“Para alcanzar la grandeza, empieza donde estás, usa lo que tienes y haz lo que puedas”
[Arthur Ashe]
¡Qué razón tenías Darwin!
… cuando descubriste la importancia vital de “adaptarse”, ya que si no hay una adaptación, es más fácil que se dé una extinción. Dicho aprendizaje lo obtuviste cuando pudiste observar y analizar por qué las tortugas de las islas Galápagos tenían sus cuellos más largos de lo convencional para poder obtener así su alimento. Ante las circunstancias de la vida, -sean las que sean- se tiene la capacidad para dar lo mejor, descubrir nuevos talentos o habilidades, salir del confort donde se yace y… sobrevivir.
El tiempo presente nos está mostrando varios retos… económicos, laborales, tecnológicos, espirituales, familiares e individuales. Cada uno de ellos pide de nosotros integridad, equilibrio y una visión axiológica, una visión llena de valores, de actos que conduzcan a ser mejores personas y por ende una mejor sociedad.
Pensamos que para ser “grandes” es necesario haber nacido en un hogar pudiente, donde los papás se esforzaron de más, para poder “arreglar la vida futura” de sus hijos, cuando la historia nos ha dicho que no siempre es así. Los papás confían en sus hijos deseando ingenuamente que continúen con el sueño que un día creyeron y que anhelan perpetuar… ¡qué difícil es valor aquello que no ha costado!
No he conocido a alguien que no desee ser “grande”, lo que sí me he topado es con personas que creen necesitar que para ser “grande” es necesario un “don” o “algo especial”. El único “don” necesario es creer en uno mismo, regir la vida a través de los valores, tener conocimiento del para qué se está en esta vida y por consiguiente ayudar a la magia de cada día, para que se vaya creando lo que se desea, lo que el mismo destino ofrece en aras de la evolución y felicidad.
Serás “grande”…
Cuando respetes al otro y le des la oportunidad de expresarse y manifestar su propia esencia, aunque no vaya con tu estilo o filosofía de vida.
Cuando te levantes cada día con la convicción de crecer a través de los valores, donde aquellos que elijan los antivalores, sean arrastrados por tu ejemplo de congruencia.
Cuando hables menos y te permitas escuchar más al otro, comprendiendo, disminuyendo tu ego de siempre querer tener la razón y ser el “protagonista de la novela”.
Cuando te esfuerces por vivir como un río que fluye, dejando en el pasado aquello que es dañino, y volver a construir un presente y futuro anclado en la esperanza, la fe y el amor.
Cuando tus estudios universitarios o de posgrados, te permitan ser más sencillo y humilde, al grado que luzcas tu educación mediante la sabiduría que aplicas ante la vicisitudes de la vida y en el trato hacia tus semejantes.
Cuando vivas con sinceridad de corazón, sin engañar a las personas, sin explotarlas, poniendo en alto la verdad, honradez y responsabilidad, valores que te permitirán abrir todas las puertas que necesites abrir para poder dejar parte de tu esencia y continuar prosperando hasta alcanzar el éxito.
Serás “grande” cuando empieces donde estás, uses lo que tienes y hagas lo que puedas hacer.
Por: Antonio Hernández Mascote.









