De beneficios, lujos y caprichos (presidenciales)  

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Quienes presiden una Junta, un Consejo, un Tribunal o un Gobierno, les implica la responsabilidad de velar por los diferentes intereses de sus representados; al mismo tiempo, debe ser un gusto para quien fungirá como líder, debido a que su opinión y decisiones serán fundamentales de llevar a cabo con eficacia su labor.

 

Hemos sido participes o liderado equipo desde la formación escolar, como sucede en un primer ejercicio democrático cuando elegimos al representante de 3°A en la primaria, aunque no pocas veces fuimos víctimas de la imposición por las designaciones vía dedazo del personal docente; empero a lo largo de nuestra vida no nos libramos de tener presidente de la colonia, de la junta de padres de familia, del municipio y lo que se le ocurra. 

 

Estar en la cúpula del mando conlleva no perder el equilibrio, porque el poder llega a corromper, trastocando en beneficios, caprichos y lujos. Sin duda, hay lideres que destacan por su impecable trabajo, además de lo contrario. Confieso que, en la escuela secundaria al ejercer de jefe grupal, ejercí un mini autoritarismo con la finalidad de sacar provecho de mi cargo, lo que por lógica provocó el enojo de varios condiscípulos que derrocaron a su corrupto lidercillo al no reelegirlo en el siguiente año. 

 

También en claro aprovechamiento de autoridad, fui testigo de la demanda penal que le interpusieron al presidente del comité de padres de familia, con tesorero incluido, por el inadecuado manejo de las cuotas escolares, las cuales el primero usó entre varios beneficios en adquirir un auto deportivo, cuya compra defendió indignado “¡lo compré para llegar rápido a las reuniones!” 

 

En la función pública, es tragicómico ver que los recursos que debieran ser en beneficio de la ciudadanía se van en gastos de los que no seremos partícipes, con gobernantes erogándolos en caprichos que se transforman en lujo al considerar fue la mejor decisión, lo que no es nada novedoso, por lo que ahora como antaño, nos hace rascarnos la cabeza a los demás mortales. 

 

Tomaré de ejemplo algunos casos a partir de la culminación de la revolución mexicana de 1910 que, en la practicidad y en la vigencia del discurso rancio político, buscó procesos electorales eficaces, reivindicación de derechos laborales, repartición de tierras, mejoras en la condición social e igualdad en la población -de lo que usted podrá sacar sus conclusiones si se cumplieron-, con uno de sus caudillos siguiendo al pie de la letra estos preceptos, lo cual demostró en una rimbombante compra. 

 

En 1927 los automóviles transitaban en carreteras rudimentarias, los aviones solo eran de exhibición y el tren era el medio de transporte eficaz por la extensa red ferroviaria, por lo que el mandatario Plutarco Elías Calles adquirió uno de fabricación europea para sus giras con familia y comitiva. Superado en lujos solo por el que usaba el Papa, el tren Olivo -pintado en color verde, de ahí el nombre- constaba de once vagones en los que se distribuían oficinas, recamaras, cocina, comedor, baños con tina e incluso una capilla. Sin embargo, el vehículo fue bien utilizado por diez diferentes mandatarios, siendo Lázaro Cárdenas el más paseado al visitar en el tren más de mil poblaciones. 

 

Cárdenas no quedó exento de su capricho de sexenio, debido a que se negó habitar el Castillo de Chapultepec, que fungía como residencia presidencial, por considerarlo ostentoso, enorme, pero sobre todo porque lo habitó Maximiliano de Habsburgo. El tata, magnánimo del erario, mandó construir en el rancho La Hormiga una nueva sede, demostrando que lo romántico también se le daba, al nombrar Los Pinos al complejo habitacional que incluía un campo de tiro, oficinas, alberca, entre varios lujos, en honor al lugar donde conoció a su esposa en Tacámbaro, Michoacán. 

 

Los Pinos tuvo modificaciones según el gusto de sus ocupantes, como la de Miguel Alemán Valdés, que en 1952 ordenó construir en sus instalaciones una segunda casa de estilo francés; que Vicente Fox mandara edificar dos cabañas alternas o que a Felipe Calderón le construyeran un búnker, por aquello de que el miedo no andaba en burro. Enrique Peña Nieto no se quiso quedar atrás, por lo que tuvo una flamante casa alterna de dos pisos que fungió como oficina de su sexenal esposa; lugar donde, por cierto, nos transmitió una monumental regañada por andar de intrigosos.

   

Los Pinos no solo era sede de asuntos gubernamentales. Aprovechando sus espacios, el hijo de Gustavo Diaz Ordaz, Alfredo, alguna vez novio de la cantante Thalía e inmortalizado en una canción del Three Souls de Alex Lora, organizaba fiestas en las que incluía de todo y sin medida, con invitados políticos y faranduleros; como el primogénito del exmandatario Manuel Ávila Camacho y el cantante del grupo The Doors, Jim Morrison, descubiertos en estado etílico por el presidente, con la probabilidad que ante la dantesca escena originada por su vástago, repercutió en las represiones juveniles tan conocidas.

 

Rompiendo la tradición, nuestro actual mandatario optó por Palacio Nacional para sus labores sexenales de acuerdo con su programa de austeridad, mencionando el honor de habitar donde “vivió y murió Benito Juárez”, haciendo de su hogar un departamento alterno. Pero Andrés Manuel también se encapricha. Obstinado con un avión presidencial que tiene costo al erario, este vehículo se está devaluado inmisericordemente. Es verdad que busca desmarcarse de la ostentosidad de anteriores mandatarios, aunque resulte contradictorio que atienda asuntos de Estado en las instalaciones de un recinto histórico, ostentoso, lujoso, e incluso modificado en el anterior sexenio.

 

Debo constar: que no tengo nada contra los personajes mencionados, que reitero mi apartidismo -desde la Junta de la colonia donde habito, hasta el presidencial-, que mis líneas son de difusión, no de propaganda y que no pretendo ofender a los seguidores de diversas tendencias ideológicas. Las palabras no se deben convertir en agresiones hacía personas que no piensan de la misma manera. 

 

De favor; si usted preside o está por liderar algún grupo, municipio, entidad o nación, hágalo con responsabilidad, vea por el beneficio de quienes lo eligieron, no caiga en autoritarismos como ocurrió con su servidor y no se encapriche en comprar con dinero ajeno un auto deportivo u otros bienes. 

 

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