“¿Cuántos pájaros ves?”
Dice el maestro:
Cierra los ojos. Ni tan siquiera necesitas cerrar los ojos, basta con que imagines la siguiente escena: una bandada de pájaros volando.
Ahora dime ¿cuántos pájaros ves? ¿cinco, once, diecisiete?
Sea cual sea la respuesta, y prácticamente nadie puede decir el número exacto, algo queda claro tras esta pequeña experiencia. Puedes imaginar una bandada de pájaros, pero el número de aves escapa a tu control. Sin embargo, la escena era clara, nítida, exacta. En algún lugar hay una respuesta para esta pregunta.
¿Quién especificó el número de pájaros que debía aparecer en la escena? No fuiste tú.
Paulo Coelho –Maktub-
Hace ya algún tiempo, leí una frase que reza más o menos así… “tú tienes la pintura y el pincel, pinta el paraíso y entra en él”… ¿qué pasa cuando en lugar de un paraíso se pinta un infierno?
Indudablemente, para poder “pintar un paraíso o un infierno”, así como el contemplar 5, 11 ó 17 pájaros, es necesario no echar de menos el hábitat donde se desenvuelve el ser humano. Al hablar de hábitat estamos hablando de las personas con las que convive, las experiencias vividas, por lo tanto, no es tan fácil pintar o imaginar el ambiente más idóneo donde se pueda vivir satisfactoriamente si dicho hábitat no ha favorecido para que así sea.
Pero… ¿qué sí podemos hacer… qué sí está en nuestras manos para que lo que pintemos sea en verdad un bello paraíso?
En primer lugar… lo que nos compete como seres humanos es procurar, intentar, esforzarnos por adaptarnos a la realidad que se nos presente, sea la que fuere.
En segundo lugar… ofrecer lo mejor que tenemos, lo mejor que podemos dar, aquello que nos caracteriza de los demás, el “plus”, aquello que no tiene precio… aquello que “hemos recibido gratis y por ende gratis tenemos que ofrecerlo”.
Todo lo anterior mencionado son las bases para esa gran obra que deseamos crear, pero también igual de importante es olvidarnos de las “distinciones”. Sí, hacer distinciones es muy propio de nuestra especie: blanco y negro, alto y bajo, gordo y flaco, pobre y rico, ignorante e intelectual… dichas distinciones o diferencias lo único que hacen es ponernos límites, y si hay límites, por lo consiguiente, muy difícilmente daremos lo mejor que tenemos, ese plus del que hablamos, ya que la diferencia en lugar de impulsarnos, sepulta nuestros sueños y locuras, nos hace inquilinos eternos de la conformidad y mediocridad.
Quizá no podamos cambiar la realidad, pero lo que sí podemos hacer es no contribuir a pintarla más catastrófica, terrorífica y paranoica de lo que ya puede ser.
Lo que sí está en nuestras manos es ser cuidadosos y selectos de lo que leemos, vemos, con quién o quiénes convivimos, los lugares que frecuentamos… no tenemos que dudar que aún existen personas y lugares “sanos” que en lugar de intoxicarnos, nos permiten continuar creciendo, desarrollándonos en todos los ámbitos, nos hacen sentir pieza importante dentro de la sociedad.
A veces los “buitres” que vemos –que la gran mayoría de ocasiones hemos creado en nuestra psique-, en realidad son bellos pájaros que nos traen nuevos cantos, que revolotean dentro de nosotros para despertarnos del gran sueño de la conformidad, de la mediocridad, del no desear ni anhelar tener sueños. Dejemos que aniden en nuestra conciencia esas aves de “buen agüero”, esos seres exóticos que nos impulsan a ver más allá de lo convencional.
5, 11, 17… o más pájaros podemos contemplar dentro de nosotros, lo importante es para qué y por qué están revoloteando… cada movimiento de alas es sinónimo de qué… cada levantamiento de vuelo con qué fin es…
Cuando vivimos conscientemente y analizamos nuestra vida, nuestros actos, comprendemos la existencia de esos pájaros y su razón de ser, incluyendo la posibilidad, de que lleguen a desaparecer para nunca jamás volver.









