“Con el tiempo las máscaras terminan por caerse”

tony redes

“Con el tiempo las máscaras terminan por caerse”

Freud en su obra “Psicología de las masas y análisis del yo” postula lo siguiente:

“En la vida anímica individual aparece invariablemente integrado el otro como modelo, objeto, auxiliar u oponente… de ese modo la psicología individual es al mismo tiempo psicología social”.

Con lo anterior dicho, podemos vislumbrar la importancia de los demás para poder llamarnos “seres civilizados”, individuos que se van conformando a través del constante contacto con los otros, sirviéndonos ellos mismos como modelos, objetos, auxiliares u oponentes.

Mientras más convivimos, más nos vamos moldeando a imagen y semejanza de los otros. Mientras nuestras relaciones personales se expanden más allá del horizonte, más entramos en conflicto, inconformidades, incomprensiones, siendo aquellos con los que nos relacionamos verdaderos oponentes.

Mientras más convivimos… las máscaras, tarde o temprano terminan por caerse.

¿Qué pasa con las relaciones de pareja después de algunos años de estar conviviendo diariamente? ¿Acaso él o ella cambiaron, transformándose en personas tan extrañas e indeseadas donde no queda ni la menor huella de admiración?

¿Qué sucede con las relaciones entre personas que conviven de una forma asidua y cotidiana? ¿Acaso la convivencia diaria hace que de ser personas modelos o auxiliares, terminen como personas sin ninguna conexión o vínculo?

Tarde o temprano, en las relaciones interpersonales se da paso a la “desidealización” y con ello, en algunos casos, con el rompimiento de esa relación; en casos mejores, se hace aún más fuerte ese lazo de unión, de convivencia.

Definitivamente el tiempo no cambia a las personas, ellas –las personas- siempre han sido así, lo que sí termina por caerse, son las máscaras que portaban.

Por desgracia no se nos ha preparado desde un principio a conocer la realidad de las cosas, los acontecimientos, las personas mismas… siempre andamos anteponiendo “historias que no sucedieron y jamás sucederán”. Secretos que todos conocen, historias inverosímiles que hasta el infante más inocente terminaría no creyéndolas.

Cuántas veces, en alguna reunión familiar, se hace mención de algún tema, alguna persona “innombrable”  y todos callan… se torna un silencio sepulcral y de manera impulsiva se toca otro tema, el cual ni de interés es para el grupo, pero nadie, nadie puede decir nada… ¿Por qué ese silencio? ¿Por qué tal evasión? ¿Acaso se tiene miedo que ante la verdad revelada se violen ciertas lealtades, secretos familiares, lo cual posteriormente será castigado por medio de la exclusión familiar?

Este tema de la pérdida de “máscaras” es muy común en las relaciones de pareja… ¿qué sucedió… por qué el cambio del otro, si antes –durante el noviazgo o antes de comprometerse de manera formal ante la sociedad- eran tan diferentes como ahora lo son? ¿Por qué esos detalles tan lindos, esa comprensión que se creía jamás terminaría, ahora sólo quedan en la caja de los recuerdos? ¿Por qué? ¿Quién lo puede explicar?

Y ni se diga, ni se mencione tal atrocidad de perder las “máscaras” en el ambiente político… ¿Por qué cuando los ahora representantes de nuestras obligaciones y derechos, aquellos que yacen investidos de poder, durante sus campañas eran tan accesibles, humanos, congruentes y honestos… por qué después de ser electos, la magia se acaba, las promesas no se cumplen y únicamente son la representación de la ignorancia y hambre de poder? ¿Dónde quedaron tantas promesas?… ¡con qué facilidad las máscaras se caen!… como si fuera la navaja de una guillotina cortando cabezas de forma maquiavélica.

Aunque no lo queramos, definitivamente vivir con máscaras siempre será necesario para poder vivir en orden y respeto con los demás, hacia aquellos que están como modelos de identificación, así como objetos oponentes de frustración e impotencia de lo que va en contra de nuestros principios, de aquello introyectado que nos constituye como individuos, como seres sociales.

Si “máscara” le llamamos a las diferentes maneras de ser, de desenvolvernos ante los demás, a los diferentes roles ejercidos dentro de la sociedad, indiscutiblemente, no podemos evitarlas, vivir sin ellas, pero lo que sí podemos hacer es tomar conciencia, es decir… obtener aquellas máscaras que nos permitan e impulsen un cambio –primeramente en nuestra persona y posteriormente en los demás-.  

Estamos convocados a generar un cambio motivado por la honradez, la verdad, la justicia, la solidaridad, la libertad, el respeto, la paz y sobre todo, portar con orgullo la máscara de la “verdadera ayuda desinteresada”, no de la conmiseración, mucho menos, de la esclavitud de nuestros semejantes a través de los diálogos mentirosos, las propuestas fraudulentas, la poca congruencia de vida entre lo que se piensa, se dice y se termina haciendo.

Antonio Hernández Mascote