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COLUMNISTAS

Verónica Espinosa

Candil de la calle

@veroespinosav
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Candil de la Calle.


EL SEMÁFORO CRIMINAL


            El semáforo de la contingencia sanitaria por la pandemia en Guanajuato cambia a amarillo desde el 5 de octubre, y el semáforo de la contingencia criminal parece haber pasado a verde, del “Golpe de timón” al “Guanajuato seguro”.

            El “funcionamiento” de estos dos semáforos resulta bastante cuestionable por donde se les vea, o hay un daltonismo institucional que se contagia como el SARS-Cov2.

            Es sabido que negocios de todo tipo, industria y el ramo de bares y restaurantes han operado casi al cien por ciento desde pocas semanas después de que se declaró la contingencia, y que no hubo poder humano ni autoridad suficientemente eficiente -ni federal, ni estatal, ni municipal- que lo impidiera o lo sancionara.

            También que desde antes de que en Guanajuato se cambiara del semáforo rojo al naranja, teníamos ya ciudades como la capital abarrotadas de visitantes y turistas, con cubrebocas y sin ellos.

            Que miles de personas no creyeron en las campañas de alerta gubernamentales -y mucho menos en el semáforo- e hicieron una vida casi normal en su cotidianidad: se reunieron en parques, salieron con toda la familia a pasear, y tampoco importó que niñez y juventud fuera sacada de las aulas para tomar clases virtuales porque fue recurrente ver a las familias con niñas y niños pequeños en paradas de autobús, tiendas de todo tipo, restaurantes, plazas comerciales…

            El caso es que, en el séptimo mes de la pandemia, la Secretaría de salud reporta una disminución de casos, de muertes, de uso de ventiladores para infecciones respiratorias agudas graves (IRAGs) y de ocupación de camas de hospital.

            Esos parámetros han sido suficientes para que las autoridades del nivel federal y estatal fijen criterios y tomen decisiones con respecto al manejo de la pandemia.

            Entonces, vamos al semáforo amarillo mientras entramos a la temporada de influenza y vemos repuntes de la pandemia en otros países, algo que muchos no alcanzamos a entender, en medio de la socavada credibilidad en autoridades que son además desmentidas por médicos, epidemiólogos, infectólogos y otros especialistas.

            Ocurre algo similar con nuestro “semáforo rojo” en materia de inseguridad.

            Nuestros males en materia delictiva en Guanajuato en los últimos años le eran atribuidos a José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro”.

Y era un secreto a voces que, por años y años, este personaje construyó su liderazgo de un cártel local que alcanzó dimensiones mediáticas internacionales. Y lo hizo sin que nadie lo tocara, ninguna autoridad local o federal le hizo mella, sombra o pudo desbaratar su creciente estructura.

            Ni siquiera por el trágico costo que en víctimas, actividades comerciales, estudiantiles, vida social del día a día fueron dejando tras de sí la presencia del Cártel de Santa Rosa y sus actividades delictivas en toda la región Laja-Bajío.

            Nada más pasaron dos semanas de la detención de Yépez Ortiz, y ya estaban nuestras autoridades tirando la casa por la ventana para anunciar el fin del operativo bautizado como “Golpe de timón” y el inicio de una estrategia a la que pomposamente le pusieron “Guanajuato seguro”.

            Nada más hay que recordar que, de inicio, siendo gobernador electo, Diego Sinhue Rodríguez usó el término “golpe de timón” para sugerir que haría un cambio de estrategia y liderazgos en las áreas de seguridad y de procuración de justicia, que se le demandaban desde entonces desde diversos sectores, incluyendo al poderoso ámbito empresarial.

Esto pasaba porque la crisis dejada por Márquez en materia de violencia criminal se estaba saliendo de toda proporción.

            Después a Diego se le olvidó y siempre no.

            Y pasó que, en la normalidad criminal, nada ha cambiado entre el antes y después de la aprehensión de “El Marro”.

Si acaso, hay matices brutales y salvajes en la actuación de delincuentes, sicarios y grupos.

Tampoco en este caso los gobiernos han podido asumir el control, ejercer autoridad, frenar a cárteles y delincuentes de lo común.

Y callan sobre ejecuciones masivas, asesinatos de menores, desapariciones de mujeres, cementerios clandestinos, aniquilamiento de negocios mediante la extorsión, el secuestro, los incendios; sobre las decenas de cuerpos humanos desmembrados y desperdigados en carreteras, plazas y calles de ciudades y comunidades.

Y todavía, así salen a celebrar el fin del Marro y la recuperación de territorios y el espaldarazo de embajadores. En las palabras, dan por hecho que vamos al semáforo amarillo, o al verde, al del “Guanajuato seguro”.

Nuestro semáforo de la violencia, en el sentido más literal, está más rojo que nunca. El contagio criminal se extiende por municipios de Guanajuato.

Esta pandemia, la de la violencia, acumula muchas, muchas más víctimas que el covid-19 este año.

Al 3 de octubre, 2 mil 865 personas han muerto de Covid en el estado.

Al 30 de septiembre, 3 mil 401 personas han muerto por homicidios intencionales (dato de México Social) en el estado.

Y contando.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 07/10/2020

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