Todo te perdono, menos tu… silencio

tony redes

Todo te perdono, menos tu… silencio


Si en este preciso momento tu vida estuviera llegando a su fin… ¿qué escenas, personas, palabras… vendrían a tu mente?


Los que han tenido esa experiencia de poder tener un encuentro cercano con lo que será su fin definitivo, dicen poder tener presente en ese momento mágico, aquellas escenas de vida donde estaban las personas más amadas, más significativas, pero… ¿y qué palabras, discursos escucharemos o aparecerán en ese preciso momento?


Muchas respuestas no las conocemos y tal vez las llegaremos a conocer hasta que nos toque experimentar ese instante último, con la decepción de que no podremos compartirlas para el bien de los que se quedan.


Pero, no es necesario vivir la experiencia de la muerte para poder tener una probadita de aquella “muerte existencial” que en ocasiones nos permiten vivir ciertas personas, sobre todo, aquellos que llamamos “amigos”.


Un amigo es aquella persona elegida para vivir al lado nuestro durante esta ruta de vida que vamos transitando.


De un amigo esperamos la comprensión total, aunque con el permiso de “jalarnos las orejas” por nuestro bien y para evitar un futuro sufrimiento.


Un amigo es compartir “una misma alma en dos cuerpos separados” por el espacio, tiempo, características corpóreas muy propias que nos permiten diferenciarnos del otro en lo externo, permitiendo la unión, conexión, vínculo, anexo de lo que no se ve, pero se percibe con el simple hecho de mirarlo o mirarla a los ojos.


Todo podemos perdonar de un amigo… que no me haya felicitado el día de mi cumpleaños, que no me haya ayudado cuando mi mamá me pidió que pintara la casa, que no me apoyara en aquella deuda que me traía “ahorcado”.


Todo, todo, podemos perdonar de aquel ser que elegimos, que no nos fue impuesto… pero, lo que no podemos perdonar será… “su silencio”.


Silencio… cuando yo necesitaba que el otro me hablara con un fuerte abrazo de segundos aunque para mí fuera toda una eternidad.


Silencio… cuando yo mandaba un mensaje, otro más, muchos más y jamás encontré una respuesta, un “¿cómo estás?”… “aquí estoy, ¿en qué te puedo ayudar?”.


Silencio… cuando necesitaba mirarte, tus logros, tus aventuras, tus diabluras, tu esencia tan loca… motivo por lo cual te elegí a ti y no a otro u otra.


Silencio… cuando estaba en cama, no porque fuera tan grave, pero sí necesitaba de tu broma, de tu calor humano, de tu sonrisa que alumbrara lo sombrío del lugar.


Silencio… cuando obtuve aquel logro, tan grande y significativo para mí, el cual deseaba intensamente compartir contigo, hacerte partícipe de mi logro, también tu logro porque estuviste a mi lado… pero al cual jamás llegaste.


Silencio… cuando a pesar de haberla “regado”, tú, sólo tú conocías mi vulnerabilidad, sabías que no era yo ese acto concreto… tú que aunque no estuvieras de acuerdo conmigo, luchabas incansablemente porque siempre tuviera la oportunidad de decir lo que pensaba.


Silencio… cuando aquellas personas que me rodeaban, comenzaron a irse, para no volver, y tú, que podías hacer de la muerte un momento fugaz y pasajero, se volvió casi eterno, ya que uno de tus abrazos me inmortalizaban en el tiempo, en el amor y la esperanza de volver a estar con ellos.


Silencio, silencio, silencio… por favor no calles, por favor ayúdame a perdonarte, no calles, que tu silencio es lo único con lo que no puedo, lo único que mi consciencia entiende como un ¡no deseo saber nada de ti! ¡no eres importante en mi vida!


Por favor, jamás te calles… hazte siempre presente, ahora con tu voz, con tu presencia, con tu sonrisa, con tu humor… los fantasmas de mi pasado siguen persiguiéndome en mi presente.


Ahoga con tu voz, con tu palabra… mis inseguridades, mis errores, mis ganas de no tener ganas.


Ahoga con tu sola presencia… las vicisitudes de la misma vida, la frustración que cada día me aniquila más y más.


Da vida con tu palabra… a todo aquello que estaba muerto, antes de haberte conocido.

Amigo, amiga… jamás me dejes con el fatal y exterminador silencio… ¡háblame!

Antonio Hernández Mascote