CORTAZAR, GTO. A 02 DE NOVIEMBRE DE 2023.- La música sonaba; ya sea en vivo o por medio de una bocina, los rezos y oraciones se elevaban con fe, mientras que las hojas secas eran cambiadas por nuevas y olientes flores de cempasúchil y por supuesto la añoranza del ser querido, fueron los elementos que se vivieron en el Panteón viejo de Cortazar.
Desde muy temprano, el bulevar Paseo de la Juventud, se fue llenando de personas que acudieron a visitar al ser querido que yace en el camposanto.
La calle para llegar al panteón, estaba llena de comercio, desde antojitos mexicanos, flores, hasta botes pintados y juguetes era lo que se podía encontrar.
Al llegar por la estrecha puerta, se puede sentir un ambiente contrastante, ya que mucha gente con peculiar alegría visita los restos de quienes amaron en vida, pero a su vez, también la tristeza y nostalgia inunda el lugar.
Los recuerdos del ser querido, hacen que las lágrimas broten, pero la esperanza y la magia de las raíces ancestrales, les ha enseñado, que, en esta ocasión, se permite, que los muertos, visiten a sus vivos para estar una vez más con ellos.
Con gran esmero, los vivos limpian el sepulcro de su familiar, quitan la maleza, pintan las letras, ponen nuevas y frescas flores, mientras el recuerdo abraza al visitante.
Como si estuvieran presentes, se puede oír como un susurro las pláticas entre tumbas, momento que se aprovecha para decirle cuanto se le extraña y que su imagen perdura en el corazón.
La comida, la cerveza y el vino, son parte del menú, que se fusiona con el anhelo, el deseo y el consuelo, de que el ser querido una vez más los acompaña, rememorando el viejo adagio que dice: “Y no se muere quien se va, solo se muere el que se olvida”.













