La pobreza que sufre un país es resultado de una serie de causas multidimensionales, algunas estructurales y otras coyunturales. Las condiciones del entorno global explican en gran medida la evolución de la cantidad de personas que se encuentran en situación de pobreza, pero el diseño e impacto de la evolución económica y de las políticas de desarrollo social de cada país son el principal determinante de la situación de pobreza que enfrenta la sociedad.
El pasado 6 de junio la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de la Organización de las Naciones Unidades, publicó el estudio ‘Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo debe afrontar la región esta nueva crisis?’ En él, se advierte que las proyecciones sobre los niveles de pobreza en México se están deteriorando y que, para el cierre del 2022, entre 1.3 y 2.5 millones de mexicanas y mexicanos se estarán sumando a las filas de la población pobre.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), una persona se encuentra en situación de pobreza cuando tiene al menos una carencia social en materia de rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación, y además su ingreso es insuficiente para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias.
El deterioro en la situación socioeconómica de las y los mexicanos se hizo evidente desde el 2020. Frente al discurso de combate a la pobreza que se construye en el aire todos los días desde Palacio Nacional, está la realidad; esa que los fríos números nos gritan en la cara. Mire Usted; entre el 2014 y el 2018 los niveles de pobreza en el país se habían logrado abatir; en el 2014 el porcentaje de población en situación de pobreza en México era del 46.2 por ciento, hacia el 2016 se había reducido al 43.6 por ciento y en el 2018 era ya del 41.9 por ciento. Sin embargo, la tendencia de reducción en los niveles de pobreza se rompió a partir del 2018, y en la medición del CONEVAL del 2020, la tasa de población en esta situación aumentó al 43.9 por ciento. De esta forma, entre el 2018 y el 2020 se sumaron 3.7 millones de personas a la situación de pobreza, alcanzando un total de 55.6 millones de mexicanas y mexicanos pobres.
El referido estudio de la CEPAL habla, particularmente, de los efectos que más allá de la Pandemia tendrá el conflicto entre Ucrania y Rusia en el desempeño económico de diferentes economías y los efectos que ello tendrá en los niveles de pobreza. Para combatir las causas estructurales de la pobreza es necesario que el país recupere la capacidad de generar crecimiento económico, aun lidiando con efectos de la COVID y en un entorno de conflictos geopolíticos. Desafortunadamente, según la CEPAL, la expectativa de crecimiento económico para México para el 2022 es de solo el 1.7 por ciento, expectativa que se encuentra muy por debajo de la expectativa consolidada para Centroamérica que se ubica en el 4.2 por ciento. De acuerdo a estas proyecciones, México será el segundo país con el menor crecimiento en la región, solo después de Haití.
A ello hay que agregar la gravante de las condiciones tan deterioradas en las que se ha generado la recuperación del mercado laboral en México. En junio del 2020, es decir, en lo más profundo de la parálisis económica por la Pandemia, la tasa de desocupación de ubicó en 4.79 por ciento. Al cierre del primer trimestre del 2022 la desocupación había ya disminuido al 3.45 por ciento, ligeramente por arriba del 3.43 por ciento que se observaba previo a la COVID; sin embargo, las condiciones de recuperación han sido precarias. Antes de la crisis sanitaria, alrededor de 30.7 millones de trabajadoras y trabajadores estaban ocupadas en condiciones de informalidad laboral; al cierre del primer trimestre del 2022 la informalidad aumentó a 30.9 millones de personas.
Al hacer un análisis comparativo de la situación que mostraba el mercado laboral al inicio de la actual administración del gobierno federal con la que mostró al cierre del primer trimestre del 2022, se encuentra que el número de trabajadoras y trabajadores sin acceso a servicios de salud se ha incrementado en casi un millón, el número de personas ocupadas que gana como máximo dos salarios mínimos ha crecido en más de 14 millones y el número de trabajadores con jornadas laborales incompletas ha aumentado en 1 millón.
Por otro lado, está el tema del impacto que la inflación ha tenido en el poder adquisitivo del ingreso de las y los trabajadores. Desde diciembre del 2018, al inicio de la actual administración, hasta el cierre de mayo del 2022, los precios en general se han incrementado en 17.41 por ciento. Particularmente, el incremento en el precio de los alimentos ha sido del 28 por ciento. La CEPAL afirma que México es el tercer país en Latinoamérica con la mayor inflación en alimentos en el 2022, solo después de Colombia y Paraguay.
Ante las presiones inflacionarias, el Banco de México reacciona con la ejecución de políticas monetarias restrictivas, entre ellas, el aumento de la tasa de interés de referencia. Al encarecer el dinero, el Banco Central desincentiva el consumo de las familias, la inversión de las empresas y el gasto del gobierno, contrayendo así la demanda agregada en el país, y con ello, conteniendo el crecimiento de los precios. Esta medida, si bien es efectiva para controlar la inflación, ha tenido un alto costo social, pues ha aletargado la recuperación económica y con ello la recuperación total del mercado laboral. Todo ello se enmarca en una política de desarrollo económico que desde el gobierno federal ha producido un ambiente que no genera confianza para la inversión ni certeza legal para los sistemas productivos.
Nunca, pero menos ante un escenario tan adverso como el que hoy enfrentamos, debería de discutirse la necesidad de implementar políticas de subsidiaridad con los más necesitados; es un principio moral que debe de estar presenta siempre. Sin embrago, creer y predicar que dicha subsidiaridad será condición suficiente para abatir la pobreza es solo un perverso mecanismo electoral.
La virtud del justo medio
Las condiciones estructurales que generan pobreza en México castigan con mayor fuerza a las mujeres. El porcentaje de mujeres trabajadoras que gana como máximo dos salarios mínimos al mes, es casi 6 puntos mayor al porcentaje de los hombres ocupados. La informalidad laboral femenina está más de medio punto por arriba de la masculina y el porcentaje de mexicanas trabajadoras que no tiene acceso a un trabajo con jornadas laborales completas resulta más de 15 puntos por arriba del porcentaje de hombres en estas condiciones. Ya decíamos en la edición anterior de esta Columna, México hoy sigue siendo un país en el que si naces pobre, las probabilidades están en tu contra, y lo más seguro es que morirás pobre; mucho más si naces mujer.










