignorando a aquellas que pensamos que no requieren tanta protección pero que viven una violencia laboral en algunos casos sutil. Los casos de la Licenciada Olga Sánchez Cordero y la escritora Sabina Berman son ejemplo de que ni la exposición a los medios, ni su nivel educativo las ha salvado de ser víctimas de quienes creen que ejercen un control y poder sobre ellas, quienes les han hecho incluso, como es el caso de la Secretaria de Gobernación en México, recular y desdecir sus palabras.

 

Cuando la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero evidenció la misoginia del gabinete de seguridad, de la reticencia a que ella participara y sobretodo a que sus opiniones fueran tomadas en cuenta, tuvo como inmediata repercusión; que la Secretaria se retractara de sus palabras o por lo menos las suavizara. El caso de la escritora mexicana Sabina Berman, quedo aun más claro que el de la Secretaria Sánchez Cordero, en vivo o en video, fuimos muchos los que vimos como fue tratada por un patán, llamado John Ackerman, simplemente porque a él no le gustaron las opiniones que ella emitió en un programa tertuliano con otras mujeres sobre el Presidente de México, lo peor del caso es que a ella se le despidió del programa que co conducía con el señor Ackerman para un canal de televisión publico, o sea pagado con los impuestos de los mexicanos, en el que como ya señalé fue tratada de una forma grosera y déspota precisamente frente al flamante y muy muy tibio Secretario de Educación de México, Esteban Moctezuma. En la Cámara de Diputados una legisladora fue atacada verbalmente por otro legislador que le dijo “Usted señora es una bocona y debería ser golpeada”, así lo evidenció la Diputada Laura Rojas, a quien tengo el gusto de conocer en persona, en la Cumbre Mundial de Mujeres Presidentas de Parlamento y que luchan por erradicar la misoginia de las instituciones.

 

Muchos pensarán que la lucha de la violencia hacia la mujer solo debe enfocarse en darle voz y visibilidad a aquellas que no son escuchadas, a aquellas que día a día sobreviven a un mundo hostil, y sí es muy importante pero también es importante señalar la violencia institucional, la violencia a mujeres con mayor acceso tanto a micrófonos como a educación nos deja claro que hay mucho, muchísimo camino por recorrer, que la violencia a la mujer no es exclusiva de la edad ni de la condición social y menos de la afiliación política y que si en los más altos niveles se sigue luchando contra la violencia y la misoginia, es imposible que su erradicación permee hacia las bases de la sociedad.

 

La violencia son golpes físicos, golpes al alma y la autoestima, hoy no solo es importante luchar contra la violencia hacia nosotras sino trabajar en la erradicación de dichos comportamientos machistas y misóginos desde la base, desde la educación, desde el propio sistema porque no solo quienes carecen de recursos la padecen, porque la lucha no es entre clases, la violencia la vivimos o la hemos vivido todas en cualquier ámbito, en cualquier momento de la vida.

 

De nada sirve señalar un día, hacer protestas y reivindicaciones, gritar por las que ya no están, si desde los gobiernos poco o nada se hace, si desde los gobiernos solo se emiten discursos vacíos de trabajo hombro con hombro mientras vemos una realidad distinta, mientras vemos incluso parlamentarios, en todo el mundo, incluso aquellos que han surgido de grupos pro mujeres, como atacan a mujeres de cualquier edad de formal vil y feroz simplemente porque no piensan como ellos porque no son parte de “su club”. Eso es demagogia pura, eso es hipocresía y buscar  ganancia de una situación que desde hace mucho tiempo nos lacera como sociedad, donde se nos ha educado en muchas ocasiones a ser nosotras mismas nuestros propios verdugos, mujeres señalando a otras mujeres. Mientras sigamos divididas, pero a su vez sigamos pensado que la lucha contra la violencia es solo cuestión de un género, ya tenemos la lucha perdida, sí somos nostras quienes debemos levantar la voz y no permitir que se nos encasille pero también necesitamos de los hombres para erradicar la violencia hacia nosotras, necesitamos de ellos porque en conjunto somos una sola sociedad.

 

La erradicación de la violencia hacia la mujer debe ser una lucha tanto transversal como horizontal, no dejar ningún punto suelto, debe ser una reforma social profunda y sobretodo justa, porque tampoco queremos que sean condescendientes, que por cuestión de género nos regalen algún cargo, queremos que en la igualdad intelectual se nos de libertad de competencia, porque el incluso abrir vacantes por equidad es una violencia disfrazada. Debemos dejar de conmemorar un 25N más para exigir verdaderas políticas de erradicación, dejar los ensoñamientos para trabajar en la realidad. Porque sí, nos queremos vivas pero también sin acosos.

 

Por: Rayo Esmeralda Patiño

@RayoEsmeralda



//Fecha de publicación: 25/11/2020

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