#RumboAl8M y el destape de alcantarillas 

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Foto: Felipe Arpero

Empieza a salir el agua sucia, la que durante el año se guarda en el drenaje. La que con las lluvias hace que la mugre se queda entre las esquinas de la tierra y el metal. Todos esos nombres, situaciones incómodas, violencias y comentarios salen a flote. 

A una semana del 8 de marzo, la interacción con la sociedad se siente diferente. Es un sentimiento inexplicable entre emoción y angustia. Es cuando, como medusas silenciosas, nos organizamos para provocar reacciones cutáneas. Reacciones al hartazgo de la incidencia violenta a nuestros derechos. 

Desde la primera marcha en Celaya en 2019 y el comienzo de la cuarta ola de feminismo en México, la participación de las mujeres en las manifestaciones ha incrementado considerablemente. Resistimos ante una pandemia y el ensanchamiento de violencia doméstica; resistimos ante la violencia digital y la sexualización de nuestros cuerpos; resistimos ante el acoso callejero y en las aulas; en fin, resistimos y accionamos para la búsqueda de justicia.  

“Las mujeres que luchan se encuentran”. Es una frase de Simone de Beauvoir que me gusta repetir en mi mente cada que me topo con las mujeres en espacios de incidencia feminista. Cada cual con sus vivencias, contexto, sueños y metas coincidimos en espacios de lucha. Por eso existen tantos colectivas en Celaya, por eso a la marcha del año pasado acudieron más de 4 mil mujeres, por eso marzo se siente diferente. 

Ya no nos sentimos como una flor suave, si no como una ampolla dolorosa que explota de tanto pisarla. Donde con ardor materializamos las vivencias en consignas, poemas, canciones, carteles, abrazos y compañía.  Marzo se siente como una estopa con gasolina que se quema entre más  intentas separarla, que lastima, que duele en todo el pecho, pero que está profundamente enredada para crear más fuego.  

La romantización del 8M nos ha hecho daño. Pasamos de felicitarnos por ser mujeres a solo subir fotos en redes sociales con pañuelos únicamente el 8M. Debemos recordar que esos pañuelos tienen un significado profundo. Que el morado es el color del humo de mujeres quemadas que iniciaron la lucha y que el verde representa una realidad que aún no sucede legalmente. Que el negro es el luto por los 947 feminicidios en México en 2022. Que la capucha, las mantas y la iconoclasia son consecuencia de la represión y violación a nuestro derecho de manifestarnos… y encontramos formas, porque nosotras tenemos otros datos. 

Las mujeres encontramos formas. Si no estamos gritando, bailamos, cantamos, rayamos y protestamos por la vida, por la justicia, la dignidad, prevención y atención a las violencias. 

A días del 8M las aguas en el drenaje de mueven. Listas para salir y colocarse en nombres propios en el tendedero en el jardín principal. Para justificarse, encubrirse, excusar y proteger su propia mugre. No hablo de aguas en el drenaje, pero similitud tienen en como el sistema los ampara y los coloca en los puestos fundamentales. El drenaje es al sistema como las aguas residuales a los agresores. 

No bastan las frases repetidas de instituciones. No basta un hashtag. No basta una foto. No basta vestirse de morado. No basta colocarse un pañuelo. No basta ni siquiera esto que escribo. No basta si hay reportes de 30 casos al día de violencia de género en Celaya. No basta si hay represión en las universidades. No basta si hay maestros acosadores dando clases de ética. No basta si no hay apoyo para las artistas. No basta si en INSMUJER solo hay talleres para la elaboración de jabones. No basta si en 2022 se registraron 611 homicidios de mujeres en el Estado de Guanajuato, de los cuales 318 fueron homicidios dolosos y 35 fueron feminicidios. No basta si Celaya la segunda ciudad en Guanajuato con más casos. 

Nada bastará, salvo la cura colectiva de todos los días. Salvo la escucha de las compañeras. Salvo la ayuda y el acompañamiento. Salvo la cuestión exhaustiva al gobierno. Salvo la destitución del mandato masculino. Salvo la ternura radical. Salvo la creación libre. Salvo la movilización de todas para visibilizar el problema manifestado y latente del sistema patriarcal. 

Yo vivo el 8M con muchos sentimientos encontrados. Porque me encanta la unidad, pero me asustan cada vez más las cifras. Todo esto es pura verborrea para decir que hay una masa de mujeres en las calles que riñen durante el año para ser lo que cada una quiera ser. Y que les estoy profundamente agradecida. 

Pese al destape de alcantarillas y las emociones somatizadas, estamos listas. Rumbo al 8M.

Ximena Ojeda

Juglar apasionada y preguntona del siglo XXI. Brujilla insurrecta que lee, escribe y habla mucho. Fundadora de @muchocuento proyecto para el fomento a la lectura. Estudiante de Licenciatura en Ciencias de la Comunicación.