Cajón de sastre
Niños y perros sin supervisión
(Crónica de una Mordida Anunciada)
Hoy, todos somos protagonistas de la historia, de una historia inédita, una historia que nos dejará muchas experiencias, muchas lecciones y algunas sillas vacías en la cena de navidad y de año nuevo. Hay muchas cosas que no volverán a ser iguales.
Hemos aprendido, gracias a esta pandemia, que el espacio vital es importante; así nos lo ha dejado claro la salud pública. Hemos aprendido, el valor y la importancia de la higiene y de la asepsia.
Hemos aprendido también, a relacionarnos a la distancia. Hemos aprendido a demostrar nuestro afecto sin contacto, sin tocarnos, sin abrazarnos, sin besarnos.
Hemos aprendido a comunicarnos a la distancia y también que se puede aprender de lejos, que las tecnologías de la información no solo sirven para pasar el tiempo y alejarnos de nuestros seres cercanos, sino que también pueden servir para que los seres humanos seamos solidarios, generosos y compartamos lo poco o lo mucho que sabemos. También hemos aprendido, que hay algunas cosas que debemos desaprender.
Es en este contexto, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones que han sido fruto – parafraseando a Cervantes –del poco dormir y del mucho leer y pensar. Mi propuesta, es para que establezcamos una nueva – más sana y más respetuosa – relación entre niños y perros, con la participación de los padres de familia.
Esta propuesta encuentra sus orígenes, principalmente, en mis vivencias como maestro de niños y jóvenes, así como en mis experiencias adiestrando perros y caballos; también encuentra sustento en una premisa fundamental, atribuída a Sir Francis Bacon:
“ A la naturaleza se le gobierna obedeciéndola…” Los perros y los seres humanos llevamos mucho tiempo juntos; llevamos tanto tiempo unidos que, frecuentemente, nos confundimos y pensamos que somos iguales; la realidad es que no, no somos iguales.
Pertenecemos a dos especies muy diferentes. Esto no quiere decir que una especie sea mejor que la otra (los perros nos superan en muchos aspectos desde el punto de vista fisiológico: mejor olfato, mejor oído, mejor visión nocturna, mayor rapidez, etc.) pero no, NO SOMOS IGUALES, aunque algunas personas se empeñen en lo contrario, tratando de humanizar a los perros. Somos dos especies diferentes, aunque complementarias.
Una de las principales diferencias entre perros y humanos es la manera en cómo nos comunicamos; lo hacemos de manera diferente. Los seres humanos nos comunicamos, primordialmente, por medio del lenguaje oral o escrito. Los perros se comunican, fundamentalmente, por medio del lenguaje no verbal, a través del lenguaje corporal; esto es una noción importantísima que no debemos perder de vista.
Los comunicólogos nos dicen que el fenómeno de la comunicación requiere: un emisor, un mensaje y un receptor.
Un aspecto fundamental dentro del tema de la comunicación animal en general y de la comunicación humana en particular, es el relativo a la manera en cómo comunicamos nuestras emociones, nuestros estados de ánimo y el afecto.
No quiero dispersarme, ni meterme en camisa de once varas y tan solo enunciaré que, considero, que debemos profundizar en el estudio y la reflexión de estos temas.
En este punto quiero hacer una pregunta, que a la vez es una reflexión:
¿Qué sucede cuándo el emisor y el receptor decodifican el mensaje de manera diferente? para decirlo en términos sencillos: ¿qué pasa cuando un mensaje se malinterpreta?¿qué pasa cuando hay malos entendidos?
Amable lector, continuaré compartiéndole “mis piensos” sobre este tema, en entregas posteriores; hasta aquí por esta ocasión. Desde el fondo de mi corazón, deseo que usted y sus seres queridos estén bien. Quédese en casa, cuídese. Gracias por su tiempo y el favor de su lectura.
28/04/2020







