“La mayor parte de los fracasos nos vienen ….»

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“La mayor parte de los fracasos nos vienen por querer adelantar la hora de los éxitos”

[Amado Nervo]

Tiempo atrás, leí una breve historia de la filosofía sufí que decía más o menos así…

“La verdadera sabiduría consiste en conocer cuándo es el tiempo adecuado para realizar las cosas que emprendemos en la vida. El ser humano por lo regular corta el fruto antes de tiempo. Lo corta sin observar qué tan apto está para poder ser degustado. No lo observa, lo corta por tener necesidad de comérselo, pero no se da cuenta que el fruto aún está verde y no le servirá para tal fin… así que termina por tirarlo, desecharlo. También se puede presentar otro escenario: el fruto es cortado pero de manera tardía, tan maduro está, casi a punto de yacer en estado de putrefacción que también… termina desechado, tirado, inservible. Ambas formas de recoger el fruto no fueron en el momento idóneo, en el tiempo indicado… faltó observar e interpretar los signos de los tiempos.”

Dicha filosofía, nos recuerda que por naturaleza los seres humanos actuamos de manera intempestiva, esperando resultados inmediatos. Tanta es nuestra angustia que se genera por alcanzar el tan deseado éxito –del cual siempre se nos ha hablado en las diferentes esferas donde nos desenvolvamos-, que dicha apuración, hace que el proyecto se frustre y no se cocine bien. Saca un pastel del horno antes de tiempo… y podrás darte cuenta de lo que hablo. Todo a su tiempo.

¿Dónde podemos ver con mayor claridad en nuestra sociedad, que la desesperación impera sobre la paciencia?

La parte médica, nuestra salud física como mental… el paciente en turno desea ver cambios de una manera inmediata, lo peor aún, considera que dichos cambios se lograrán sólo por la excelencia y “don” del médico o psicólogo, cuando se le olvida que la mayor parte de su recuperación y adaptabilidad consiste en el paciente mismo.

El ámbito de los negocios… la gran mayoría se desespera ante cada puerta que se le cierra, a tal grado, que en lugar de seguir insistiendo y prepararse cada vez más y mejor, claudica en el intento, y toma la decisión por proseguir siendo mantenido por los papás, ante la excusa de que no hay oportunidades de trabajo. O lo típico con las nuevas generaciones, con el fin de no salir a trabajar y asegurar una casa, vestido, sustento y vacaciones –así como una herencia en algunos-, prefieren seguir y seguir estudiando.

Los matrimonios de hoy… las parejas antes de comprometerse a vivir “unidos en el amor”, ya están pensando en divorciarse, de ahí que procedan una mega lista de elementos perjudiciales, que en lugar de unirlos más, los hace separarse desde antes de estar unidos… economías separadas, tiempos vacacionales únicamente con los “amigos”, secretos donde tal contenido del secreto mismo lo conocen los demás, menos la pareja.

Las familias dejan mucho qué desear… ya no es un lugar para metabolizar las angustias que trae la persona, al contrario, todo indica que se dedican a incrementarlos. ¿Dónde está la esperanza, el amor, la congruencia, la maternización y paternización que debería de brindarse en la familia, fuente donde se bebe con todo deleite de los valores que harán hombres de bien?

Las relaciones interpersonales de este siglo… antes de crear vínculos de calidad, dignos de descubrir verdaderos y auténticos amigos, se han convertido en vínculos y grupos sociales donde el instinto se desboca y después se experimenta vivir con una gran culpa, ya que en esos momentos el ser racional se extingue o queda esposado, para ser presa de los caprichos, impulsos e instinto.

No adelantemos los hechos, mejor, apliquemos la perseverancia, la observación y análisis, teniendo una claridad de lo que se desea realizar de manera personal, como en los demás ámbitos, llámese la pareja, el trabajo, la familia, etc.

Por más suculento que mires el fruto que cuelga del árbol, detente por un breve momento… observa, contempla, analiza y toma la mejor decisión. Recuerda que el maestro aparece cuando el discípulo está preparado… sin olvidar que la mayor parte de los fracasos vienen por querer adelantar la hora de los éxitos.

Antonio Hernández Mascote