Entre pandemia, violencia y fe cumple Obispo cinco años en Celaya

OBISPO CELAYA ANIVERSARIO

CELAYA, GTO. 12 DE JULIO 2026.- A cinco años de su llegada como quinto obispo de la Diócesis de Celaya, Víctor Alejandro Aguilar Ledesma afirmó que su ministerio ha estado marcado por retos extraordinarios, desde la pandemia de COVID-19 hasta los problemas de inseguridad que enfrenta la región, además de la reconstrucción del Seminario Diocesano y el fortalecimiento de la vida pastoral. 

El prelado recordó que asumió el cargo en uno de los momentos más complejos para la Iglesia católica, cuando las restricciones sanitarias impedían las celebraciones multitudinarias y obligaban a replantear la forma de mantener el contacto con los fieles. 

«Fueron tiempos difíciles mi llegada, todavía estando en pandemia… las celebraciones con una participación muy reducida, el miedo al contagio, el tema de no reunirse los fieles. Todo esto implicaba creatividad; necesitábamos dar confianza y, sobre todo, mucha fe para poder volver a vivir la normalidad». 

A este escenario se sumó el contexto de violencia que atravesaba Celaya hace cinco años. Aguilar Ledesma señaló que entonces predominaban los homicidios dolosos y los robos en carreteras, mientras que actualmente la problemática se ha desplazado hacia delitos patrimoniales como extorsiones y robos a viviendas y transeúntes. 

«Eran tiempos muy álgidos de homicidios dolosos, situaciones de robos en carreteras. Hoy se vive otra situación de robos a casa habitación, de extorsión y de robos a transeúntes». 

Sobre la relación con los gobiernos municipales, explicó que durante su episcopado ha trabajado con tres administraciones: la de Elvira Paniagua, la de Javier Mendoza y la actual de Juan Miguel Ramírez Sánchez. Consideró que cada una ha tenido una visión distinta y lamentó la falta de continuidad en las políticas públicas. 

«No ha habido una evolución sistemática, más bien ha habido cambios bruscos. Cada presidente que llega inventa una nueva forma de ser y la comunidad tiene que adaptarse. En tres años muchas cosas se quedan en el tintero. La Iglesia tiene que trabajar y convivir con el gobierno que esté; ellos van y vienen, la Iglesia seguimos aquí». 

El obispo destacó que otro de los mayores desafíos fue reactivar el Seminario Diocesano, que prácticamente había quedado paralizado por la pandemia. 

«No teníamos seminario. Los seminaristas estaban en sus casas, algunos se fueron, incluso uno falleció por COVID. Echar a andar nuevamente el seminario implicó creatividad, entusiasmo, revitalizar las estructuras y convencer a las familias de que había condiciones seguras para la formación». 

Respecto a la vida de fe en la diócesis, aseguró que encontró una comunidad profundamente arraigada en la devoción eucarística y mariana. 

«Hay un gran amor a Jesús de la Eucaristía y a la Virgen de Guadalupe; prácticamente en cada hogar hay una imagen de la Virgen. También son muy fuertes devociones como San Judas Tadeo y San Martín Caballero, que movilizan a miles de personas». 

Aguilar Ledesma informó que durante estos cinco años ya recorrió todas las parroquias de la diócesis y la mayoría de sus comunidades, además de conocer a sacerdotes, religiosas y movimientos laicales. Indicó que únicamente resta concluir la visita pastoral en los decanatos de la ciudad de Celaya, proceso que prevé finalizar entre septiembre y noviembre, lo que permitirá actualizar el Plan Diocesano de Pastoral con un diagnóstico más cercano de las necesidades y esperanzas de los fieles.