Cada 30 de abril, México se llena de globos de colores, festivales escolares, redes sociales con fotos de adultos siendo niños y un discurso oficial que nos repite, hasta el cansancio, que “la niñez es el futuro”. Pero, como columnista —y como mujer que alguna vez fue una niña en este territorio— me permito corregir la plana: para las niñas en México, el futuro no es una promesa, es un campo de batalla que empiezan a caminar descalzas.
Festejamos el «Día del Niño» (así, en masculino genérico, para que desde el lenguaje nos vayamos acostumbrando a la periferia) mientras ignoramos que la experiencia de habitar el mundo siendo niña en México es, fundamentalmente, una experiencia de resistencia.
Antes de aprender a dividir por dos cifras, a las niñas mexicanas ya se nos asignó una maestría en «Economía del Cuidado». Mientras el primo juega, la niña «ayuda» a recoger la mesa. Mientras el hermano sale, la niña cuida al menor. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), los estereotipos de género siguen dictando que el 61% de las niñas cree que son ellas quienes deben jugar con muñecas y encargarse de las labores del hogar. No es un juego; es el entrenamiento temprano para la desigualdad estructural. Nos enseñan que nuestro valor reside en nuestra capacidad de ser útiles para otros, antes que para nosotras mismas.
Si el tono les parece amargo, es porque la realidad no tiene azúcar. Ser niña en México implica enfrentar riesgos que el Estado prefiere administrar en lugar de erradicar. Hablemos de los datos que no saldrán en las redes sociales de las alcaldías hoy:
Durante el 2025, se registraron 501 asesinatos de niñas y adolescentes en el país; sin embargo, la resistencia institucional es tal que apenas 58 casos fueron investigados como feminicidio. La violencia machista no espera a que cumplas los 18 para alcanzarte.
México sigue siendo un país que obliga a las niñas a ser madres. Solo en 2024, se reportaron cerca de 92 mil nacimientos de madres adolescentes, una emergencia nacional que refleja no solo falta de educación sexual, sino una epidemia de violencia sexual sistémica. El 97% de los delitos contra la infancia en México quedan impunes. En casos de abuso sexual, la cifra es aún más aterradora: de cada mil casos, solo uno recibe sentencia
Cualquier mujer adulta en este país puede recordar el momento exacto en que dejó de correr libremente por la calle. Ese primer «piropo» asqueroso de un adulto, esa mirada lasciva en el transporte público cuando aún usábamos uniforme de primaria. Ser niña en México es aprender a leer el peligro en los ojos de los hombres.
Nos enfrentamos a una estructura que nos dice que somos «frágiles» para limitarnos, pero lo suficientemente «responsables» para cuidar a toda una familia.
Hoy no quiero felicitar a las niñas. Quiero pedirles perdón. Perdón porque les estamos heredando un país donde su mayor logro es llegar vivas a la edad adulta. Menos dulces y más justicia. Menos festivales y más políticas públicas que dejen de ver a las niñas como «proyectos de mujer» y empiecen a verlas como sujetos de derechos hoy, ahora.
Porque si no protegemos su presente, no tienen por qué creer en nuestro futuro.
CIMAC Noticias 501 niñas y adolescentes fueron asesinadas durante 2025, solo 58 casos investigados como feminicidio
INEGI – Comunicado de Prensa: Estadística de Nacimientos Registrados 2024-2025











