“No podré cambiar el mundo, pero sí podré …»

tony redes

“No podré cambiar el mundo, pero sí podré contribuir a que sea mejor el mundo de alguien”

Siempre andamos en busca de aparecer, de decir “aquí estoy”, “este soy yo”, de ser los protagonistas de la película… inclusive, de la historia de vida de los demás.

Como seres humanos errantes, peregrinos, sujetos que viven frustrando constantemente sus deseos para que la cultura a la que pertenecen no perezca, pretenden cambiar la realidad de los demás, sintiéndose con el derecho de así hacerlo, quedándose en el intento varias ocasiones… aunque el deseo siga allí, intrínsecamente, queriendo hacer de las suyas sin encontrar respuesta.

¿Por qué anhelamos crear cambios en el exterior, en la realidad de los demás, de los más cercanos… de aquellos que están a nuestro alrededor como semejantes, dejándolos de concebir como un “otro cualquiera”, distantes, con quienes no se tiene nada en común?

El día que otorguemos a los demás su propio valor, su dignidad tan particular como ser humano, -pero a la vez tan universal hermanándose desde los vínculos de la naturaleza y la razón-, ese día nuestra energía creará cambios, otorgando la oportunidad de fabricar realidades diferentes, ofreceremos con nuestros medios y circunstancias, una mejor calidad de vida.

Basta ya de aspirar a la grandeza… a tener que ir a lugares lejanos en circunstancias precarias para comenzar a cambiar el mundo, a esperar momentos extraordinarios para aparecer como los “héroes”… basta ya de ello… es momento de desear cambiar el mundo de aquellos que viven en situaciones menos dichosas, un mundo mejor, más llevadero, donde se pueda despertar con la ilusión de un nuevo porvenir.

Cambiemos el mundo…

Dejándote hablar, sin juzgar, sin imponer mis ideas… estoy dispuesto a escucharte con todos mis sentidos para ti, regalándote ese tiempo de mi vida que jamás podré recuperar, pero que deseo inmolar contigo, en ese momento, a tu lado.

Deseo aplaudir y celebrar contigo tus logros, así como aprender ambos de los no aciertos… sin culparte, sin maldecirte, sin ser más duro de lo que ya fue la experiencia que viviste.

Quiero aceptarte y amarte desde quien eres, tal como eres y como deseas ser… sin desear que seas alguien diferente, enamorándome del gran ser perfecto que eres en medio de tu constante imperfección.

Respetando tus propias decisiones, aunque te conduzcan en ocasiones por caminos escabrosos y llenos de sufrimientos… yo estaré ahí para hablarte sin palabras, más sí para expresarte con toda mi esencia que estoy contigo, que te acompaño y que juntos podemos crear un mundo mejor.

No quiero ir al África, ni cumplir con la misión imposible, no, no, no… me es suficiente con que me permitas ser partícipe de tu vida, tus temores, alegrías, ilusiones y desilusiones, así como de aquello que anhelas ser y que lo único que necesitas es poder ser en la compañía de alguien.

No necesito ir tan lejos para encontrarme con mi semejante, ese ser que tiene algo de mí, que tengo algo de él y que necesitamos de ambos para construir un mundo diferente.

¿Pero… quién es mi semejante?

Es aquel que participa de mi misma naturaleza, que habita en el hábitat que yo habito, un animalito, otro ser, alguien con deseos frustrados como los míos anhelando ser libre y volver a la naturaleza.

Necesito de mi semejante para no perder rumbo, es mi brújula que me guía como un ser consciente, social, en interacción con los escenarios que se presentan para continuar evolucionando.

El otro, mi semejante tiene su razón de ser en el gran escenario de la vida… de mi vida.

El día que haya contribuido a generar un cambio en el mundo del otro podré morir en paz porque mi misión por fin será cumplida.

Shalom

Por: Antonio Hernández Mascote.

Antonio Hernández Mascote