Crecimiento económico y reducción de la pobreza
Un reciente reporte de la Cepal, da cuenta de los resultados sociales del periodo 2010-2014, para América Latina y el Caribe. En este periodo, se constata una reducción de la pobreza desde un 31,1%(2010), a un 28,2% (2014).No obstante, la desaceleración del año pasado, ha incidido en un retroceso de esta tendencia descendente, pues la pobreza aumento a 29,2%, aunque aun se mantienen bajo los niveles del año 2010.Sin embargo, ello significa que 100 millones de personas, carecen del sustento básico para integrarse a la sociedad, sin contar a las 75 millones que permanecen en la indigencia.
Entre los factores que explican esta reducción, destacan el incremento del empleo, disminución de la Tasa de dependencia (Incremento de las Mujeres en la Fuerza de trabajo), incremento del componente monetario del gasto social, y reducción de la brecha de remuneración entre trabajadores calificados y menos calificados. De estos factores, al menos tres se explican por el crecimiento económico. La reducción del diferencial salarial en cambio, se relaciona con la dinámica del mercado de servicios laborales. En particular, la insuficiente disponibilidad de mano de obra, en algunos sectores, debido a la mayor demanda en los restantes.-
Según el informe citado, el aumento del ingreso entre 2010-2014, explica entre un 55% y 65% de la reducción de la pobreza. Es decir, se confirma el rol decisivo del crecimiento económico para el logro de objetivos sociales. Además, aunque parece slogan, pero la generación de riqueza es precondición para la reducción de la pobreza. La capacidad de las políticas públicas, de disponer de un mayor componente monetario, se deriva de la mayor disponibilidad de recursos para tal propósito, que aunque provienen de los impuestos, estos generan mayores ingresos fiscales tanto si se reduce la evasión, como cuando se incrementa la tasa de crecimiento.-
A pesar de las virtudes del crecimiento económico, el reporte de la Cepal muestra que no es suficiente por si mismo, para reducir la desigualdad. Es decir, se puede reducir la pobreza, pero ello no necesariamente implica que disminuya la desigualdad. En efecto, cuando la economía crece, todos los sectores aumentan proporcionalmente su ingreso total, pero sin modificar la participación que cada uno tiene en el total. En consecuencia, las políticas publicas deben diferenciarse entre los objetivos de mediano plazo (reducir la pobreza), y de largo plazo (reducir la desigualdad).
La reducción de la desigualdad es lejos más compleja que la reducción de la pobreza, pues se relaciona con factores estructurales que se encadenan en el tiempo, y que son difíciles de corregir. Tal es el caso por ejemplo, de la educación de mala calidad, que exacerba, las barreras a la entrada a las nuevas oportunidades, al igual que la burocracia estatal que incide en la informalidad en la actividad económica, excluyendo a vastos sectores de los resultados del circuito de generación y acumulación de capital.







