“Continente-Contenido… Metabolizando las angustias”
No se necesita ser psicólogo o dedicarse a la salud mental, así como tener conocimientos sobre lo que sucede con la psique de un recién nacido, como para poder darse cuenta que todo ser humano, en sus primeros días de existencia, experimenta, se enfrenta, sufre… una inmensidad de “angustias sin nombre”, las cuales gracias a su “figura objetal”, su primer amor, mamá, deberían ser “interpretadas”, “metabolizadas”, absorbidas.
Wilfred Bion, médico y psicoanalista británico, propone un concepto muy interesante, el cual, hasta que el ser humano deja de caminar por esta vida, siempre tendrá que recurrir a él… se trata de “continente-contenido”.
Bion percibe la necesidad de un “objeto externo”, en este caso “mamá”, donde el bebé pueda volcar sus ansiedades, sus angustias. No olvidemos que para este nuevo ser, para este nuevo habitante de nuestro planeta, todas las experiencias sensoriales, el despertar de sus sentidos con las que se enfrenta, suelen ser extrañas, tormentosas, terroríficas. Sus primeras experiencias de vida marcarán su manera de ser, su personalidad… tal vez de una manera traumática, si no son absorbidas, metabolizadas debidamente.
Necesario será que aquel “objeto de amor”, llamado mamá, posea los recursos personales, internos, esa “pantalla interna” de la que habla el mismo Bion, para poder absorber, metabolizar las angustias de su bebé, haciéndoselas más llevaderas, más digeribles, no tan angustiantes, amenazadoras y exterminadoras. La mamá tendrá referencias de cómo metabolizar las angustias de su bebé, siempre y cuando haya experimentado paz, quietud, acompañamiento, por parte de su propia madre.
¿Qué pasa cuando la madre contribuye con sus propias angustias de madre, de mujer, de esposa, de hija, de “ser insatisfecho”… volcando toda su “angustia terrorífica” sobre su hijo(a), quien en ese momento se encuentra como un ser indefenso y vulnerable?
Cuando la madre se angustia en demasía y en lugar de contener o ser “continente” de las angustias de su bebé, le devuelve su propia angustia, da como resultado el “terror sin nombre” que menciona Bion. Lo más angustiante ante la vida no es el terror en sí mismo de las personas, lugares u objetos… el “terror sin nombre” es aquel que no podemos ponerle un significante… es ese “terror” aniquilador, existencial, que al no ponerle nombre o no haber sido ayudado a identificarlo, día a día, noche a noche, “carcome” con nuestra propia existencia… nos recuerda nuestra “no presencia”, “no existencia”… ¿qué mayor terror existe que el percibir que no existimos?
¿Quién se encarga de integrarnos en la cultura, en la sociedad, en la vivencia de los valores, en las normas que nos rigen y nos brindan una estructura?… ¡exacto!, nuestros padres, nuestro papá, la Ley del Padre, es quien se encarga de darnos la bienvenida al mundo de las restricciones, significantes, prohibiciones y por ende de la “insatisfacción eterna” que iremos arrastrando durante toda nuestra existencia.
Nuestras “figuras objetales”, papá y mamá, son los primeros “agentes intoxicadores” de nuestra existencia, los encargados de hacernos ver la realidad, la vida, como ellos la ven, como ellos “desearían” que la viéramos… pero como seres autónomos, la gran mayoría de ocasiones nos revelamos para poder “leer la realidad” a nuestra manera, con principios e imágenes introyectadas durante nuestro camino de evolución. Ellos mismos, nuestros progenitores, son los encargados de ponerle nombre a todo aquello con lo que nos relacionamos desde el campo tangible, intangible, psíquico, idealizado… incluidos nuestros “terrores sin nombres”.
“Continente-contenido”… dos palabras, dos conceptos llenos de encuentro, cambio, tolerancia, comprensión… de recordarle al otro que no camina solo, que siempre existirá alguien a su lado que pueda metabolizar sus angustias.
“Contener… Ser contenido”… recuerdo de la importancia de recurrir a esa persona que consideramos “digna” de nuestro tesoro invaluable y precioso: el contenido de nuestro ser que se va construyendo, cociendo, formando en el “taller de la vida”. Jamás olvides que siempre habrá un “otro” en el cual podrás volcar lo angustiante y exterminador de la vida misma.
El “otro”, al ser “continente de mis angustias”, me permite ubicarme en la realidad, en esa realidad que puede ser compartida, absorbida, metabolizada y por ende, llevadera, sin tener que recurrir a la violencia, a “actos fallidos”, inclusive, a una escisión de la realidad.
Todos, sin exclusión de nadie, vamos caminando con “contenidos”, con angustias, inclusive, con “terrores sin nombre”, por ende, necesitaremos siempre de ese otro.
Importante, por salud, será buscar el “continente” adecuado a nuestras necesidades, donde podamos volcar nuestro “contenido” para ser absorbido, metabolizado.
Hay de “continentes a continentes”, puede ser una amistad, la pareja, algún miembro de la familia, el o la psicoterapeuta o analista, pero por favor… ¡busquemos un continente en quien descargar nuestro contenido!… no permitas que te absorba el estrés, la angustia de la vida, el “terror sin nombre” o con nombre… no sucumbas ante tus fantasmas internos, ante aquel arsenal que ha ido acumulándose día tras día, que has introyectado y el cual, por desgracia, son las mismas armas que hoy te destruyen.
“Paciencia no es cargar y aguantar hasta no poder más y explotar. Paciencia es el arte de liberarme de cargas emocionales innecesarias para mantener mi estado de paz”.
¡Prepárate para ser Continente de tu semejante!… ¡Confía para depositar en el otro tu Contenido!









