Complejidad en la economía Argentina
Probablemente la economía Argentina, es un caso singular de subinversión y subutilización de recursos. En el ranking (2015) para hacer negocios, entre 189 países, se encuentra en el lugar 124, y en cuanto a competitividad entre 142 países, se encuentra en el lugar 106. Con una importante dotación de capital social, de recursos humanos, y gran potencial en el sector servicios, energía, recursos naturales y manufacturas, los datos económicos disponibles a días de la elección presidencial, permiten constatar los costos de omitir por mucho tiempo los fundamentos, cuando se trata de aplicar políticas económicas. Tarde o temprano, las realidades terminan imponiendo sus términos.
Después de superar los devastadores efectos de la implosión económica y social del año 2001, la moratoria de su deuda, y las consecuencias de ingobernabilidad, la economía Argentina, tuvo en el alto precio de sus principales productos de exportación, un pilar de crecimiento para recuperar lo perdido. En el periodo 2004-2014, el balance aparece como una década ganada. En su momento, incluso el FMI (2014), califico dichos resultados y especialmente hasta 2011, como de alta calidad, solo superado por China y Bulgaria. No obstante, según el IDESA (Instituto para el Desarrollo Social Argentino, enero 2015), en relación a los demás economías latinoamericanas, sus efectos no fueron tan auspiciosos en cuanto a generación de empleo.-
Es decir, como también es conocido, el crecimiento económico por sí solo no resuelve las demandas sociales, si los precios claves, están distorsionados, o/y es el resultado de políticas económicas artificialmente expansivas. Además, las políticas públicas tienen limitaciones y, necesitan un sector productivo dinámico y en expansión, que las complemente. Una paradoja es que teniendo capacidad agroalimentaria para diez veces su población actual, al año 2012 en Argentina, había un 11,7% de hogares con carencias alimentarias. (Millán 2014).-
La necesidad de ajustes con resultados de mediano plazo, y efectos de corto plazo, definen una situación que concita el interés de analistas económicos, principalmente porque los mismos argentinos tendrán que decidir el curso a seguir.
A favor de una mejor adaptación al nuevo escenario, es el acotado nivel de endeudamiento público neto como porcentaje del PIB, la disponibilidad de moneda extranjera aun por convertir del sector exportador, inflación que se puede reducir con una moderación del gasto, y control de expectativas. Sin embargo, entre los factores en contra, se encuentra el incremento del déficit público del 3% (2014), al 6%(2015), la emisión inorgánica, el atraso cambiario que perjudica las exportaciones, y la perdida de reservas internacionales, que retroalimenta la especulación cambiaria, en un contexto de menor crecimiento esperado para el año 2016.
Al terminar un ciclo, muchos potenciales inversionistas, y por cierto los mismos argentinos, seguirán con atención el desenlace electoral para determinar quién será el próximo Presidente.-







