Aquel que se atreve a perdonar… se da la oportunidad de volver a “renacer”
Cierta ocasión en una clase de “metafísica” –como disciplina de la filosofía- comprendí el valor tan grande que posee el poder perdonar al otro, pero no sólo perdonar volviéndolo a recordar cada que allá oportunidad, sino perdonar sin guardar “resentimiento”.
Nos decía el maestro en esa ocasión… “cuando alguien te ofende, quien lo hace termina viviendo en una especie de oscuridad, de “muerte del ser”, pero cuando este individuo tomando consciencia de que lo que hizo o dijo no fue lo correcto y lo reconoce, pide perdón a la persona que ofendió, en ese preciso momento comienza a volver a tener luz, a volver a vivir. Aquí no termina todo. Si el ofendido no perdona a quien lo ofendió, él mismo termina en esa oscuridad, en esa “muerte del ser”, yéndose sin ningún cuidado el ofensor, con esa luz que sólo puede brindar el pedir perdón”.
Hasta aquí parece una historia feliz, pero por desgracia, las realidades que vivimos o escuchamos distan mucho de “perdonar sin resentimiento”.
Ya lo mencionó en alguna ocasión Scheler… “el resentimiento es el principal obstáculo contra la realización integral de la persona”, y vaya que tiene razón, vivir con resentimiento, es como vivir pero de una forma oscura, en tinieblas, como una “muerte existencial”.
Hoy es un buen día para analizar aquellas ocasiones que nos has tocado perdonar aquello que nos han hecho…
Está bien, ya nos lo hicieron, nos lo dijeron… eso recibido nos hizo experimentar una serie de emociones, de sentimientos… ira, tristeza, desilusión, desamor, etc., sí, ahí están, ahí estuvieron… lo que no es válido, es que cada oportunidad los estés “re-viviendo”, con el “re-sentimiento”, o sea, que a pesar de haberlos vivido una vez, cada momento los estés volviendo a traer.
Todos nos hemos equivocado, todos hemos causado daño, pero… ¿cómo decidimos vivir a partir de hoy? ¿acaso queremos vivir un pasado eternamente presente?
Cuando se trata de amar, no podemos hacerlo sin tomar la firme decisión e iniciativa de ser humildes ante el otro que decidimos amar, y la humildad es una característica que ha decidido vivir sin resentimientos.
Ya Freud lo ha dicho muy claramente cuando nos habla del “narcisismo primario” y “narcisismo secundario”.
Llegamos a esta vida experimentando una omnipotencia gracias a lo omnipotente que concibo a mi madre, por los cuidados que me provee y por lo que soy al lado de ella (narcisismo primario); pero después de comprender que yo soy yo y ella –mi madre- es un objeto aparte, comprendo que deberé desprenderme de mi gran omnipotencia percibida para poder compartirla con el otro objeto de mi elección, catectizándolo, revistiéndolo de lo que yo tengo o desearía tener.
¿Haz decidido amar a alguien? ¡¡¡FELICIDADES!!!, pero no olvides que estás invitado a dejar de lado tu omnipotencia, tomando dosis de humildad, y sobre todo de no ir acumulando “resentimientos”.
Amar lo deseamos la mayoría de los seres humanos, ya que somos “ens amans” (entes que amamos), pero qué difícil se están tornando dichas relaciones.
¿Razón de la dificultad?… a que no queremos dejar de ser los omnipotentes, los que siempre poseemos la verdad de todo, a que no respetamos la individualidad y necesidades del otro, que no son mis necesidades.
¿Tratamiento o solución?… comenzar a vivir un poco más la humildad, sin sentirnos dueños o propietarios del otro, ni gestores de lo que sí o no debe hacer o creer, así como respetar su desarrollo muy personal.
En pocas y sencillas palabras, AMAR significa renunciar un poco al propio narcisismo.









