Hablemos de narices largas 

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La historia de Pinocho inicia originalmente como un folletín para niños y adolescentes en el siglo xix, con un final cruel para un muñeco malvado y desagradecido. En 1938, Disney inició el proyecto de convertirlo en una película. Sin embargo, se vio presionado al tener en producción su primer largo metraje animado, Blanca Nieves y los siete enanos que fue un rotundo éxito. Así que la marioneta tuvo que esperar, aunque no por mucho. 

Pinocho, estrenada por fin en 1940, fue mucho más rosa que la novela original y, además, estuvo coronada con un final feliz. Su canción: When You Wish Upon a Star (Estrella azul) fue tan exitosa, que se convirtió en el tema institucional de todas las producciones Disney. Hasta ahí, no hay quejas. 

Confieso que Pinocho nunca ha sido de mis historias favoritas y los muchos refritos que de ella se han hecho a lo largo de los años, en su mayoría rayan para mí entre lo repetitivo o decepcionante, lo que la hacía aún menos atractiva. Sin embargo, por las entregas cinematográficas sobre esta novela que se han hecho recientemente, ha sido un asunto constante de debate y convirtieron al multiverso de las narices largas, en el tema de las premiaciones. De tal forma, quisiera hablar de los tres filmes más recientes que se han hecho sobre el muñeco de madera: Pinocho, Italia, diciembre 2019; Pinocchio (live action), Disney septiembre 2022; y Pinocho de Guillermo del Toro, diciembre 2022.

Además, los remakes (versiones) han demostrado no ser mejores que el producto original, salvo en raras ocasiones, como La mosca de Cronenberg. La versión live action de Disney no aporta algo nuevo a la historia de 1940 y la actuación de Tom Hanks y Joseph Gordon-Levitt no la salvan de ser pan con lo mismo. Incluso diré que prefiero la original, aún con su doblaje chileno al que nunca me acabé de acostumbrar. Acepto que en lo técnico se lleva, como siempre, una buena puntuación. Disney jamás ha escatimado en sus producciones. 

Ahora, la versión italiana del director Garrone es en su forma visual extravagantemente bella. Sus personajes poseen un carisma inquietante que hace preguntarse hacia dónde irá la historia. Sin embargo, es esta la que no termina de despegar. Aun así, su calidad artística supera por mucho a la de la productora del ratón más famoso del mundo. 

Llego así a la versión del mexicano Guillermo del Toro. Y no es porque seamos compatriotas, de hecho, hasta hace pocos días había rehuido verla (como mencioné, no me encanta). Y ¡vaya sorpresa! Esta película en stop motion de fantasía oscura me pareció refrescante. La crónica de fondo, le añade matices a una historia que se pensó originalmente como una fuente de enseñanza moral para los niños de aquella época.  Del Toro logra lo que las versiones de Disney y la de Garrone no, a pesar del final triste a la historia: humanidad a un muñeco de madera. Del Toro hace más humano, más reflexivo, el lugar común llamado Pinocho.